septiembre-octubre 2017, AÑO XI, Nº 63

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Curitiba 1944-1989
Ensaios e anseios crípticos, de Paulo Leminski, Campinas, Ediciones UNICAMP, 2012

i.

Este año se vivió en Brasil un impresionante boom Leminski. La edición de su poesía completa hecha por la Companhia das Letras (de criterios arbitrarios y polémicos, por cierto: supresión de las fotos de Jack Pires que acompañaban / complementaban los poemas de su primer libro, Quarenta clics em Curitiba, supresión de poemas, disposición cargada de la página, escasas notas bibliográficas, entre otros) y lanzada en febrero de 2013 vendió en su primer mes y medio de vida en la calle más de 20 mil ejemplares. El ejemplar al que yo llegué, hace ya cuatro meses, pertenece a la octava reimpresión. Y las reposiciones se suceden. Estamos frente al increíble éxito de una obra poética completa: no hay términos de comparación en la Argentina.

A fin de año llegó Vida: reunión de las tremendas biografías que Paulo Leminski escribió en los ochenta (sobre Cruz e Sousa, Bashô, Jesucristo y Trotski) y que ya habían sido reunidas en dos ocasiones (1990 y 1998) pero que la Companhia das Letras lanzó como un hecho de justicia poética, reparo de la memoria. La estrategia fue similar al suceso de Toda Poesia: colores llamativos del orden de lo flúor-metálico en las tapas, recuperación icónica del universo Leminski (el bigote, una flor), llamado a lo definitivo de la producción leminskiana. Alice Ruiz, su viuda y albacea, dice, como al pasar, en el cierre de Toda Poesia: “todavía falta trabajar en la prosa dejada, los cuentos, ensayos y una novela”. Hay Leminski para rato, entonces.

Algo similar se espera ocurra con la obra completa de Ana Cristina César, lanzada en estos días también por la Companhia das Letras y con los mismos trazos de edición: colores llamativos, recuperación de la figura maldita del poeta, utilización del universo retro pop. Los lectores de la llamada poesía marginal brasilera de los setenta son ahora profesores, editores, dueños de la palabra crítica. Ya están establecidos. Por eso la Companhia das Letras juega seguro y apunta a la masividad. Como la mayoría de las vanguardias, los marginales de hace unas décadas son las figuras pop de hoy, recuperadas en muestras (Múltiplo Leminski, su muestra retrospectiva, es un éxito, también, que un año después de inaugurada se define itinerante y recorre todo el país), stencils en la calle o en las remeras de los chicos bien con aires de hipsters del primer mundo. La poesía, hecho inédito, está vendiendo -bien y mucho- en Brasil. Y eso merece, en cierta medida, su justa celebración.

 

ii.

Leminski es un poeta que la rompe. Y genera eso: apólogos y detractores. Los epítetos de Haroldo de Campos siguen resonando: el Rimbaud curitibano, el políglota parroquiano cósmico, el samurái malandro quien, como dijo Caetano, unió el concretismo con los beatniks y supo hacer del haiku una posibilidad de la publicidad (o viceversa). Para salir de ese espacio del fanatismo podemos pasar por el Catatau, esa extensa narración maconhera del posible viaje y desembarco de Descartes al norte de Brasil, novela-río joyceana concreta, prosa experimental, Grande Sertão post vanguardia paulista, o por Envie meu dicionário, reunión de cartas-críticas-poemas enviadas a su amigo y poeta Régis Bonvicino, espacio hermoso de la amistad y la literatura, con una genealogía de su construcción como figura erudita pop, o también por los ensayos reunidos en Ensaios e anseios crípticos publicados por primera vez en 1986 y con sucesivas reediciones aumentadas, de las cuales la última, de fines de 2012 realizada por la editorial de la UNICAMP, quiero ocuparme ahora.

 

iii.

El prólogo del libro es un poema. El segundo texto, también. El tercer texto, ya prosa, se echa contra la división del trabajo: la reflexión sobre la praxis literaria, afirma tajante Paulo Leminski, no debe estar reservada a los críticos. Hacer poesía es un acto problemático, a ser pensado, desautomatizado, algo a ser inventado desde la base, enigma y no certeza. Nunca se sabe dónde está la poesía, ni adónde va, aclara. Sin embargo, se detiene y sentencia: “La maldición de pensar hizo sus víctimas: en mi generación, vi muchos poetas transformarse en críticos, teóricos, profesores de literatura”. Este libro será, así, una tentativa de pensar la poesía desde la poesía, deseando quedarse en su espacio y no pasarse a lo que él juzga el bando enemigo. Por ello, gran parte de los textos del libro, como “Variaciones para silencio e iluminación”, son series de poemas.

Va a decir: la forma ensayo no está reservada a la prosa. Poema-ensayo, poema-pensamiento: en ese deslizamiento se juega Leminski. Y ya lo había hecho antes: la biografía del poeta simbolista catarinense descendiente de esclavos, Cruz e Sousa, se cierra con un poema que confunde y pierde la identidad (“eu sou Cruz e Sousa”), las cartas a Régis Bonvicino, narraciones de lo cotidiano con un poco de ensayo poético-cultural y otro poco de poemas intercalados, están escritas en verso. Paulo Leminski rompe con los límites impuestos al decir en el espacio del poema. Décio Pignatari le advirtió, en 1976, que estaba cayendo en el provincianismo. Eso lo perturbó lo suficiente -a juzgar por el tiempo que le dedica en varias cartas- como para encontrar en esa negatividad su fuerza: la literatura menor, la irreverencia del escritor sudamericano que quiso Borges. El poema se abre. Y el ensayo, también.

Esto no es un ensayo, parece afirmar Paulo Leminski. Son ensayos y ansias y angustias: ahí encuentra el curitibano la potencia de la poesía: no poder parar de decir. Y ahí, entonces, la forma se rompe y el ensayo deviene poesía y la poesía se manifiesta como un ensayo.

 

iv.

La estructura del libro divide el corpus en tres partes: las nociones teóricas a partir de las cuales Leminski pensaba y escribía su poesía, los textos prácticos: análisis concretos de textos, autores y obras, y manifiestos, proclamas y poéticas construidas a lo largo de su producción.

El arco de lo abarcado es enorme: poesía negra, las drogas y sus épocas, el arte inútil, el mercado y el arte, el último show de Dylan con The Band, la poesía marginal de los 70, lo bello y lo nuevo, el cielo y la escritura, la música de la interrogación, la basura en la posmodernidad, la forma y el poder, la normalidad del lenguaje periodístico / naturalista, el sexo, el trabajo y la represión, la influencia colonizadora jesuita en el devenir cultural de Curitiba, el lector de poesía, la fotografía y el haiku, Caetano, Sartre, el título del poema, el portugués que se habla, el de la periferia, las ciudades y las ruinas, los peligros y las tentaciones de publicar, la imaginación, Lennon, Beckett, el latín y el Satyricón, Joyce, Mishima, el humor, Ferlinghetti, Jarry, Whitman, Maiakovski, la escritura de los sertones, el misterio, el concretismo, Guimarães Rosa, Dante, Rimbaud, Brecht, las Galaxias haroldianas, la información masiva, la cultura japonesa. Y esos son sólo algunos de los tópicos. Leminski expone su erudición, la pone a danzar en el espacio del ensayo y del poema, en una escritura las más de las veces sumamente accesible. Tanto, que no deja de enunciar consignas poético-políticas todo el tiempo: La palabra es, esencialmente, política. Por lo tanto, ética. / No hay substituto para la Historia. Ella es el Lugar Absoluto. / La poesía no es (sólo) literatura. / La vanguardia es el clasicismo del siglo. Estamos condenados a innovar. A inventar. / Existe alguna cosa en el lenguaje que no es materia. / La fiaca es la vanguardia. / Pero la vida puede más que la literatura. / Una ciudad se lee con la vida. / Poesía, al final, no tiene sinónimo.

El discurso de Leminski de estos ensayos es guiado por el mismo movimiento que él marcó para uno de sus libros, el de los caprichos y el de la calma, el del violento slogan publicitario y el de la reflexión perezosa. En su voz encontraremos una de las más atractivas bienvenidas a la poesía brasilera contemporánea.

 

 

(Actualización noviembre - diciembre 2013. enero – febrero 2014/ BazarAmericano)

 

 

 

 




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646