septiembre-octubre 2017, AÑO XI, Nº 63

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Colaboran en este número

Matías Moscardi
/  Nora Avaro

Carlos Ríos
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Federico Leguizamón
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/  Emilio Jurado Naón

Analía Capdevila

Curador de Galerías

Daniel García

Diseño

Leandro Beier

Para el niño universal que llevamos dentro
Cosas bellas, de Matías Matarazzo, Buenos Aires, Determinado Rumor, 2016.

Memorias del saqueo de Pino Solanas, Cutral-Có, la larga Marcha Federal y el spot de De la Rúa en su campaña presidencial “voy a terminar con esta fiesta para pocos”, son algunos elementos que parecen estar soldados en la ética progresista argentina a la hora de abordar la complejísima “década del ´90”. El kirchnerismo por su parte también colaboró en forjar esa ética en su necesidad de construir una identidad política mas o menos superadora del menemismo.

Sin dejar de ver lo dramático de las consecuencias sociales de ese momento histórico. ¿Hay posibilidades de hacer otras lecturas, de repasar otras percepciones? ¿Hay chances de ver, incluso, ciertas continuidades que repercuten en el presente? ¿Y sí se abren nuevas fisuras por donde entrar al barro de esos años, que permitan por ejemplo pensar que el triunfo de Macri está lejos de ser una “sorpresa”, un mero “revival” (¡volvieron los ’90!) de un pasado que había sido aparentemente superado?

Esta edición digital de Cosas Bellas de Matías Matarazzo viene a poner el dedo en la llaga. Porque el texto entre otras cosas propone una arqueología de aquella década, en la que se indagan consumos, productos, hábitos, pautas, que moldearon un sujeto histórico integrado plenamente al mercado mundial. Ya lo sabemos: esa integración es periférica, asimétrica, generó una tremenda desigualdad en términos materiales. Pero como dice Martín Rodríguez en Orden y Progresismo, el menemismo democratizó el consumo, “andá ahora a convencer a cada argentino que no tiene derecho a un celular”. Matías ahí pone el ojo:

 

Aduana

 

aprieta fuerte en su puño la moneda de un peso

no la quiere perder

 

camina a la despensa

jugando a saltar las baldosas rotas

 

va a comprar latitas de gaseosa

para su incipiente colección

 

en un papelito la mamá anotó

las que ya tiene

para no repetir

 

El mundo” ingresa a través de la caída de las barreras arancelarias y trae productos nuevos. Pero también (quizá sobre todo) trae sueños y deseos. Un niño piensa en Disney mientras cruza Ingeniero White:

 

Mickey Mouse

 

noche brillante en la ruta

fuego y vapor en el cielo estrellado

los faroles del auto iluminan el asfalto y

el pasto cuidadosamente cortado

de la banquina

 

de repente la rata

que come cereal al costado de la ruta

siente la luz

y se pierde en la oscuridad

 

nunca fui a Disney

pero lo imagino

en la ruta de noche

oscuro, redondo y brillante

como las orejas del ratón

 

El poema marca la asimetría entre diversas escalas: las ratas de Ingeniero White (la referencia a chimeneas y cereal nos ubican ahí) son producto de los restos del cereal que

entre otras multinacionales que llegaron en los ´90– Cargill exporta al mundo. Una lectura atolondrada diría: el imperio (cargill) somete con imágenes (Disney) la periferia del mundo (Argentina-White). Pero sin negarlo, el poema cierra con el sobrevuelo del deseo, la posibilidad de imaginar un mundo de ensueños. ¿Es ilegítimo soñar? ¿No hay ahí algo fascinante?

La potencia de los textos también está en la construcción de su tono. Poder repasar una infancia conteniendo la emoción, sin melancolía o juicios de valor, es un logro. El tono desafectado (que se sostiene en la tercera persona y una gramática clara y oredenada) abre la posibilidad de poner una distancia crítica, habilita al lector a tomar posición.

De este modo se rastrea la configuración de una nueva sensibilidad. “Un niño universal” como se llama una de los poemas que habla de Macaulay Culkin, mi pobre angelito, el niño astuto que espanta los villanos de su casa y descubre el sentido de la navidad, frente al gran árbol en NY, en la película que se reproduce cada navidad en FOX o los domingos en el “cine shampoo” de canal 13.

Esa subjetividad, marcada generacionalmente, es una subjetividad transversal, no es propiedad de una clase. Esos chicos y chicas quieren el mercado, quieren cosas de afuera, quieren comprar, quieren consumir. Desean. Suspendamos el juicio de valor: ese es un dato del presente sobre el que cualquier proyecto político, progresista o no, debe trabajar.

Entre bromas alguien me dijo una vez “el modelo tiene que cerrar con el MC’ Donalds adentro”. Más en serio, Fisher en Realismo Capitalista se pregunta si puede haber un “consumismo de izquierda”. Otra herida más: es probable que el macrismo haya tenido mejores herramientas para hablar con el niño universal que todos tenemos dentro. Empezar a entender eso es una tarea fundamental. Por eso este libro es, ante todo, necesario.

 

(Actualización noviembre 2016 – febrero 2017/ BazarAmericano)

 

 




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646