septiembre-octubre 2017, AÑO XI, Nº 63

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El cuento de hadas: cuando lo irresistible es inexplicable
El irresistible cuento de hadas (historia cultural y social de un género), de Jack Zipes, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2014.

El título que escogió Zipes para su investigación nos habla, a las claras, del lugar desde dónde la lleva a cabo: la fascinación que ejerce el cuento de hadas, no solamente sobre las personas que lo “consumen” sino sobre la cultura en general. De ahí la mirada de su trabajo, como señala el subtítulo, que implica un abordaje cultural y social. Se trata de un libro que, para todos aquellos que se dedican al tema, cubre un espacio teórico e incluso crítico más que necesario y que estaba abierto, dado que la mirada de su análisis sobre los cuentos de hadas abarca desde la problemática de su génesis, la consideración de las variadas hipótesis a lo largo del tiempo esgrimidas por los diversos autores, teóricos, folcloristas (entre otros) que se han ocupado de estos relatos, pasando por los diferentes estadios, culturas, miradas y recopilaciones, hasta llegar a la “revalorización” del género en el presente.

El irresistible cuento de hadas consta de un prefacio, siete capítulos y dos apéndices.

En el Prefacio Zipes señala que el propósito de su trabajo es investigar la historia de las mediaciones que les han permitido a las simientes de los cuentos de hadas florecer y desarrollarse hasta convertirse en uno de los géneros culturales más irresistibles y al mismo tiempo más inexplicables del mundo. Responde también a ciertos esfuerzos académicos deplorables que han procurado ignorar sus raíces orales y reducirlo a un género que privilegia la palabra impresa por sobre la oralidad.

Los dos apéndices finales son una revisión crítica de estas obras que difunden ideas engañosas como si fueran hechos.

En el capítulo I “La evolución cultural de la narración y los cuentos de hadas: la comunicación humana y la memética”, Zipes nos indica que contar cuentos efectivos y relevantes se convirtió en una cualidad vital para quien deseara tener poder para definir las prácticas sociales e influir sobre ellas. En el caso específico de los cuentos de hadas adoptaron aspectos prominentes en conflicto con otros cuentos y se volvieron memética y culturalmente relevantes como un medio lingüístico de comunicar prácticas sociales alternativas.

Señala también que es a través del lenguaje y el cuento que se promueve la cognición, es de suma importancia que veamos las conexiones entre los cuentos antiguos y comprendamos cómo y por qué los seguimos repitiendo de maneras innovadoras.

“Memética y evolución cultural” es el nombre que lleva uno de los parágrafos más importantes que ayuda a abonar la tesis de Zipes.  Aquí señala que entre los años 2004 y 2006 aparecieron varios libros y ensayos serios sobre el significado de los memes, pero el concepto de meme o de memética no era popular ni estaba definido aún. Sin embargo, en un lapso breve, de cuatro años, el mismo término “meme” se ha vuelto un tanto memético. Cita a autores como Konner, Distin, Blute,  que reflexionan sobre este tema.

Es así que se detiene en Drout cuando señala que en términos meméticos, una tradición es una combinación de varios memes menores. La conducta tradicional puede verse como un meme, llamémoslo actio. La respuesta a la condición antecedente dada que produce la conducta tradicional es otro meme que habilita el primer meme: llamémosle recognitio. Como programas de acción, Zipes plantea que el propósito de los cuentos de hadas es alejar a oyentes y lectores del mundo de la realidad para ofrecer un mundo alternativo de moralidad ingenua, y han evolucionado reuniendo fragmentos y partículas de información, motivos y personajes de historias que han circulado en torno a ellos. Añade que el cuento de hadas, como género memético que tiene sus raíces en las tradiciones orales, ha formado patrones de acción distintivos empleando otros medios como la imprenta, la electrónica, el dibujo, la fotografía, el cine y la tecnología digital para crear contramundos y lograr distancia de nuestro mundo, de la realidad y ayudarnos a conocerlo y a conocernos a nosotros mismos.

Zipes centra su atención en señalar que casi todos los intentos de académicos por definir el cuento de hadas como género han fracasado. Este fracaso es predecible, por el carácter volátil y fluido del género. La dificultad de definir el cuento de hadas surge del hecho de que los cuentistas y escritores nunca usaron el término hasta que D´ Aulnoy lo acuñara en 1697, cuando publicó su primera colección de cuentos. El autor expone claramente el objetivo de su estudio cuando indica que se propone también analizar cómo las hadas eran parte de una extensa tradición oral y literaria en la cultura francesa, cómo el empleo que hace D´Aulnoy de las hadas en sus cuentos está en deuda con mitos griegos y romanos, la ópera, los espectáculos teatrales, los debates sobre el rol de la mujer en la sociedad francesa y el folclore francés.

Zipes señala también que el término “cuento de hadas” se tornó viral y que los italianos estuvieron entre los primeros escritores de versiones impresas de cuentos de hadas en lengua vernácula y había algunas hadas en los cuentos italianos, pero no se las destacaba especialmente ni desempeñaban el papel de importancia que les asignaron las escritoras francesas del siglo XVIII, conocidas como conteuses y salonniéres. Está claro que las divinidades paganas fueron las predecesoras de las  hadas, y sus roles y funciones se transmitieron meméticamente en diferentes culturas a lo largo de miles de años hasta formar el concepto moderno del hada o las concepciones del mundo de las hadas.

El autor se detiene en la figura de D´Aulnoy e indica que la contadora les imprime a sus cuentos un espíritu protofeminista e intenta articular y mantener la postura mundana o secular que tomaron las mujeres educadas de clase alta en contra de las restricciones pietistas así como los modales y códigos sociales anticuados del antiguo régimen.

Lo original, entre otras cosas, de este libro de Zipes es la mirada abarcadora que oscila entre los relatos míticos y paganos hasta la actualidad. En este orden de cosas señala que las mujeres no se sintieron motivadas a recrear historias ni a identificarse con el poder extraordinario de hadas y brujas hasta fines de las décadas de 1960-1970. Lo interesante de todos los cambios y transformaciones de las hadas y del término “cuento de hadas” desde el período grecorromano hasta hoy es que reflejan momentos clave de la evolución cultural y revelan el poder memético del término “cuento de hadas” o conte de fée.

Desde ya, dentro de este panorama social y cultural del género, Zipes no podía dejar de lado la impronta que el sello Disney le ha infringido. Señala al respecto que el cuento de hadas ha crecido enormemente en importancia y ha “tragado” y/o consumido otros géneros, volviéndose más complejo y más difícil de definir. Mientras que en el siglo XX la corporación Disney ha tratado de convertirlo en un producto totalmente comercial y de dominarlo con su banal serie fílmica “las hadas de Disney”. El cuento de hadas ha dado origen a experimentos más innovadores en la literatura, la ópera y el teatro, así como en el cine, la televisión e internet, que dejan a la vista el fraude de las producciones corporativas.

Zipes repite una y otra vez, de uno u otro modo, la siguiente idea a lo largo de los capítulos que componen su libro: “La ironía de la evolución cultural del cuento de hadas es que surgió a partir de la necesidad humana y aún estamos tratando de determinar por qué sigue siendo tan irresistible y necesario”.

En el capítulo III “La remake de “Barba Azul” o el adiós a Perrault” Zipes, entre  todos los cuentos de hadas existentes y de todas las películas que narran las historias de los cuentos de hadas elige Barba Azul de Perrault y la remake de Breillart  para ejemplificar qué es una remake. Así, se propone analizar Barba Azul de Breillart como remake fílmica con el objetivo de comprender la forma en que los cuentos orales y literarios han interactuado con los nuevos medios en una larga tradición histórica para llegar a formar un discurso de cuentos de hadas que se refiera a cambios en modales, actitudes y valores.

Concluye este capítulo señalando que la película de Breillart marca un punto de inflexión para la forma en que se considera hoy el cuento de hadas y a su discurso cultural  más amplio sobre los asesinos en serie  y la curiosidad femenina. La remake que ha hecho Breillart revoluciona la tradición memética de los cuentos de Perrault de una manera que es consistente con las actitudes modificadas respecto de las mujeres de fines del siglo XX y comienzos del XXI.

En el capítulo IV “La bruja como hada/ el hada como bruja: las insondables Baba Yagas” la figura de Baba Yaga le posibilita a Zipes acercarse a una imagen femenina que le permite acercarse a un estereotipo que recorre las narraciones desde los mitos hasta la actualidad. El cuento de hadas, irresistible e inexplicable, no puede explicarse ni siquiera en parte a menos que tratemos de establecer conexiones con ritos y costumbres antiguos referentes a transformaciones mágicas, brujas y hadas. La evolución del cuento de hadas solo puede comprenderse si estudiamos las referencias explícitas e implícitas a los dioses, parcas y hadas del mundo pagano, porque su importancia simbólica aún está con nosotros.

Aunque no hay evidencia absoluta de que todas las brujas y hadas de Europa Occidental y Oriental deriven de creencias y ritos paganos, existe una considerable certidumbre de que Baba Yaga es una amalgama de diversas deidades paganas que sufrieron una transformación gradual en el período grecorromano y la Edad Media.

Por su parte, el capítulo V “Cuentos de inocentes heroínas perseguidas y sus ignoradas narradoras y recopiladores” el autor repara en que los cuentos de hadas contados y reunidos por mujeres ofrecen otros mundos que cuestionan las concepciones dominantes del patriarcado tradicional.

En este capítulo se centra en las mujeres ignoradas como cuentistas, recopiladoras y personajes de los cuentos. Se trata de cuatro cuentos diferentes sobre mujeres perseguidas, recopilados por narradoras y escritoras ignoradas, son historias sobre violación, muerte e inanición, intento de asesinato, maltrato físico y psicológico e incesto. Zipes indica que nuestras nociones de los cuentos de hadas que incluyen los cuentos folclóricos orales han sido determinadas en gran medida por las colecciones de Perrault, los hermanos Grimm y Andersen, por no hablar de Disney.

Llegados al capítulo VI, titulado “Giuseppe Pitré y los grandes recopiladores de cuentos folclóricos del siglo XIX”  vemos cómo la figura de Giuseppe Pitré atrae profundamente a Zipes. Aquí sostiene que teniendo en cuenta que el enorme progreso realizado en los estudios de folclore y en la etnografía en el siglo XX ha quedado paralizado en el siglo XXI, uno de los más excepcionales entre los folkloristas europeos y estadounidenses del siglo XIX, Pitré, fue ignorado hasta hace muy poco.  Es por esa razón que se propone abordar su vida y obra con el objetivo de demostrar que es un representante ejemplar de esos folcloristas eruditos, instruidos y dedicados que trataron de hacer usable el pasado, para que podamos aprender algo sobre nosotros mismos. A Pitré no le interesaba solamente revivir el pasado, quería dotarlo de sentido para el presente.

Ya concluyendo, en el último capítulo “Choques de cuentos de hadas o la explosión de un género” Zipes señala que desde el siglo XIX hasta la década de 1960 los artistas visuales en general celebraron el optimismo opulento y extraordinario de los cuentos de hadas en obras diversas: pinturas, esculturas, ilustraciones, dibujos animados y películas. Sin embargo, sus visiones optimistas dieron un vuelco romántico en los últimos cincuenta años. Los artistas contemporáneos han enfocado los tópicos de los cuentos de hadas desde una perspectiva crítica y escéptica, con el propósito de perturbar a los espectadores y recordarles que el mundo está dislocado y que estos cuentos no ofrecen una alternativa para la gris realidad. El choque de los cuentos de hadas surge, en su opinión, de los conflictos de la década de 1960, cuando los movimientos antibélicos y de defensa de los derechos civiles, seguidos por un resurgimiento del feminismo y de las reformas educacionales y políticas, llevaron.

Zipes expone que ha notado dos tendencias principales en las recreaciones y choques de cuentos de hadas en las últimas décadas. La primera, lo que llaman hacer una remake y recrear cuentos clásicos. La segunda, mosaicos en conflicto, consiste en pinturas, esculturas y fotografías que se basan en una selección de fragmentos de cuentos de hadas para evocar una sensación de asombro o bien de desconcierto. Las imágenes parecen de otro mundo, extraños y exuberantes. No se asocian con el cuento de hadas en particular; son cuentos de hadas en sí mismos. La mayoría no evoca utopías ni promete la felicidad. Son simplemente alteridad o mundos de extrañamiento. El 70% de los artistas que se han profesionalizado en Inglaterra desde mediados de los ´80 son mujeres.

Luego de los siete capítulos, dos apéndices cierran el libro: el apéndice A “Erudición sensacionalista: una “nueva” historia de los cuentos de hadas” en donde Zipes critica la obra de Ruth Bottigheimer, señalando que la autora en Orígenes de los cuentos de hadas, difusión de los cuentos de hadas y teoría literaria folclórica (2005) descarta la tradición oral como fuente de los cuentos de hadas literarios y proclama que Straparola es el primer inventor del género. Zipes considera que la “nueva” historia de los cuentos de hadas de Bottigheimer solo puede considerarse “erudición” sensacionalista.

Por último, el Apéndice B “Erudición reduccionista: una “nueva” definición del cuento de hadas” es donde Zipes critica la obra de Willem De Blécourt, manifiestando  que este autor intenta “sacudir” a folcloristas y especialistas en cuentos de hadas del mundo entero para que reconozcan que sólo él (y no Bottigheimer) sabe cuándo comenzaron a existir los cuentos de hadas y sólo él puede determinar la “verdad” de la historia del género

Finalmente y casi a modo de conclusión, Zipes culmina este apéndice y su libro, preguntando: ¿De dónde provienen todos estos cuentos sicilianos, franceses y de Europa Oriental? Ciertamente no provienen de libros, y no obstante los libros pueden haber tenido algún rol en su desarrollo. Todavía resta mucho trabajo por hacer si queremos captar el motivo del surgimiento de los cuentos de hadas y de su persistencia. Solo los investigadores sensatos con objetivos modestos nos permitirán comprender la naturaleza irresistible e inexplicable de los cuentos de hadas, que aún requiere explicación e interpretación.

 

(Actualización noviembre 2014 - febrero 2015/ BazarAmericano)




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646