septiembre-octubre 2017, AÑO XI, Nº 63

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Conjeturas sobre un nómade
Rimbaud en Java. El viaje perdido, de Jamie James, Buenos Aires, La Bestia Equilátera, 2013. Traducción de Pedro B. Rey

La portada de Rimbaud en Java reproduce una de las célebres fotografías de Étienne Carjat que eternizaron al adolescente de Charleville en 1871, pero con un detalle: la cara está borrada. La intervención gráfica no es accesoria: pone en escena el enigma que, todavía hoy, rodea a la existencia de Arthur Rimbaud y es capaz de explicar, al menos en parte, la curiosidad e incluso la fascinación por su figura. Los otros motivos de este interés ya son harto conocidos. Con una precocidad increíble, y como contradiciendo esa sentencia de Ezra Pound según la cual “la maestría en cualquier arte es obra de toda una vida”, a sus veinte años Rimbaud le puso el punto final a su poesía completa: un libro de una madurez asombrosa, Una temporada en el infierno (1873) –el único publicado como tal por Rimbaud– que significó, lo ha señalado Bonnefoy, el “examen, hecho con desasosiego, de todas las empresas metafísicas emprendidas antes”, más otros poemas dispersos y un conjunto de textos en prosa inauditos, excéntricos dentro de la poesía francesa que, luego de circular por varios intermediarios –entre los que se cuenta, incluso, al medio hermano de la ex esposa de Paul Verlaine– aparecieron en 1886 bajo el título Illuminations en la revista parisina La Vogue. Rimbaud nunca vio esta publicación: en ese mismo momento se encontraba en suelo africano, conduciendo una caravana de hombres armados y camellos que transportaban 2.000 fusiles y 35.000 cartuchos que esperaba venderle a Ménélik, rey del Choa (venta que fue un fracaso).

África es el último territorio del Rimbaud nómade. Aunque  el  trabajo  lo  obligó a permanecer y  circular por  ese  territorio  durante  los  últimos  once años  de  su  vida –alternando con otro país como Yemen, y proyectando excursiones a regiones del territorio africano insospechadas para la mirada europea, como el Ogaden–, está claro que para Rimbaud el nomadismo significó un modo de existencia, una necesidad: basta, para comprobarlo, con reconstruir el fortuito derrotero geográfico que el poeta llevó a cabo desde sus 17 años, en el que se unen Stuttgart o Londres con Batavia. La necesidad del nomadismo, de la errancia como forma de conocimiento aparece expresada de modo manifiesto en una advertencia epistolar que Rimbaud le dirige a su familia en 1886, desde Adén, una ciudad que detesta: “no esperen que mi carácter sea menos bohemio, al contrario, si tuviera medios para viajar, sin tener que trabajar para ganarme la vida, no me verían dos meses en el mismo lugar. El mundo es inmenso y tiene regiones tan magníficas que ni la existencia de mil hombres bastaría para poderlas visitar (…) Me parece muy triste vivir siempre en el mismo sitio”.            

El libro de Jamie James gira alrededor de “un episodio relativamente breve” del Rimbaud nómade, el viaje al “punto más distante que visitó en su vida”: la isla de Java. Enlistado en el ejército colonial holandés por 300 florines, Rimbaud viajó a Java en 1876 pero dos semanas después de su llegada desertó. Pocos meses más tarde reapareció, casi como por arte de magia, en su casa natal. Como lo señala James: “Nada se sabe del paradero de Rimbaud desde el 15 de agosto de 1876, momento en que desaparece en Salatiga, hasta el día de Año Nuevo, cuando su hermana afirma que estaba de vuelta en la casa materna, en Charleville”. Este es el inicio y el motivo del libro: un vacío, una nebulosa, un agujero en la biografía del poeta francés más célebre del mundo. Y la respuesta de James será una conjetura, montada a través de documentos, testimonios, poemas, ilustraciones, fotografías y fragmentos de libros de la época que reconstruyen e imaginan el trayecto hecho por Rimbaud, el Oriente visto por sus ojos. Aunque James sepa que en el intento de reponer el hiato, la mirada hipotética está condenada al fallo o, mejor, a la invención: “Buscar puntos de correspondencia entre Rimbaud tal como lo conocemos, los lugares que visitó en Java y el año 1876 es como tratar de graficar un problema de álgebra con demasiadas variables. La única solución es asignarles valores imaginarios, lo que revela más sobre el algebrismo que sobre el problema. Desde una perspectiva moderna, el primer impulso consiste en extrapolar el pasado de Rimbaud, arrojarlo a una noche pegajosa de Salatiga para que se coloque en el fumadero de opio chino del mercado, hacerlo rondar los cruces de caminos en busca de sexo, como el estudiante moderno. Es la eterna tentación con Rimbaud hacer de él lo que uno querría que fuera, como una madre viste a su hijo para complacerse a sí misma”. Rimbaud en Java es, entonces, un libro que se pliega a la ambición biográfica pero al mismo tiempo la trasciende para delatar su dimensión imaginaria ­(durante un tiempo, el dato no es menor, James pensó a su libro como una novela, de la que desistió después para escribir este ensayo).

Luego de una introducción que funciona como una entrada crítica al estatuto excepcional de la poesía rimbauldiana y de Rimbaud como sujeto histórico, James construye un primer capítulo cautivante, el más extenso y el más documental. Es el centro del libro, el relato de un trayecto y de una fuga. Avanza desde el reclutamiento de Rimbaud –su descripción física hallada en un documento del Departamento de Guerra holandés produce, a pesar de la extrema parquedad, algo inquietante–, detalla la posterior   travesía   a   bordo   del  Prins  van  Oranje  desde  Harderwijk  hasta  Batavia –interrumpida por los desertores que se arrojaban al mar– y describe el arribo al paisaje exótico de Java, el traslado al campamento de Salatiga y la posterior deserción de Rimbaud. El último tramo del capítulo contrapone las diferentes hipótesis sobre su derrotero por la isla y su factible recorrido de regreso a Francia, hipótesis que compitieron por dar forma al relato más verosímil posible, en el que siempre aparece, sin embargo, una fisura, ya que “cuanto más se medita sobre la vida de Rimbaud, más parecería que el patrón de los acertijos que le salen a uno al cruce fuera una creación deliberada, el premoderno bosquejo de un sagaz gesto posmoderno y no una vida que se vive al azar, como cualquier vida”.

“Ángel en el exilio”, el segundo capítulo, es una extensión del anterior, con una impronta menos anecdótica y más especulativa. James se aboca en esas páginas al montaje de lo contingente: reconstruye el espacio cultural de la Java de la época y enumera aquello que Rimbaud podría haber experimentado en ese espacio, como los fumaderos de opio o el sexo con adolescentes. Además, se plantea las preguntas que ya no podrán responderse: ¿Cambió Rimbaud de nombre para evitar su captura? ¿Se transformó en el Edwin Holmes que volvió a Europa a bordo del Wandering Chief? ¿Trabajó como tramoyista o acomodador en una producción local de Don Giovanni de Mozart, llevada a cabo en Batavia en ese momento? James no lo sabe, pero imagina. “Misterio oriental”, el último capítulo –y el pasaje más débil de Rimbaud en Java, por su carácter tan volátil y errático– revisa el imaginario europeo, pero sobre todo francés, de Oriente, “el glamour del sueño orientalista” elaborado por nombres como Byron, Balzac, Montesquieu o Sue.  Es inevitable que llegando al final de su libro, James no se plantee la pregunta que todo lector se haría sobre este episodio en la vida de Rimbaud: “por qué alguien acometería un viaje tan arduo y peligroso a un lugar distante, para permanecer después allí tan poco tiempo”. El pago por enlistarse en el ejército holandés es una motivación suficiente, pero hay algo más, sospecha James: no la fortuna, ni el sexo fácil, ni la iluminación mística, sino tal vez, sencillamente, la misma curiosidad por conocer el mundo que lo transformó en nómade. Una razón más que probable para ese Rimbaud que tiempo después escribirá desde un rincón en Asia: “En fin, tengo más de treinta años dedicados a aburrirme considerablemente”.

 

 

(Actualización mayo – junio 2013/ BazarAmericano)




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646