noviembre-diciembre 2017, AÑO XI, Nº 64

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La tigresa de Aberystwyth
El hombre cuya mano izquierda creía que era un pollo, de Tiffany Attkinson, Buenos Aires, Gog y Magog ediciones, 2013. Selección y traducción de Inés Garland y Silvia Camerotto.

Aunque parezca un resultado obvio de la lectura, es llamativo el modo en que un poeta que antes no aparecía en nuestro horizonte mental se vuelve de repente una referencia relevante, e incluso más que eso: una máquina funcionando en algún lugar del país o del mundo, de la que uno espera nuevos poemas, un nombre incorporado a una especie de catálogo virtual de la atención que se activa como un radar cada vez que uno mira libros en cualquier lugar que pise. Por suerte, Tiffany Atkinson (Berlín, 1972) ya ingresó a mi catálogo.

El hombre cuya mano izquierda pensaba que era un pollo es, además del título de un poema excepcional que muchos de nosotros hubiéramos querido escribir, el título que Gog y Magog eligió para esta antología que recopila textos de los dos únicos libros que Atkinson publicó hasta el momento: Kink and Particle (2006) y Catulla et al (2011). Textos que se presentan, además, en una traducción compartida: Inés Garland traduce los poemas correspondientes al primer libro y Silvia Camerotto los del segundo.

Me arrepiento de no haber escuchado a Atkinson el año pasado, cuando vino como invitada al XX Festival de Poesía de Rosario. Llegué un día tarde. Me arrepiento porque mientras leía los poemas de este libro necesitaba poner a prueba mi escucha imaginaria, necesitaba ver esa “caligrafía tonal” –diría Ana Porrúa– que aparece en la puesta en voz de un poema. Pero no es para preocuparse: hay un video en internet (en el canal Poets and Players de youtube) en el que se ve a Atkinson leyendo de pie, con micrófono y atril, ante un público que nunca se muestra, algunos de los poemas que aparecen en esta antología. Habla con un acento marcado y a veces se apura, explica cosas, se ríe, toma un poco de agua, tose y pide disculpas. Cuando lee sus poemas, lo hace con una lentitud y una seriedad que interrumpe para copiar la entonación de algunos enunciados “ajenos” o de ciertas expresiones que aparecen en los textos. La clave de la lectura está en la forma en que su dicción meticulosa destaca palabras o sintagmas, se acelera en algunos pasajes y se desacelera en otros para poner énfasis en ciertos puntos, como si el poema subiera y bajara a la manera de esos histogramas que se publican en informes estadísticos.

Esta “performance” enseña mucho sobre la poesía de Atkinson. Es cierto que Kink and Particle y Catulla et al son dos libros y proyectos diferentes, pero también es cierto que en El hombre cuya mano izquierda pensaba que era un pollo, esa diferencia está desdibujada por la forma antología, que expone más una continuidad que un hiato; la continuidad de lo que podría llamarse, siguiendo ese manual para la lectura de un poema que redactó Terry Eagleton, un “timbre” –el “carácter distintivo de una voz”, “la firma o sello distintivo de un poeta”–, el timbre Atkinson, conformado por rasgos heterogéneos: comienzos abruptos (el poema siempre parece haber empezado antes, en el título o incluso más atrás); versos largos que alternan con otros versos cortos y contundentes en los que se hace una especie de síntesis o afirmación que condensa muchísimo sentido; esos “injertos coloquiales” que aparecen como destellos o ese giro del poema hacia un registro más informal; unas imágenes potentes; una sintaxis rápida, filosa, en momentos elíptica, y un tono aséptico y al mismo tiempo escéptico que se regodea con la mordacidad (“Café, Martes A.M.”, “Querida Kate”), el absurdo (el poema que da título a la antología), la ironía o el sarcasmo (“La atracción mayor”, “Balada para tres”) y que contamina todo, incluso esos “poemas de amor” como “Amor a los huesos” o “Basia Mille”.

Hablar justamente de “Basia Mille” obliga a hacer una mención rápida de Catulla et al, ese libro en el que Atkinson relee y adora a nuestro contemporáneo del siglo I a.C.: Catullus, es decir, Catulo. En “Basia Mille” se escucha el eco del Poema 5 de Catulo: “Vivamos y amemos, Lesbia mía,/ y los rumores de los ancianos más severos/ todos nos importan un bledo”. Catula dice:

  

  “Mientras tanto besáme en la cola del supermercado

y dejá que las tensas bocas murmuren–

 

los escándalos son para los neuróticos y ellos viven

de los pequeños cambios”.

 

El veronés aparece en el fondo de varios poemas, es como una sombra estilística que cruza estos textos, pero sin embargo se metamorfosea en otra cosa. Como la misma Atkinson lo explicó una vez: “En los poemas de Catulla (en la primera parte del libro) tenía la esperanza de plasmar tanto la irreverencia como la intensidad lírica del poeta romano Catullus para crear un agridulce discurso de los amantes contemporáneos, manteniendo incluso la rareza que provoca la lectura de textos tan antiguos. Me gusta ese sentido de dislocación y familiaridad, todo al mismo tiempo: te hace ver las cosas cotidianas de modo diferente, como parte de una estructura mayor. Los poemas, que surgen de un híbrido entre la Antigua Roma y la contemporánea Aberystwyth no son adaptaciones o traducciones sino más bien una especie de homenaje a un poeta que admiro mucho y a un lugar que amo”. Ahí está expuesto el programa de Catulla, al que hay que sumarle ese et al, es decir, esa otra voz que Atkinson trae desde Kink and Particle.

Por último, hay algo que decir sobre la traducción: respetando esa política de la editorial Gog y Magog, las versiones que firman Garland y Camerotto están escritas  en  castellano o español –no discutamos eso ahora– rioplatense: presencia del pronombre vos, paradigma verbal de ese pronombre, selección léxica. No podría ser de otro modo, la decisión nos acerca a Atkinson y le da esa dosis de coloquialidad e informalidad que su poesía indudablemente tiene. Sin dudas es difícil reescribir la sintaxis y la compacidad del verso inglés con el castellano, que se expande siempre en pronombres o preposiciones, pero la Atkinson de Inés Garland y Silvia Camerotto es tan punzante como formalmente compleja, ataca igual en inglés que en castellano: habla de Aberystwyth pero al mismo tiempo está entre nosotros, sentada con su máscara de Lesbia en alguna casa de Argentina.

 

 

 

(Actualización noviembre – diciembre 2013. enero – febrero 2014/ BazarAmericano)




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646