noviembre-diciembre 2017, AÑO XI, Nº 64

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La naturaleza es un virus que viene del espacio
La naturaleza no existe. La sostenibilidad como síntoma de una planificación despolitizada, de Erik Swyngedouw, Mar del Plata, Puente Aéreo, 2016. Traducción de Álvaro Sevilla Buitrago.

Erik Swyngedouw (Bélgica, 1956) es un nombre prácticamente desconocido en nuestro país, a pesar de ser un referente internacional en cuestiones relacionadas con el medio ambiente, la ecología, la geografía y los conflictos en torno al abastecimiento de agua, problemáticas atravesadas por una misma preocupación: su dimensión política. La editorial Puente Aéreo acaba de publicar un libro con cuatro ensayos de Swyngedouw titulado: La naturaleza no existe. La sostenibilidad como síntoma de una planificación despolitizada.

Más allá de los temas de actualidad ambiental que repasa Swyngedouw, el libro es una  cartografía de la filosofía política contemporánea: Agamben, Badiou, Haraway –también publicada por Puente Aéreo–, Laclau, Latour, y en especial Rancière y Zizek son algunos de los autores que circulan por el libro de manera constante. En otras palabras, La Naturaleza no existe puede leerse casi como una Tesis sobre la filosofía de la historia en clave ambiental.

La pregunta por la Naturaleza, en efecto, atraviesa el pensamiento filosófico de punta a punta. La Naturaleza, dice Swyngedouw, es un significante de sentido escurridizo, difícil de aprehender: “¿Se trata del mundo físico alrededor y dentro de nosotros, como los árboles, ríos, cadenas montañosas, el VIH, microbios, elefantes, petróleo, cacao, diamantes, nubes, neutrones, el corazón, mierda, etc.? ¿Comprende cosas como las rosas en un jardín botánico, zumo de naranja recién exprimido, Adventure Island en Disneylandia (uno de los ecotopos con mayor biodiversidad de la Tierra), un eco-edificio de Richard Rogers, flujos de aguas fecales, tomates genéticamente modificados o una hamburguesa?”.

Lo cierto es que hay un poder normativo en la Naturaleza que eclipsa su dimensión política en el proceso de conferirle sentido. Por eso, de acuerdo con Swyngedouw, cualquier intento por suturar, colmar y colonizar el sentido de la Naturaleza responde a motivaciones intrínsecamente hegemonizantes. Cualquier significado que venga a atiborrar el significante vacío de la Naturaleza –posteriormente generalizado y homogeneizado– desplazará este signo más allá de lo político: más allá del espacio de la disputa pública, más allá de toda posibilidad de disenso. Como predica Alain Badiou con respecto a la categoría de Verdad, Swyngedouw sostiene, en efecto, que es tarea de la filosofía mantener vaciado el lugar de la Naturaleza, esto es: mantenerlo politizado de manera constante.

Fredric Jameson dice que es más fácil imaginar el fin del mundo que imaginar el fin del capitalismo. A partir de esto, Swyngedouw muestra que la red discursiva a través de la cual se designa el sentido contemporáneo de la condición ambiental se encuentra tramada de invocaciones al miedo y al peligro, al fantasma de la aniquilación ecológica: apocalipsis now. En este sentido, Swyngedouw subraya como urgencia la necesidad de “cuestionar la legitimación de todo tipo de políticas, medidas e intervenciones socio-ambientales en nombre de una Naturaleza o una Sostenibilidad totalmente imaginadas y simbolizadas, un procedimiento que niega la posibilidad de un marco verdaderamente político y a través del cual se constituyen y hegemonizan dichos imaginarios”. En otras palabras: pensar una ecología sin Naturaleza.

La oveja clonada Dolly, una lata de sopa Campbell, redes de abastecimiento de agua, aire acondicionado: el conjunto de cosas (humanas y no humanas) que pueblan el mundo está formado, según Swyngedouw, por cruces heterogéneos de naturaleza y cultura. Desde este punto de vista, los Expedientes Secretos X podrían ser un precursor bizarro de la teoría de Swyngedouw: somos híbridos cuyo origen no se remonta a Grecia, ni a los monos, ni a los dinosaurios, ni a los reptiles, sino al espacio exterior, como el virus lingüístico que alguna vez imaginó William Burroughs. La verdad está allá afuera –o dicho de otro modo: la verdad es puro desafuero de sí–; somos aliens, etimológicamente, otros, siempre extraños, extranjeros en nuestra propia tierra: ¿cómo podría existir, entonces, algo como la Naturaleza?

 

 

(Actualización mayo – junio 2016/ BazarAmericano)




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646