septiembre-octubre 2017, AÑO XI, Nº 63

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La obra en colaboración como documento
Una nueva aventura de Irene Adler, de Osvaldo Lamborghini y Dodi Scheuer, Buenos Aires, La bestia equilátera, 2017.

“En la Antigüedad clásica, los romanos pongamos por caso, debía ser diferente. Ellos no procuraban como nosotros construir el olvido del carácter catastrófico de la vida, carecían de esta vanidad de considerar que esta muerte y estas guerras particulares son un improcedente desajuste.”

 

Con un título que sugiere agregar otro eslabón a una saga, Una nueva aventura de Irene Adler pone en el centro de la escena a un personaje secundario y, al mismo tiempo, clave de la obra de A. C. Doyle: se trata de la única mujer que parece haber conquistado al detective de mayor renombre, Sherlock Holmes. Con la potencia de haberlo derrotado en su territorio, en un juego de cazador-cazado, la mujer de “Escándalo en Bohemia” (1891) marca un hito en la historia del policial y, pareciera ser, inaugura una máquina legendaria: Doyle no le dio mayor continuidad, salvo por efímeros recuerdos que de tanto en tanto se permite Holmes. Es a partir de esa ausencia, de la falta de una historia y sobre todo a partir del poder sugerente que la caracteriza que Adler termina siendo deseada por fanáticos que se admiran ante las diferentes recreaciones que aparecen en las adaptaciones de la saga Holmes. Sin embargo, en esta oportunidad se trata de un extraño caso de robo directo, sin enigma: Lamborghini y Scheuer se apoderan del personaje y le crean una aventura, un episodio en medio de una historia de vida que parece vasta en peripecias, y para eso construyen una atmósfera, unos personajes y unos diálogos a la altura de las circunstancias.

Una nueva aventura de Irene Adler es y no es, como sentencia desde la incertidumbre uno de sus personajes, Estefen, un guion cinematográfico escrito por Dodi Scheuer y Osvaldo Lamborghini a fines de 1974, antes de que Lamborghini se fuese de Buenos Aires. Luis Chitarroni, prologuista lírico si los hay, en las palabras de apertura del libro nos dice, para darle un marco a esa escritura, se trata de un guion “de los que se escribían en esos años con la imaginación feraz de la desesperanza.”

Como guion cinematográfico, se construye desde la imaginería propia del exotismo lamborghiniano, ese que tiene por protagonistas a marqueses, condes y emperadores, lacayos, prefectos y una plebe de lodazal y se sitúa en lugares lejanos, en una B*** en alusión a la Bohemia de Doyle, perdida al este de la Europa occidental. Y en un momento de la historia particular: en una corte decadente con un emperador ilegítimo y un clima de persecución prerrevolucionaria.

En este marco y encontrada por azar al atacar la supuesta residencia de un conspirador, Irene es apresada por el presunto vínculo con el terrorista con el que yacía. Así es que esta nueva aventura se centra en el trabajo de sacarle información, en el interrogatorio clandestino y el juicio público. Desde el primer momento, a la hora de presentarla, en uno de los pocos y extraños momentos en los que aparece un narrador plural, se dice: “No nos detendremos a describirla ni a comentar su vestuario. Obligatoriamente será bella, elegante y misteriosa”. Con la potencia de lo implacable, Irene se mantendrá impertérrita y su peripecia no mostrará momentos de debilidad a pesar de ser torturada y estar encerrada largo tiempo. Como en Doyle, se trata de un relato de cazadores cazados.

Hasta aquí le reseña de la obra conjunta. Ahora algunas cuestiones particulares de la inserción de este guion en la obra de Lamborghini. En las reseñas que ya han sido publicadas y en el prólogo de Chitarroni queda claro que este guion, “compaginado”, reescrito, rehecho más de cuarenta años después tiene el pulso de Scheuer, su acabado, y sin embargo pareciera que su principal valor radica en ser un escrito “póstumo” más de la obra de Lamborghini. Para ser fieles a ese impulso, leerlo a él en la obra en colaboración, algunas notas al respecto: Irene parece ser igual a Ivonne, otra heroína lamborghineana diseñada para ¡Marc!, la historieta ilustrada por Gustavo Trigo, y publicada en la revista Top entre 1971 y 1972. Son iguales en su factura: dos heroínas idénticas a sí mismas y entre sí, de pasado misterioso, femme fatales, que le ganan a los hombres en “su” territorio, el de la inteligencia, el de la guerra o el de la conspiración. Además de esta semejanza con lo que Lamborghini ya había hecho, el guion también permite ver algo de lo que vendría: allí se presenta por primera vez la palabra tadeys, como peces que viven en el barro y son cazados por las mujeres del pueblo a garrotazos. Y así se registra la primera aparición de ese término que luego denominaría a los “tadeys”: aquellos humanoides, albinos, caracterizados por ser fanáticos de la sodomía en el caso de los machos y aguerridas violadoras en el caso de las hembras conservadoras de la especie. El punto en común además de la repugnancia: tanto en el guion como en la saga los “tadeys” son parte central de la dieta de los humanos.

En este juego doble entre los escritos de Osvaldo Lamborghini, él mismo, y las publicaciones en colaboración podríamos pensar qué pasa: ¿qué diferencias, qué tonos, qué es lo que queda en el tintero y qué se potencia?, ¿qué pasa en El palacio de los Aplausos escrito con Arturo Carrera, con el ¡Marc! ilustrado por Gustavo Trigo y ahora, con Scheuer en Una nueva aventura de Irene Adler? Y, sobre todo, preguntarnos si la exasperación, de la que él decía no haberse podido despegar nunca, sí lo hubiese abandonado alguna vez; si el otro que fueron Carrera, Trigo y Scheuer lo hubiesen obligado a hacer otra cosa;  si los formatos y géneros en los que se metía al ponerse a escribir con alguien más -teatro, historieta, guion cinematográfico- lo hubiesen corrido de lugar. Y si el pulso del otro, el diálogo, la instancia social que implica el trabajo de a dos, lo hubiesen hecho detenerse en la proliferación del escritor mal-dito.

En definitiva, leemos la obra en colaboración como documento que nos permite encontrar el origen de los “tadeys” o de la bebida “wostermfitz”. O como una plataforma en la que a pesar del trabajo conjunto podemos todavía leerlo un poco más a, como dice Chitarroni, “el acaso mejor narrador lírico que haya invadido la escena local en los últimos cincuenta años”. Leerlo y encontrarlo en un desliz, una insistencia, en la selección de un nombre propio, en la atmósfera, en la atrocidad pero no, diríamos, en la exasperación que sí lo abandonó para dejarlo en la compañía, la complicidad y la censura de un otro propio de la escritura en colaboración.

 

(Actualización mayo – junio 2017/ BazarAmericano)

 

 




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646