septiembre-octubre 2017, AÑO XI, Nº 63

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Sobre qué se escribe
Desmonte, de Gabriela Massuh, Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2015.

Desmonte narra dos historias, y en cada una de ellas o, mejor, en su punto de inflexión, propone una mirada sobre la literatura y la política (o sobre la política literaria).

La primera historia (en orden de aparición en la novela) es un relato de corte urbano, que tiene como protagonista a Catalina, una mujer escritora que vive en la ciudad de Buenos Aires. Catalina se siente obligada a escribir sobre temas que no le interesan para un suplemento cultural. Tiene problemas psiquiátricos y es dependiente de una medicación que en varias oportunidades se olvida de tomar. Vive sola y a la espera de un llamado de su hijo, con cuya ausencia convive sin llegar del todo a tolerarla.

La segunda historia cuenta el desalojo y el desmonte en Orán, Salta, y la lucha entre el Ingenio y los habitantes del lugar que quieren resistir y defender su tierra.

Dividida en cuatro partes y cada una de ellas, a su vez, en numerosos capítulos, la narración se organiza abarcando una u otra historia, sin conectarse, como si hubiera un espacio en la estructura destinado a cada relato. La urbana enmarca de algún modo a la del interior, pero solo formalmente: hay una fuerte apuesta desde la novela a poner en eje central el relato del Ingenio. El punto de inflexión entre ambos es el personaje de Antonio, el hijo de Catalina, que le da coherencia y sentido a esta superposición.

A Catalina le han encargado, en el Suplemento Cultural para el que escribe, una nota sobre el nuevo Carlos Argentino Daneri. Nunca lo nombra, pero el emparentamiento con el personaje de Borges traslada lo que sabemos del Daneri original a este nuevo espécimen al que Catalina debe dedicarse. A partir de allí, se abre una discusión sobre la Literatura. La protagonista de Desmonte quiere publicar algunas notas que escribió sobre las provincias del interior en Argentina y el avasallamiento a los pueblos originarios, pero al director del suplemento esos textos le resultan poco interesantes. Hay entonces un cuestionamiento claro respecto de los mecanismos de validación a partir de los cuales se sube o se baja una obra o un autor del podio de la “buena literatura”.

El narrador se refiere al campo literario como “el mundillo” (p.222) y hace una diferencia directa al circuito reconocido como “literatura de los noventa” pensando la literatura de César Aira a partir de que Catalina, para avanzar en su artículo sobre Daneri, busca una crítica que Aira habría escrito a principio de los ochenta.

Trató de imaginar el artículo en aquella Argentina estrangulada por los cercos de metal, la falta de aire, la poda cerebral, las flores robadas y las achiras de hormigón. Aira hacía un recuento de los libros publicados entre 1979 y 1980, los sometía a un análisis irónico y demoledor. Les reprochaba la aspiración trunca de hacer literatura por falta de pasión y de talento. La mayoría de los autores que analizaba no logró perdurar más allá de la década, el ciclo cultural preferido por la tradición argentina. (228)

La onda expansiva de esta literatura llega a las manifestaciones urbanas puestas en valor por “el mundillo”, a las que Catalina (y a través de ella, sospechamos, la misma Massuh) critica y de las que se distancia.

La historia del Ingenio en Orán es, como dijimos, la historia del desmonte. En ella se conjugan una serie de personajes en los que también puede leerse la correspondencia con los actores reales de los conflictos por las tierras. En ese sentido la novela se convierte en un texto de denuncia, de lo que sucede en las provincias del interior, y de la mirada con la que Buenos Aires observa y narra esos hechos.

En el conflicto en Salta aparecen representados los sectores de poder: el Ingeniero, un hombre víctima de una úlcera gástrica y responsable del Ingenio en Salta, que debe al mismo tiempo lograr doblegar a su favor a los habitantes de Orán y obtener la aprobación de la compañía; Villareal, el CEO de la compañía, un hombre joven y soberbio cuya aprobación le resulta al Ingeniero tan difícil que a veces cree imposible; el Obispo, como representante de la Iglesia, apoya a los pueblos originarios, aunque su apoyo tiene un límite: sabe que hay un estamento del poder imposible de tocar.

La corrupción, el contrabando, la injusticia, la desigualdad, son tópicos comunes en este relato, y como contrapartida, el valor que tiene para “la indiada” la tierra, la pertenencia, el lugar propio.

Mientras la Prensa y Buenos Aires se ocupan de aquellas criaturas que ellos mismos crearon, evitan dar cuenta de los modos en que el capitalismo feroz y la política cómplice socavan la libertad y la identidad nacional en las provincias del interior.

Pero el contrapunto no aparece solamente desde el eje temático. En principio, es evidente que, mientras que el relato urbano se ocupa de una historia particular (la de Catalina), en el del interior, si bien hay personajes diferenciados que asumen distintos roles, se trata de una historia colectiva.

Otra cuestión que marca la diferencia es el estilo de la prosa. En el relato del Ingenio, la narración se construye con marcas que dan cuenta del uso del modo ensayístico. Aparecen datos, relatos del contexto socio histórico que dan sostén y dejan en evidencia el alcance y la importancia del problema que se cuenta. El narrador en tercera es lejano y explicativo y se intercalan constantemente otros discursos (como noticias, notas periodísticas o discursos políticos). Es un relato signado por la razón, mientras que la historia de Catalina está marcada por el desquicio. En el relato urbano,  si bien también está narrado en tercera persona, el punto de vista se planta muy cerca de los personajes (especialmente de Catalina). La prosa se vuelve más intimista, quizás por momentos exageradamente, pisando la delgada línea cercana al engolosinamiento o el melodrama.

El punto de contacto indiscutible entre las dos historias es Antonio, el hijo de Catalina, que con su presencia en el Ingenio no solo aporta la representación de la ciudad en el interior, sino que al aparecer junto a él se diferencian, se separan de la masa, algunos personajes de la resistencia indígena. El personaje de Antonio concentra además, sin ser el protagonista, la naturaleza heroica del relato.

Desmonte, de Gabriela Massuh, es una novela sobre la Historia, pero también sobre la Literatura, y la Prensa. Y por qué no sobre el amor, la locura, las relaciones personales y la mirada del otro. 

 

(Actualización septiembre - octubre 2016/ BazarAmericano)

 

 




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646