septiembre-octubre 2017, AÑO XI, Nº 63

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¿Quién de nosotros será Erdosain?
Teatro de operaciones, de María Pia López, Buenos Aires, Paradiso, 2013

Teatro de operaciones contiene un universo. O lo construye, con material existente en el universo palpable. En esta tercera novela de María Pia López confluyen voces, miradas, costumbres, manifestaciones culturales y referencias históricas que se apilan como fragmentos de la Argentina rioplatense.

            Teatro de operaciones contiene un universo pero no es un Aleph, “uno de los puntos del espacio que contienen todos los puntos”; es, en realidad, todos esos puntos que se integran, pero también se fracturan, se expanden y se redefinen en todas las historias que son a la vez una. Lo opuesto a un Aleph: un rizoma.

            El hilo conductor del argumento es la organización de un montaje, una performance de Los siete locos de Roberto Arlt, que implica una serie de peripecias que demoran y aún interrumpen, el proyecto. La narradora tiene intereses creados en esa organización: quiere (al igual que sus compañeros) que le asignen el personaje de Erdosain.

            Además del reparto de roles, el otro eje que preocupa a la organización es el financiamiento del proyecto. Esto genera un giro policial en la trama, ya que entre los planes para adquirir divisas están el secuestro de la perra Jazmín para cobrar rescate a su célebre dueña, y el robo de un manuscrito de Borges para falsificarlo y venderlo como original a los coleccionistas.

            El desarrollo de esta historia libera en su avance hilos que entretejen nuevos argumentos, pero también postulados sociológicos, históricos, literarios, estéticos y políticos. Proponer un orden para este entramado, para esta red de derivaciones, es un proyecto que linda la herejía. El sentido de esta novela se construye precisamente a partir de su escritura rizomática. No obstante, pueden intentarse algunas anotaciones que, por no pretender ser universales, ni centrales, ni absolutas, quedan a salvo de la hoguera.

           

            Nota I: La narrativa avanza como probando discursos, que pueden verse desde la incursión en aspectos tanto genéricos como lingüísticos. La aparición de modos del policial al momento de narrar el robo del manuscrito borgiano se entrevera con ciertas reminiscencias del discurso disciplinar de la organización político militante: “El teléfono transmite la peor noticia: Sebastián cayó. (…) Depende, todo, de lo qué revele nuestro amigo encarcelado o de cuánto tiempo nos dé antes de contar”.

            A partir del tópico Cartas se da lugar, por un lado, a la aparición de textos ligados a la astrología, expuestos con rigurosa terminología científica, que vaticinan el futuro a la narradora; por otro lado, el discurso amoroso que se cuela, conviviendo con el político programático, en las cartas que se envían la narradora y su pareja, que se ha ido a vivir a Uruguay.

            Otra marca genérica de este aglomerado es el relato de los taxistas. Narraciones frescas que van desde reconocibles mitos urbanos hasta impredecibles postulados sobre la vida y el oficio mismo de llevar gente de un lado a otro. Los taxis como espacio público componen un escenario importante en la acción de la novela y la figura del taxista se vuelve personaje, a veces principal. Ese espacio funciona de manera metonímica en relación a la ciudad, que se presenta además metafóricamente como el escenario en el que todo es posible, como el teatro de todas las operaciones: “es la urbe de la memoria, o mejor las ciudades de las memorias,  porque son varias, superpuestas, palimpsésticas”

            El predominio de la primera persona en el armado de la narración no impide la incorporación de otras voces que aparecen, ya sea en discurso referido; o en directo, en el caso por ejemplo de las cartas; o en una suerte de indirecto libre, a partir del uso de expresiones que se identifican con otros relatos. La elección de las palabras nunca es un gesto ingenuo, pero en algunos casos los términos parecen subrayados desde una lectura local. Así, expresiones como “focos de guerra”, “se hacen los rulos”, “y que los eunucos bufen”, “te obligará a elegir entre caminos que se bifurcan y no precisamente en un jardín”, “ningún niño nace para zombie”, “¡Hay cadáveres!”, entre otras,  permiten reconstruir su contexto de origen y hacer asociaciones por fuera de la estricta narración. Algo parecido sucede con los eufemismos que refieren a personajes de la historia y la cultura argentina: “el nunca premiado con el Nobel”, “el centro de la literatura argentina y la dirección de la Biblioteca Nacional”, “el ciego”, “el viejo bibliotecario”, para hablar de Borges, por caso.  Pueden rastrearse también numerosos  neologismos: “me desconversa”, “quejosidades”, “cegueríficas”, “quilombificar”, y operaciones curiosas respecto del orden sintáctico en algunas expresiones: “Caminar mientras llovizna quiero”. El efecto que produce esta suerte de muestreo se condice con la hipótesis general subrayando su carácter oximorónico: es el todo absoluto y al mismo tiempo, su fragmentación, su deriva.

            Nota II: los  hilos que la trama libera tejen un mapa socio cultural, encabezado por la disputa (irreverente) entre el reinado de Arlt o el de Borges en las letras argentinas. La disputa se convierte en un objetivo colectivo y, así como la narradora y sus compañeros se organizan en pos de la victoria arltiana, grupos de ciegos (o de personajes que dicen serlo) militan en defensa de la figura de Borges. La pelea tiene muchas batallas pero se destaca la que llevan a cabo por correspondencia  la narradora y su (ex)pareja, que define además el posicionamiento político que subyace a cada argumento. La defensa de Borges habla desde el exilio en Montevideo, y defiende al escritor desde un riguroso, ordenado y explícito antiperonismo, reconstruyendo una figura mítica de la política argentina. Desde Buenos Aires, la resistencia enarbola el nombre de Roberto Arlt como el escritor populista y representante de la identidad nacional. En plan de echar a rodar todos los bronces, se sugiere incluso la implicancia de Borges en el caso del robo de las manos de Perón.

            Los campos de batalla de estas discusiones: diálogos entre personajes, micro relatos, postulados sentenciosos, son tierra fértil para que la raíz se apoye y haga crecer otra cuestión nacional. Así, se puede ir leyendo acerca de Bioy, de los lectores de Bioy, de Macedonio, de David Viñas, Walsh, Diana Guerrero, José Amícola y su libro sobre astrología y fascismo en Los siete locos, el Gauchito Gil, Sábato, Cortázar, Güiraldes, Oesterheld, Xul Solar, Pettoruti, del cine francés versus el cine norteamericano, la universidad, la poesía, el teatro, la lectura, el canon, y podría seguir, como un rizoma.

            La novela puede leerse en clave de relato desopilante: de algún modo lo es. No obstante está plagada de afirmaciones que, como sentencias, trazan la dramaturgia de la historia cultural de la Argentina, pintan su escenario y reparten los roles. La historia narrada deja a su paso un reguero de hipótesis que dan cuenta de un mundo y construyen otro, caótico, a imagen y semejanza. Cada situación planteada abre la puerta hacia otra y otra y así, en continuo, articulando una suerte de laberinto sin centro ni límites en su multiplicación, una suerte de bestia jorobada que le escupe sus verdades al orden y al control.

 

(Actualización septiembre – octubre 2014/ BazarAmericano)

 

           

 

                        




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ISSN 2314-1646