noviembre-diciembre 2017, AÑO XI, Nº 64

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El traductor imprevisto
El traductor del Ulises. Salas Subirat. La desconocida historia del argentino que tradujo la obra maestra de Joyce, Buenos Aires, Sudamericana, 2016.

En su prólogo a Cómo se escribe una vida de Michael Holroyd, Matías Serra Bradford señala que “el biógrafo se sienta a escribir una vida no para iluminar una obra (esto es un efecto secundario) sino para retratar la relación (un relato aparte) entre obra y vida, a veces antagónicas, precisamente, para que cada una pueda sobrevivir por su cuenta”. ¿Qué sucedería en el caso de la biografía de un traductor? Su obra, pensamos espontáneamente, está formada por sus traducciones. En ese punto aparece no sólo el antagonismo que anota Serra Bradford, sino también la excentricidad que sin dudas motivó la investigación de El traductor del Ulises de Lucas Petersen: José Salas Subirat (1900-1975) tradujo poco, y entre los títulos que  tradujo –como Bach. El niño creador o Para abrirse camino en la vida: medios y cualidades que permiten llegar al éxito y a la fortuna– aparece una de las novelas más famosas de la literatura occidental, y una de las más complejas: Ulises de James Joyce. En torno a esa rara coincidencia, ya conocida, se creó casi una leyenda, y el trabajo más que exhaustivo de Petersen viene a despejar confusiones y a ofrecer una versión certera frente a los relatos que circulan de boca en boca y hacen de Salas Subirat una especie de fantasma diseñado a la medida de cada divulgador.

Vendedor de seguros, “autoridad indiscutida en el campo asegurador hispanoamericano”, escritor –novelista, poeta, ensayista, autor de libros de autoayuda y de manuales de ventas–, despachante de aduana, fabricante de juguetes, columnista de televisión y pintor, Salas Subirat hizo demasiadas cosas además de firmar la pionera traducción al castellano del Ulises, traducción que todavía sigue leyéndose y que no perdió su brillo frente a las retraducciones que trajo el futuro. Como lo señala Petersen en la introducción a su libro: “a esta altura no importa si la traducción de Salas Subirat es la mejor o no. Su trascendencia en nuestra cultura es ya otra”.

El traductor de Ulises está dividido en cinco partes. Las tres primeras son, en cierta forma, la preparación para la cuarta, aunque sería un error ver en esos capítulos sólo una introducción o un prolegómeno. “Un estudio sociológico fundamental se publica disimulado bajo la forma de la biografía del desconocido que tradujo Ulises”, exagera Luis Chitarroni, alentado tal vez por la retórica publicitaria de las contratapas. Pero es cierto que Petersen se transforma en muchos momentos –especialmente en la segunda, tercera y cuarta parte de su libro– en el biógrafo de una época, el montajista de la escena cultural en la que Salas Subirat aparece como personaje. Construye, por ejemplo, el escenario de la década del 20: la conformación del grupo de Boedo, las revistas literarias y culturales de esos años y sus postulados ideológicos (Martín Fierro, Los Pensadores y luego Claridad), la red de vínculos y contactos que establecen los escritores, dentro y fuera del país. En el medio de ese decorado introduce a Salas Subirat con sus dos primeras novelas, sus libros sobre Marinetti o Beethoven y sus intervenciones en las revistas, especialmente a través de reseñas. Petersen lee en estas intervenciones del futuro traductor de Ulises la construcción de un punto de vista sobre el arte, marcado por “una oscilación entre la atracción y la repulsión, la curiosidad y el desdén que le produce la vanguardia”. Al mismo tiempo, atento al porvenir, Petersen busca posibles inclinaciones joyceanas en sus primeras obras, aunque lo desconcierta encontrar tan pocos rastros (que aparecen más bien en su correspondencia): “Si se leen los libros y buena parte de los artículos de Salas en los 20 resulta inimaginable que él será el traductor de Joyce”.

Por eso en la cuarta parte del libro, “La traducción (1940-1952)”, aparece la pregunta central de El traductor del Ulises, el interrogante que está en el origen del trabajo biográfico de Petersen: “¿Cómo llega Salas Subirat, ese empleado de una compañía de seguros, ex despachante de aduana, ex fabricante de juguetes, a dedicar horas y horas de su vida fuera de la oficina, fuera de la familia, a extraviarse en el laberinto joyceano?”. No hay una explicación contundente, hay hipótesis, versiones sobre el encuentro de Salas Subirat con la obra de Joyce, y versiones sobre el comienzo del proceso de traducción de la novela y las cuestiones que lo rodean, como la intervención del editor Santiago Rueda. Petersen hipotetiza confrontando datos, y otra vez reconstruye la escena cultural de un período. Lo cierto es que la traducción demandó cinco años de la vida de Salas Subirat y que la primera edición de Ulises en castellano fue publicada por la editorial porteña Santiago Rueda en 1945. Llena de erratas, no sólo fallas de edición sino errores de interpretación y estrategias traductoras cuestionables como la traducción de la onomástica –que era una práctica ya no dominante pero vigente–, la no recreación de las numerosas palabras compuestas que eran la debilidad de Joyce y una cantidad de errores debidos a la falta de comprensión del original –en un momento, por supuesto, muy diferente al nuestro en relación con la recepción y circulación de la novela–. Petersen define el trabajo de Salas Subirat como una “traducción exploratoria”, “ocasional”, y la resume en una proposición implacable: “Salas traduce, en principio, para leer y no para que otros lean”. En 1952 Santiago Rueda publica una revisión parcial de la primera traducción, donde muchas de estas fallas serán subsanadas, aunque muchas otras no. A través de un cotejo entre el texto en inglés, la versión de 1945 y la de 1952, Petersen demuestra los altibajos de la nueva edición. Un posible balance aparece en estas líneas: “Salas Subirat dio a luz una obra tan disfrutable como difícil de juzgar: despareja, genial por momentos, anodina por otros, con resoluciones que a veces ponen acento en lo formal, en la musicalidad, el sonido, el ritmo, el tono, y otras que quedan adheridas a la traducción de un significado en el sentido más llano de la palabra. Cada uno de sus rincones está saturado de giros brillantes y errores inadmisibles. A ello se suman correcciones de solo algunos pasajes del libro, que en ocasiones, paradójicamente, no se sobreponen a las opciones originales”.

Lo interesante es el modo en que la traducción de Ulises parece transformar o afectar a Salas Subirat: “Después de Ulises, casi no vuelve a publicar traducciones y (…) tampoco volvió a publicar ficción. Su obra editada posterior se concentrará en la autoayuda, los libros de seguros y algunos pocos artículos periodísticos. La huella que dejó Joyce en Salas Subirat parece ser la más radical de todas: el impulso al silencio narrativo”. Los quinta parte del libro registra este cambio, sin perder nada de exactitud, atenta a cada movimiento dado por Salas Subirat.

Petersen cumple con el trabajo de un riguroso biógrafo. Como parte de esa labor, se dedica a describir cada uno de los libros publicados por Salas Subirat: repone la anécdota de sus novelas y las analiza –además de dedicarle capítulos a La ruta del miraje y Pasos en la sombra, le dedica uno a Un aire distinto, una novela inconclusa–, reproduce versos de sus libros de poemas, resume y cita sus ensayos, repasa cada uno de sus artículos aun cuando, como lo reconoce, “sus posiciones, demasiado conciliadoras, demasiado afincadas en el sentido común, lo exiliaron al purgatorio de las opiniones”. En algunos de esos análisis y en ciertos pasajes, la exhaustividad se torna apabullante, y el libro se vuelve más potente cuando Petersen abandona esa “close reading”, esa lectura tan pegada a los textos firmados por Salas Subirat, y lo sigue un poco desde lejos. Esto no es una debilidad, se trata de los matices de todo trabajo biográfico, y de todo libro.

Si algo muestra El traductor del Ulises es que los traductores tienen vidas –¿cuántas biografías de traductores se publicaron en Argentina?–, que una traducción es un acontecimiento complejo, marcado por las vidas de los que intervienen en ella y por toda una configuración cultural, y que el resultado es tan contingente que la importancia decisiva no puede estar nunca en su corrección o su exactitud sino en su posibilidad de crear algo nuevo.

 

(Actualización septiembre – octubre 2016/ BazarAmericano)




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646