septiembre-octubre 2017, AÑO XI, Nº 63

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Una intimidad exterior
Una intimidad inofensiva. Los que escriben con lo que hay, de Tamara Kamenszain, Buenos Aires, Eterna Cadencia, 2016.

Con el singular estilo que bien le conocemos, este nuevo libro de ensayos de Tamara Kamenszain pone a prueba, una vez más, como en todos los anteriores, la agudeza de su lectura y la sutileza de su escritura ensayística. La escucha atenta de la autora ante las producciones más recientes de eso que, de algún modo, deseamos seguir llamando literatura, diseña un mapa o una muestra que le abren la posibilidad de desplegar una nueva serie de hipótesis o respuestas tentativas ante las preguntas que en los últimos años se vienen planteando, con acalorada insistencia, sobre los límites y mutaciones de la literatura en la actualidad. Dichas respuestas, que la autora sostiene con poética inteligencia y apoyada en los trabajos filosóficos y críticos más influyentes del momento, pueden resultar persuasivas o bien discutibles, pero en ningún caso resultarán indiferentes a quienes se interesen por el panorama de la literatura actual, sobre todo argentina y latinoamericana. Y acaso sea esa –la imposibilidad de quedar indiferente ante sus hallazgos y afirmaciones– la más grata aspiración de todo ensayo.

En cierta línea de continuidad con su anterior libro de ensayos, La boca del testimonio. Lo que dice la poesía (2007), cuyas resonancias críticas dan cuenta de su poderosa intervención, ahora Una intimidad inofensiva. Los que escriben con lo que hay, descentrado de la poesía (pero no olvidándola: por el contrario, aparece con una fuerza inusitada precisamente para señalar sus bordes, inflexiones y zonas de contacto), desplaza el foco hacia la noción de “intimidad”. Entonces, sin ceder al cliché de la simple mezcla con el que a veces se enfocan los desbordes “genéricos”, Kamenszain señala, con fina precisión (es decir, sin simetrías que desconozcan o limen los pliegues entre las diferentes formas de escritura), una dinámica del movimiento o de la inmovilidad: “Novelas detenidas, poemas que avanzan”, tal como titula al primer capítulo. Y así, trabajando mayormente sobre la noción de escritura, una vez exhibido el flujo entre poesía y narrativa (la escritura se presenta “caminando sin avanzar hacia la novela y avanzando sin caminar hacia la poesía”, la autora comienza a desplegar, en la medida en que su argumentación los convoca, la serie de ejes conceptuales con los cuales va articulando su mapa crítico en torno a la intimidad. Acaso tres sean los más sobresalientes. El primero, la postulación de “post-yoes”, en tanto “sujetos de la reenunciación” (“Deformes entonces, sin forma pero también descontenidos, estos post-yoes irrumpen con la impunidad propia de su estado. Salidos de sí, indiferenciados del mundo, para ellos escribir ya no supone esa búsqueda melancólica de un objeto perdido”. El segundo, medular, el de “intimidad inofensiva”, según el cual la intimidad hoy se presentaría, en estas escrituras, como “una tarea inclusiva, superficial”, que no pretende profundizar sino “rozar superficialmente la mayor cantidad de contenidos posibles con el solo fin de incluirlos” (esto es, no los profundiza ni los vacía, simplemente los registra), de vuelta de cualquier propósito malditista –que, en rigor, parecería haberse naturalizado- y, por ende, ya sin escandalizar a nadie (paradójicamente, lo escandalizable sería que ya no provoquen escándalo), incluso como si se tratara de “inofensivas” actividades infantiles; inofensiva, también, sería cierta línea testimonial (desarrollada en el cuarto capítulo) cuyas políticas de escritura no eluden ni esquivan las referencias en las que están involucradas, pero las desafían “como si el conflicto al que aluden ya hubiera agotado sus recursos de convicción y, en este sentido, estuviera superado. Sin embargo, se trataría de una superación que no implica que el conflicto haya sido perdonado u olvidado, sino que los modos de traerlo al presente se tramitan ahora por vías inesperadas”. Finalmente, el tercer punto, que se desprende del anterior y a la vez lo justifica, es el de “extimidad”, tomado de Jacques Lacan, según el cual “lo más íntimo habita afuera, como un cuerpo extraño”  y entonces, al exhibir lo éxtimo, es que el arte actual lo torna también inofensivo porque “lo que se reafirma es más un estar en el mundo que un ser en la literatura”. En este punto (y al igual que en todo el libro), es importante destacar el modo en que Kamenszain trabaja sobre idas y vueltas comparativas, esto es, poniendo el corpus sobre el que se va deteniendo en relación con autorxs y textos que le permiten precisar el contraste especular con otros tiempos de la literatura y, por lo tanto, destacar las novedades que quiere subrayar.

Por último, tras el vasto corpus que va apareciendo a lo largo de los cuatro capítulos que componen el libro (Iannamico, Zambra, Levrero, Aira, Cucurto, Pavón, Laguna, Blatt, Bruzzone, entre otrxs autorxs), es para enfatizar el tercero de los capítulos y el “Epílogo íntimo” que cierra el libro. Por un lado, en dicho capítulo la autora trata lo que llama las “derivas de la sucesión perlongheriana” y entonces allí aparece, una vez más, Perlongher como una suerte de escritor-faro (mejor sería decir “la tía”) de toda la zona de escrituras recientes sobre las que el libro se centra, como anticipándolas o habilitándolas; así, el espectro que Kamenszain enuncia como “neobarroco, neobarroso, neoborroso” permitiría leer, retroactivamente, una luz que ya se hallaba en Perlongher y propiciaba el devenir. Por otro lado, el epílogo: como dando toda la vuelta, en el límite –literal– del ensayo, la autora se aventura en el “laboratorio común de dos experiencias: la ajena y la propia”: compartida y conversada con Sylvia Molloy, entre poesía y narrativa, entre sí misma y la otra, en torno a un acontecimiento vivencial y afectivo coincidente: el límite de lo indecible en la interlocución con un ser querido. Ensayo íntimo o intimidad ensayada (que no puede sino ensayarse permanentemente en y hacia su extimidad), y poniéndose a prueba hasta su puesta en abismo, se lee como el generoso regalo con el que nos sorprende Kamenszain, deviniendo magistralmente casi parte de su propio corpus.

 

(Actualización noviembre 2016 – febrero 2017/ BazarAmericano)

 

 




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646