septiembre-octubre 2017, AÑO XI, Nº 63

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Una "aventura de la sensibilidad": Rio de Janeiro, fin de siglo XIX
Belle époque tropical. Sociedad y cultura de élite en Rio de Janeiro a fines del siglo XIX y principios del XX, de Jeffrey D. Needell, Bernal, Universidad Nacional de Quilmes, 2012. Traducción de Lila Mosconi

“O estudo da história íntima de um povo tem alguma coisa de instropecção proustiana (…) Estudando a vida doméstica dos antepassados sentimo-nos aos poucos nos completar: é outro meio de procurar-se o ‘tempo perdido’. Outro meio de nos sentirmos nos outros –nos que viveram antes de nós; e em cuja vida se antecipou a nossa. É um passado que se estuda tocando em nervos; um passado que emenda com a vida de cada um; uma aventura de sensibilidade, não apenas um esforço de pesquisa pelos arquivos” (Gilberto Freyre. Casa Grande e Senzala. Introdução à história da sociedade patriarcal no Brasil.)

 

Belle Epoque Tropical, de Jeffrey Needell, es una referencia obligatoria para cualquier interesado en entender los engranajes, las tensiones y las diversas líneas ideológicas que contribuyeron a la constitución de una cultura nacional en el Brasil del siglo diecinueve. Se trata de un trabajo monumental y exhaustivo de investigación que parte de las reformas urbanas que se realizaron en la ciudad de Rio de Janeiro en el cambio del siglo y que encarnaron el espíritu de la belle époque carioca (1898-1914), para luego inmiscuirse en un análisis minucioso e íntimo de la élite carioca a través de sus instituciones y acabar dándonos un retrato detallado de la sociedad de la época.

Según Needell, la belle époque de Rio de Janeiro sólo puede entenderse a partir de una tensión entre conservadurismo y reformismo, o entre continuidad colonial y dinamismo metropolitano. El año 1898, que marca su comienzo, implica el inicio de una era de reformas radicales en Río de Janeiro, tanto en la configuración urbana de la ciudad como en la cultura que la acompañó. Sin embargo, este es el año en el cual       –tras un corto período revolucionario en el que las élites urbanas y reformistas habían luchado sin éxito por el poder–  asciende Campos Sales y, con él, triunfan las élites agrarias y regionales más conservadoras del país produciendo una reafirmación de las estructuras de la sociedad colonial. ¿Cómo puede entenderse esta tensión entre las profundas reformas ­que se pensaban como un avance en la consolidación del país en su independencia y en su “camino hacia la civilización” y una continuidad colonial persistente? Para analizar este problema, a lo largo del libro se van relacionando dos ejes de análisis: por un lado la relación entre cultura y colonialismo y, por el otro, el modo en el que esta relación se manifiesta en la cultura urbana. Sin caer en una idea de pura dependencia cultural, el análisis apunta a descubrir la función que desempeñó la cultura de inspiración aristocrática franco-inglesa en la belle époque de Rio y el modo en el que se adaptó al contexto local. La investigación no se limita entonces a ser una pura constatación de influencias, sino que analiza la funcionalidad que la cultura europea adquirió y su proceso de transformación en tierras tropicales.

El estudio comienza sobre el aspecto más exterior y material: la reforma urbana que se emprende en Río. Sin embargo, se subraya que esta no puede entenderse fuera de un contexto ideológico particular. El análisis de una de las expresiones más emblemáticas de esta reforma, la Avenida Central, es ejemplar en cuanto al modo en el cual el texto busca desentrañar ideología y diseño material. Detengámonos un instante en este caso. Así como en París se habían destruido los barrios proletarios con la construcción de las grandes avenidas haussmanianas, este bulevar atravesó y destruyó el entramado laberíntico de calles que constituía la “cidade velha” colonial. En París, estas grandes avenidas heroicas terminaban en grandes monumentos celebratorios que cautivaban la vista del espectador ofreciendo una perspectiva triunfal. En Río, este rasgo se repetía con dos extremos ocupados por monumentos que, sin embargo, no alcanzaban a dominar la perspectiva. El espectador no podía evitar mirar “más allá” de ellos, hacia un horizonte más vasto: de un lado se entreveían los muelles y el interior cafetalero; del otro lado la mirada se perdía en los barrios residenciales de la élite y en el Pão de Açucar, sitio del primer asentamiento colonial y punto de partida hacia el Atlántico y, por lo tanto, hacia la metrópolis. Es decir, ambos extremos de la Avenida Central no cumplían con una de las funciones primarias del bulevar haussmaniano que era la de ofrecer una perspectiva tranquilizadora, segura y de promesa. En cambio, los dos extremos de la avenida ligaban la colonia de un modo simbólico a la metrópoli, de tal manera que la “fantasía de civilización” que representaba la Avenida construida bajo los parámetros franceses terminaba resultando –de un modo paradójico– en una reificación de las viejas estructuras coloniales. Este mismo proceso de análisis de descubrir viejas estructuras por detrás de una fantasía civilizatoria, lo lleva a Needell a resquebrajar las fachadas Beaux-Arts de los edificios construidos en la Avenida Central –si bien no los más importantes– para encontrar en sus interiores construcciones al estilo brasileño: sencillas y prácticas. Es decir, los parámetros europeos adaptados a tierras locales ocultaban ciertas estructuras que permanecían intactas –“un cuerpo brasileño con una máscara francesa”– y, más aún, que contribuían a consolidar los intereses y la perspectiva de la élite en la coyuntura local. Así, si para el Brasil del siglo diecinueve, “la civilización” era sinónimo de Francia e Inglaterra, el modo en el cual esta tarea “civilizatoria” se realizaba no dejaba de resultar paradójica, pues implicaba una reforma no sólo de índole material (de mejora de la estructura urbana) sino también una reforma simbólica en la que Brasil debía civilizarse en sus costumbres y sus hábitos urbanos, y en este aspecto usualmente se terminaban censurando (u ocultando) las realidades brasileñas sobre las cuales reinaba la élite.

Needell va desentrañando el modo en el cual este proceso ocurre en todos los niveles de la sociedad carioca. Así, el texto se va trazando en un constante vaivén entre un análisis de procesos históricos y de instituciones formales por un lado, y una reconstrucción minuciosa de los aspectos más íntimos e intelectuales de la vida cultural de la belle époque. A través de una investigación de archivo impactante, el texto va dando prueba de que todos los aspectos de la vida en sociedad se determinaban a partir de modelos de la aristocracia franco-inglesa:

“la socialización, la relación con sus dependientes y con sus pares tradicionales, la forma de vestir, de comportarse, de pensar, de comer, de hacer el amor y de concertar los matrimonios, los negocios y la política, las escuelas donde estudiaban, los clubes que frecuentaban, el entretenimiento que disfrutaban o procuraban, las casas y los edificios donde vivían y trabajaban, la sociedad que cultivaban (y el modo de cultivarla), la literatura que leían”

Este proceso que se evidencia en el análisis de la élite en la belle époque carioca –sostiene Needell– no puede ser pensado como una “re-europeización” –como lo había entendido Gilberto Freyre–, pues la idea de que Brasil reemerge en una esfera de influencia europea luego de un período de aislamiento colonial niega un proceso continuo, persistente y nunca del todo interrumpido. Por supuesto, nos aclara, con la llegada de la corte de Braganza a Brasil y con la apertura de los puertos en 1808, este proceso se intensifica y los modelos aristocráticos franco-ingleses adquieren un impacto mucho mayor –y por eso podemos hablar de su “apogeo”–; pero la continuidad de un orden neocolonial es fundamental para poder entender el contexto en el cual se inscriben los cambios culturales, socioeconómicos y urbanos de esta época. Es en este sentido que puede decirse que la “fantasía civilizatoria” tiene un alcance limitado pues, a pesar de que existieron cambios concretos y materiales (mejoras urbanas), las reformas dan cuenta de un movimiento progresista y, simultáneamente, conservador. El estatus de “fantasía” no deja de subrayarse a lo largo del libro. Por supuesto, esto proviene en gran parte del modo en el cual se entendía el concepto mismo de “civilización” como un ataque al “letargo tropical” y, con ello, a una cantidad de costumbres, estructuras y trazos culturales que ya a esa altura podían empezar a definirse como brasileños. Uno de los ejemplos que da Needell es el del carnaval, que se buscaba erradicar debido a que se veía como un residuo de la cultura africana y “bárbara” que avergonzaba a los miembros de la élite. De nuevo: el esfuerzo civilizatorio debe “esconder” un trazo de lo local para poder desarrollarse.

Siguiendo esta lógica se podría decir que la lectura de Needell sobre el modo en el cual la élite carioca adoptaba y adaptaba la cultura francesa al contexto local, concuerda con otros estudios sobre la cultura de la época, como por ejemplo,  Estilo Tropical. História cultural e polêmicas literárias no Brasil (1991)  de Roberto Ventura. Allí Ventura analiza la influencia que ejerció el discurso europeo de los siglos dieciocho y diecinueve sobre las razas y los climas cálidos en la literatura y en la crítica brasileñas. Según Ventura, estos discursos –oscilantes entre una visión utópica y una visión desencantada– habrían llevado a un autoexotismo que provocaría que el intelectual “periférico” adoptase una mirada antropológica y distanciada (“um olhar de fora”) con respecto a la realidad que lo rodeaba. Needell dice algo parecido cuando afirma que “los hombres de la élite eran algo así como colonizadores de su propio país”.

 

El modo en el cual procede Needell en su estudio al relacionar los aspectos más exteriores, materiales y palpables de las reformas de la belle époque –la reforma urbana por ejemplo– con las minucias y las historias de vida de cada uno de los personajes relevantes de la élite de la época (políticos, hombres de letras, etc), es significativo de lo exhaustivo que pretende ser en su estudio, pero –sobre todo– del tipo de trabajo con la historia que pretende hacer. El detalle que el texto brinda en cuanto al tipo de vida que tuvieron estos personajes –la educación que recibieron, los viajes que hicieron, las familias en las que se criaron, los libros que leyeron, los matrimonios que concertaron, las calles que visitaron, los clubes a los que pertenecieron o el apadrinamiento que lograron o no lograron– no es prescindible, puesto que es a través de estas marcas y detalles que puede leerse la penetración de la cultura de raigambre franco-inglesa en los ámbitos más íntimos de la élite carioca y que puede entenderse que su influencia no era puramente utilitaria e instrumental, a pesar de que haya servido para consolidar y sostener la posición de la élite en la sociedad carioca y para afianzar la dependencia cultural en el Brasil de esos años.

En las páginas finales de Belle époque tropical, Jeffrey Needell retoma su propio trabajo y lo compara con la experiencia de un viajero que visita “no solo una ciudad distante sino también una ciudad muerta.” Y luego aclara: “La Río de Janeiro que hemos analizado aquí ha cambiado profundamente desde entonces; su propia geografía fue devastada o remodelada, y solo los rincones más pobres o más preciados de la ciudad ofrecen a la mirada del historiador algunas edificaciones del siglo pasado”.

Al leer esta observación hacia el final del recorrido, uno no puede evitar agradecerle al autor de este viaje el haber reconstruido y compartido con el lector un paisaje ya inexistente con tanta minucia y de un modo tan extraordinario. Es que tal vez, el trabajo con las “migajas de la historia” –como dice el texto de Benjamin que cita Needell como epígrafe de su libro– tiene esta particularidad de hacernos recuperar algo del “tiempo perdido” que señala Gilberto Freyre en el epígrafe que yo elegí para esta reseña. Y es que aquí Needell es deudor de Freyre –tanto como de Benjamin– y sigue una tradición iniciada por este intelectual brasileño. En el epígrafe aquí citado se puede leer algo de lo que Belle époque tropical logra transmitir con el paisaje que nos presenta, pues ya no se trata  “apenas um esforço de pesquisa pelos arquivos”, sino de un trabajo en la intimidad de los detalles más insignificantes, de un estudio “tocando em nervos; um passado que emenda com a vida de cada um; uma aventura de sensibilidade”.

 

(Actualización septiembre – octubre 2013/ BazarAmericano)




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646