septiembre-octubre 2017, AÑO XI, Nº 63

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La literatura como pasto narcótico
Diario de la hamaca paraguaya, de Lila Zemborain, Rosario, Beatriz Viterbo editora, 2014

El “flujo de conciencia” fue el término que el psicólogo William James, hermano de Henry utilizó para definir el continuo fluir de pensamientos e imágenes que discurren por la mente humana. Los críticos tomaron esa expresión para describir el registro narrativo que intentaba retratar ese proceso en los relatos de autores como James Joyce o Virginia Woolf. En El arte de la ficción David Lodge dice que “No cabe duda de que este tipo de novela tiende a provocar simpatía con los personajes, cuyo ser interior está dispuesto a la vista, por mas vanidosos, egoístas e inmobles que puedan ser ocasionalmente sus pensamientos, o, para decirlo de otra manera, la inmersión continua de la mente de un personaje totalmente antipático sería intolerable tanto para el escritor como para el lector”

Diario de la hamaca paraguaya de Lila Zemborain se inscribe dentro de esta tradición. En los 18 relatos la narradora usa dominantemente el monólogo interior para dar cuenta de su visión del mundo. “Patria” comienza con la frase: escribo para no pensar. Sin embargo el trabajo que Zemborain hace en este –particular– diario es escribir lo que piensa. También a veces lo que dice y lo que dicen otros. Un universo donde se indaga sobre la percepción de lo pinchudo, una lapicera se apuna, se sostiene la creencia de que todo es hiperbólico, se insiste en ubicar a Clarice Lispector como faro conceptual, estético e ideológico, una madre odia que su hija le dedique un poema sobre sus tejidos y la naturaleza parece filtrarse en el cuerpo como si fuera un haz de aire radiante.  Un amplio abanico, pero presentado en pequeñas dosis.

El recurso del monólogo interior no es nuevo, pero a veces, para romper con el curso literario en el que parecen inscribirse las narraciones actuales hay que hacer algo que ya se hizo. Con una prosa que siempre parece discurrir, como si no tuviera obstáculos, como si escribir (bien) fuera sencillo o automático. Así, el libro logra rápidamente una identificación con el narrador. Su caja de herramientas es amplia. En “Dafne” por ejemplo aparece una cierta sombra nietzscheana cuando se dice: “Me pararé frente de una planta y le preguntaré su nombre y cuando sepa la respuesta la consignaré en la espesura de palabras que me abruma”. En su peor verano Nietzsche escribió un vigoroso texto donde sostenía que el lenguaje se rige bajo una norma: igualar lo desigual. El solo concepto de hoja sirve para nombrar a millones de hojas. Este principio económico del lenguaje es contra el que parece tratar de luchar Zemborain. Su núcleo temático es una desigual batalla entre experiencia y palabras. Queda claro cuando en “Motilidad” se afirma que “hay que aprender los límites, pero a la vez, no querer que todo sea como si hubiera límites. Los ojos revelan permanentemente el descontrol, es algo cotidiano (…) lo que no se puede ver causa una deficiencia, (…) es una pantalla más que interfiere entre el modo de ver la realidad y la realidad misma.”

Hacia el final Lila Zemborain dice que la hamaca paraguaya es el único lugar para leer a Clarice Lispector. ¿Cuál sería el único lugar para leer Diario de la hamaca paraguaya? La tentación de caer en la literalidad del título es grande. Pero quizás y para actuar de manera antagónica el mejor lugar sea un subte. Un lector bajo tierra rodeado por la humedad de los cuerpos olientes, hastiado de su rutina, acorralado por demandas y fantasmas. Ese lector no podría dejar de sentir sana envidia al ver esas páginas que le muestran un mundo mejor, no menos sintomático, pero si más limpio y luminoso, un paraíso hecho de palabras e imágenes. La armonía de la prosa de Zemborain provoca la misma calma que una melodía spinetteana. Eso que también la narradora define al hablar sobre las vacas que “no son agresivas, comen pasto, y el pasto tiene un efecto narcótico, y por eso las vacas son pacíficas, rumiantes, el hecho de rumiar el pasto es lo que tiene el efecto narcótico.” Este libro nos invita a rumiar sus palabras, no a hacer una lectura voraz, compulsiva, sino serena y hasta casi distraída. 

 

(Actualización septiembre – octubre 2014/ BazarAmericano)




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646