septiembre-octubre 2017, AÑO XI, Nº 63

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El triunfo de la poesía
El espesor del presente, de Florencia Abbate, Córdoba, EDUVIM, 2014.

Hay que agradecer a Florencia Abbate la publicación de este libro que hoy presentamos. Porque nos hace una invitación irresistible, nos regala boletos para un viaje extraordinario, un periplo que, al menos en mi caso, siempre estoy aplazando por las urgencias de cada día, un regalo siempre prometido y nunca cumplido: volver a realizar un recorrido por la narrativa de Juan José Saer.

Es que regresar al territorio constituido por esa singular empresa narrativa, probablemente el mayor emprendimiento en el marco de la literatura argentina, al menos en el último medio siglo, supone recuperar una suerte de paraíso, en donde la Historia no ha sido abolida sino reconciliada con la Naturaleza y el tiempo pierde su linealidad histórica en apariencia inexorable para devolver, como bien dice en el título de su luminoso trabajo Florencia Abbate, al espesor de cada cual, su presente.

Atenta a la temprana y certera afirmación de María Teresa Gramuglio, acerca de que las interrogaciones incómodas y persistentes que la obra de Saer asesta a lo real implican una exploración de las relaciones perceptivas y cognitivas que la conciencia establece, como puentes rotos, con el tiempo, Abbate la toma como punto de partida y organiza, desde esa estación de relativa certidumbre, un recorrido que incluye siete de sus doce novelas pero que, necesaria e inevitablemente, crea vasos comunicantes con el resto de la narrativa saereana, con su poesía (llamada no sólo irónicamente El arte de narrar sino también advirtiendo que es este género y no otro su piedra de toque para escribir ficciones) y con sus perspicaces ensayos, en los que Saer refuerza esa presunción y despliega un repertorio casi programático acerca de ese arte que su obra cultivó como pocas.

Una vez establecidas las estaciones de su itinerario, Abbate elige una vía regia para atravesarlas y apunta acertadamente a un aspecto, la renovación formal implicada en la producción de Saer, en el bien entendido de que es por ese camino que la narrativa del gran autor santafesino interroga y cuestiona, una y otra vez, los sistemas de representación, el realismo, el naturalismo, el psicologismo, la novela histórica y de ideas, para proponer, cada vez, una respuesta diferente que establece lazos con otros géneros como el policial y hasta con disciplinas como el diálogo filosófico, la comedia y el concerto grosso.

Dicho así, parece sencillo, pero Abbate ha debido pertrecharse de buenos apoyos teóricos para vérselas con un asunto tan espinoso como el tiempo, esa dimensión de la experiencia que para los estoicos era una paradoja insoluble y que, entre tantos otros perplejos, San Agustín afirmaba conocer perfectamente si no se preguntaba acerca de ella pero que, en cuanto lo hacía, se hundía en el estupor.

La primera y acertada presunción de Abbate, apoyada, entre otros pilares teóricos, en la lucidez de Paul Ricoeur, es que el tiempo de la historia y el del relato son esencialmente disímiles.

Y será la minuciosa indagación en torno a cómo las narraciones de Saer ponen en evidencia esa distinción, neutralizando o enrareciendo el tiempo de la Historia en beneficio de un tiempo ficcional, uno de los grandes aportes de este libro a la comprensión más amplia del valor y del alcance de la obra saereana en el contexto de la literatura argentina.

La llave maestra, el gran passepartout de las numerosas, refinadas y deslumbrantes operaciones de Juan José Saer es –lo dije al comienzo porque, como al propio Juani, no me interesan los finales sorpresivos– la poesía.

Y lo más notable del libro de Abbate quizá sea el modo en que pone claramente de manifiesto que el poeticismo de Saer (para usar un término de Gerard Genette caro a la autora), es evidente no sólo en el hecho de que él mismo fue un gran autor de poemas sino también y sobre todo, en que se trata de un autor que ha encontrado, en la ética de la poesía, el principio de economía capaz de recuperar la dimensión de la experiencia viva, individual de la memoria y, al mismo tiempo, un modo de religar a ese individuo con una realidad cósmica, ahistórica.

Para decirlo mucho mejor, con palabras del propio Juani, que Abbate tiene el magnífico tacto de citar en las conclusiones de su libro: “La historia no coexiste con la naturaleza: la suplanta de un modo abusivo. La poesía, al regresar continuamente a la naturaleza, distinguiéndose por su ahistoricidad peculiar, no quiere negar la historia, sino confirmar la realidad de esa suplantación y verificar sus fundamentos”.

La apelación a un “presente epifánico”, de clara e incluso confesa raigambre joyceana, en el que la conciencia se agudiza y accede a una suerte de iluminación súbita; y de un “presente cosmológico”, de un tiempo que “se ‘eleva’ por encima de la Historia”, son, según Abbate, las operaciones más relevantes y fructíferas, desde el punto de vista estético y, si se me permite, ideológico, que Saer acciona, en su quehacer artesanal, literalmente manual, de la literatura para asordinar la voz autoritaria del Estado y dejar que se oiga otra voz, prescindiendo de la sumisión de la prosa o liberándola de su relación de vasallaje.

Y es justamente el modo gradual, progresivo y riguroso en el que este libro pone en evidencia los procedimientos en los que la obra de Saer ha sustentado su admirable resistencia a esa dominación el mejor homenaje que podía rendirse a su obra, una obra que hoy, a casi diez años de la muerte de su autor, conserva intacta su revulsiva y desafiante vigencia.

 

(Actualización mayo – junio 2015/ BazarAmericano)




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646