septiembre-octubre 2017, AÑO XI, Nº 63

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Una política de la voz propia
La lectura, otra revolución, de María Teresa Andruetto, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, Colección Espacios para la lectura, 2015.

Conocí varios de los textos reunidos en La lectura, otra revolución en algunos casos por la posibilidad de participar en los encuentros en que fueron leídos por Andruetto, en otros por su generosidad en este intercambio de pensares. Al volver a leerlos junto con otros que leí por primera vez en este libro reconfirmé algunas ideas que se dibujan con fuerza cada vez que releo Hacia una literatura sin adjetivos (2009), su anterior libro que reúne reflexiones teóricas. También cada vez que conversamos. La configuración de una política de la voz propia aparece como un firme y consecuente destello que caracteriza sus búsquedas reflexivas y que invita a pensar ambos libros como un continuum. Se trata en este caso de una constelación de certezas e incomodidades con luz propia, un sistema vital y político que en el índice de este libro va elocuentemente desde sus palabras dichas en ocasión de recibir el premio Andersen “La vida misma” (cómo lo singular constituye la vida de una escritora) hasta culminar con los vínculos entre “Literatura y memoria” (una de las zonas más políticas de las inquietudes singulares de M. T. Andruetto). Este arco potente de desafíos incomodantes sacude diversas zonas de la teoría y de las prácticas de la lectura literaria e interpela a distintos sujetos vinculados con los actos de leer considerados aquí en su pluralidad. La interpelación proviene de una escritora que pone el cuerpo de su escritura, sus lecturas y sus experiencias en la formación para repensar desde nuevas perspectivas estos temas y estas prácticas. Enfatizo las posiciones de escritora, de lectora y de formadora en la experiencia profesional de M. T. Andruetto porque esas tres dimensiones se entrecruzan y son puestas en juego desde un lugar protagónico y comprometido con el campo cultural en el que siempre decidió jugar fuerte y se nota especialmente en el recorrido de este libro. Por otra parte, las posibilidades de la multidimensión en el pensar y el actuar se intensifican con la ubicación  de M.T. Andruetto en un espectro amplio de la escritura literaria que abarca la poesía y la narrativa para adultos y la literatura para niños y jóvenes (en una zona genérica ensanchada a la que invita la especificidad de la LIJ). Su participación artística y reflexiva en territorios diversos es particularmente nutritiva para el campo de la literatura infantil y juvenil que necesita siempre de la expansión y complejización de las miradas para no caer en el peligro recurrente de la visión endogámica y autocomplaciente.

La insistencia de la Andruetto en la singularidad, en la voz propia, al reflexionar sobre la lectura, la literatura infantil o lo poético vinculado a la infancia encarna en un acto político que interviene sobre unas zonas del pensar y el hacer donde es frecuente la tendencia a la generalización aparentemente bienpensante pero muchas veces aplanadora de las miradas alternativas y complejizantes.

Una necesaria puerta de entrada a la desarticulación del pensamiento generalizador es cuestionar la manía clasificatoria que intenta organizar el mundo a partir de preconceptos. La propulsión a etiquetar y poner en caja/s el universo de la literatura infantil y el de la juvenil  y de los actos de leer que las involucran es interrogada por M. T. Andruetto a partir del relato de experiencias de lectura en las que participó como mediadora y escuchadora. Dice en “Libros sin edad: acerca de libros, lectores, dádivas y puentes”: “Siempre me ha llamado la atención la tendencia que tenemos los seres humanos a etiquetar, clasificar, poner a andar nuestros prejuicios antes de comprender al otro, escucharlo en su condición de otro”. El alerta cuidadoso sobre los propios prejuicios y la mirada crítica sobre los que se suelen ver en situaciones de lectura que a partir de la actitud etiquetadora terminan excluyendo textos, modos de leer y lectores la llevan a afirmar que “no creo en las clasificaciones sino en el encuentro de los lectores con los libros, en un encuentro que, por lo menos en los comienzos de vida lectora, necesita ayuda, puentes.”

¿Puede ser la búsqueda de la voz propia en el territorio de la lengua literaria un argumento de carácter geopolítico que invite a discutir discursos monopolizadores, autoritarios y excluyentes con larga y en muchos casos dolorosa historia en la literatura de nuestros países? Esa toma de posición es la que despliega M.T Andruetto en su texto “En busca de una lengua no escuchada todavía” en estrecha relación con su cuestionamiento a los discursos generalizadores que suelen entramarse con algunas decisiones de una parte importante del mercado editorial. La “resistencia a la demanda de uniformidad en los modos de decir” pone en cuestión la demanda de uniformidad del pensamiento. La preciosa cita de Lispector que nos recuerda este libro, la del “camino hacia la propia cosa” en la búsqueda de quien escribe, ilumina la singularidad en el decir escrito y a la vez potencia la posibilidad de escuchar en lo singular las resonancias de una voz plural, esa lengua que siempre están buscando los que resisten a la demanda de neutralidad lingüística y cultural. El lenguaje neutro que se presenta con maquillaje inclusivo y falsamente democrático es vendido como discurso apto para todos en detrimento de la variedad y personalidad propia de las lenguas y los decires de nuestros países, pueblos y voces únicas. El desacato ante esta postura homogeneizante, dice M. T.  Andruetto, no implica “un capricho, se trata de la búsqueda de nuestra particularidad, que anida, por supuesto, en la particularidad de nuestras lenguas, en usos que van más allá del código, la fonética o la sintaxis común; desvíos de cierto extranjero deber ser para encontrar en lo individual más hondo, allí donde refracta lo social, ecos de la lengua de un pueblo,  de una región, de una comunidad, de un sector social. Y en esa búsqueda, por ese camino de palabras, ir hacia la conquista de una lengua que, sin dejar de ser íntima, sea el eco de las voces de muchos”.

La delicada obstinación por la “propia cosa” es el eje que también recorre sus miradas sobre la escritura poética como cuando en una participación en el panel de cierre del tercer Simposio Mercosur de LIJ en la UnSam  habla de poesía infantil y se pregunta como lectora “qué se pone en tensión en un poema para niños” pensando en poemas que podrían ser para niños aunque no lo sean en su origen e intención como “María un corderito tenía” de Beatriz Vallejos. O decide desplegar microscópicamente un poema de Rodolfo Godino que reflexiona sobre la escritura como acto de conocimiento para pensar sobre la poesía (no importa si para niños o para adultos).

También más allá de las fronteras de lo adulto y lo infantil “libertad condicional” es (como el nombre de su artículo lo anuncia) la sugestiva manera que propone M. T. para relativizar el carácter libre del “verso libre” y responderse en cada poema propio con una indagación sobre la “música del habla, un ritmo y un tono  propios del poeta en ese poema; un ritmo, un tono, una tensión y una sonoridad que accionan y se rompen, que ya no servirían para otro poema ni otro poeta”. En el caso de la poesía infantil si pensamos en una música ampliada que trascienda los límites de lo conocido, transitado y cristalizado, este texto abre caminos para la reflexión sobre una musicalidad no esencial donde la forma invente cada vez nuevos caminos sonoros y significados no pensados.

Un desafío similar pero a la vez diverso es el del lector de cierta narrativa que convida a construir lo no dicho, lo velado, lo sugerido entre pliegues, procedimiento tan cuidado y característico de los relatos de Andruetto como el inquietante “Los rastros de lo que era” (cuento de su libro Cacería incluido en el artículo “La escena en el cuento”). Por eso me parece rico relacionar con el texto “Elogio de la dificultad: formar un lector de literatura” aquella clase que dio sobre el arte de narrar uno de los años en que la invitamos al Postítulo de literatura infantil y juvenil. En esa clase entrecruzó sus dimensiones de escritora y formadora proponiendo categorías de la teoría de la narración imbricadas en la propia práctica de narrar, abriendo generosamente su cocina del hacer narrativo al contar sus decisiones y tácticas con ese cuento en que la opacidad y el dolor forman una filigrana textual que atraviesa lo humano y lo político. 

El intento de entrever lo que no se ve a través de lo que se ve es un lugar acicateante de la actividad del lector. “La literatura nos propone inquietud, insatisfacción, intemperie” dice Andruetto y al elogiar la dificultad y ponerla en relación con la formación de lectores está proponiendo una pedagogía de la incertidumbre: es posible enseñar la inquietud, la insatisfacción productiva con el conocimiento también se aprende.

Mirar la relación entre lectura, literatura y sociedad desde la lente inquietante de la voz propia es el eje que recorre el texto que da título al libro: “La lectura, otra revolución” (escrito y dicho en el contexto de la conmemoración del grito del Bicentenario de la independencia argentina). Cavar en la tierra de la memoria histórica y descubrir (en el sentido literal de ese verbo) lo silenciado y lo oculto es un acto de resistencia y según Andruetto es posible desde la posición de lector insatisfecho, el que despliega capas de sentidos cuestionando las miradas reduccionistas y parceladas de nuestra historia y de nuestra propia vida. Nuevamente nos encontramos con su búsqueda consecuente de un vínculo dialéctico entre lo subjetivo y lo colectivo ya que no depende de una sino, dirá ella, de “múltiples memorias relativizándose entre sí para que ni el pasado ni el imaginario se clausuren en un relato único, para que permanezca un estado de interrogación que nos permita encontrar las palabras para narrar lo que aun no se ha narrado”.

Es también desde la complejización de la mirada histórica que Andruetto resignifica y da espesor a la idea de que la lectura es un derecho de todos. Historizar decisiones y prácticas ligadas con las políticas de lectura y con microescenas del acto de leer la lleva a desautomatizar ciertos enunciados apocalípticos que se adoptan conciente o inconcientemente como “los niños y los jóvenes no leen” o “antes se leía, ahora no”. Un panorama que enfoca en las décadas que van desde su infancia a la actualidad a partir de datos y testimonios que muestran que no todo tiempo pasado fue mejor para la lectura sino que por el contrario en los últimos años se evidencia una notable expansión editorial en el mundo de la LIJ y en la distribución de libros en escuelas por parte del Estado con cifras inéditas. En el encuentro entre ese caudal de libros y los lectores es clave el acento que pone Andruetto en el rol de la escuela y los docentes que son valorizados desde una revisión crítica de algunas ideas y prácticas de la promoción de la lectura en los 80 que veían en lo escolar un peligro de contaminación de un encuentro supuestamente puro con la literatura. Andruetto está convencida de que la escuela y los maestros son una pieza fundamental en la construcción de lectores. Dice: “para quien no provenga de un espacio familiar lector, achicar esa brecha es una tarea que se dirime en la escuela, y entonces ahí necesitamos fortalecer a los maestros, acercarles libros, tiempo de encuentro con los libros y capacitación; facilitarles un poco la inmensa tarea que depositamos en sus manos. El maestro es un puente indispensable, porque un buen maestro transmite, además de conocimientos específicos, un modo de estar en el mundo, una concepción de vida, y puede dejar una marca imborrable, puede dejar su signo: enseñar en su sentido más esencial”.

Desde la posición desacomodante en la que lo literario se relaciona con lo real sobre todo en sus inflexiones más dolorosas y angustiantes, los últimos textos del libro proponen complejizar temas como el problema de la inclusión (repensar la idea de qué significa incluir a “todos” cuando de lo artístico se trata): porque, dice Andruetto, “la literatura, para ser útil (para usar una palabra que va contra su esencia), debe conservarse inútil: debe preservar como un tesoro su disfuncionalidad”.

Para reflexionar sobre la literatura que tiene que ver con la memoria (en particular la que aborda las heridas recientes causadas por la dictadura en este país), vuelve sobre estas ideas: lo disfuncional, lo dilemático, nos ponen frente a una actitud interrogante desde donde es posible conjurar el riesgo del relato único, congelado, de una sola pieza, sin fisuras. Es el poder de la ficción el que sale al encuentro para desarmar esos encapsulamientos que en muchos casos provocan un efecto desliteraturizante en ciertas narraciones “de la memoria”. Dice Andruetto: “la ficción puede entrar, carente de toda certeza, a nuestros puntos ciegos, con la sola lengua de todos -pero forzada, trenzada-, como herramienta para construir un no saber que nos lleve hacia nosotros mismos”.

La lectura, otra revolución propone el encuentro con múltiples inflexiones y matices de una voz que trabaja en la tierra de lo singular buscando infatigablemente allí las resonancias de las otras voces del mundo. Desde nuestros lugares de lectores de literatura, la construcción de una voz propia a contrapelo de los discursos únicos y de las miradas totalizadoras se puede volver una posición transformadora: la de los que arriesgan, la de los insatisfechos, la de los aliados del enigma. Otra revolución.

 

(Actualización mayo – junio 2015/ BazarAmericano)




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646