noviembre-diciembre 2017, AÑO XI, Nº 64

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Carlos Ríos

Los márgenes de la fabulación se hacen más estrechos
Entrevista a Rodrigo Rey Rosa

El material humano, último libro de Rodrigo Rey Rosa es un singular relato sobre las marcas indelebles de la violencia política guatemalteca, a partir del hallazgo en el año 2005 por parte de la Procuraduría de los Derechos Humanos del Archivo del antiguo Palacio de la Policía, en un hospital usado como centro de torturas ubicado en un complejo de edificios policiales llamado La Isla. 

A Rey Rosa, narrador y protagonista, se le permite visitar el lugar durante tres meses y anota en cuadernos, libretas y papeles sus impresiones, que en forma de diario se entremezclan con viajes, sueños, peleas de pareja, indagaciones detectivescas, entrevistas, los pequeños sucesos del día. El Archivo funciona dentro del Diario como un virus que detona acontecimientos para luego paralizarlos: los archivistas, el escritor, su familia, sus amigos artistas, el hijo del creador del Gabinete de Identificación, el jefe del Proyecto de Recuperación del Archivo, todos terminan por hablar y callar lo mismo, en un presente crispado por el terror del pasado político más reciente.

Las fichas del Gabinete de Identificación son el epicentro perturbador de la narración. Rey Rosa transcribe en una libreta de pasta negra 121 fichas que ocupan 14 páginas del libro, seleccionadas por su potencial literario y clasificadas según el tipo de delito (“por haber incendiado una montaña”, “por impertinente”, “por lustrar botas sin tener licencia”, “por filocomunista”, “por ejercer la hechicería”). La sucesión de hechos inquietantes en torno al Archivo hace que la voluntad de ficcionalizar estos materiales sea aplazada por el peso de lo que se cuenta.

Desenterrado y con riesgo de que otra vez se lo trague la tierra, el Archivo actualiza un malestar que atraviesa los discursos institucionales y los de la intimidad. Los muertos, cuyas historias están “en el aire como filamentos de un plasma extraño”, comienzan a expresarse y propician nuevas fojas condenatorias. Reaparecen miedos, las persecuciones son reales o paranoicas, es el gen de la violencia el que se activa por la vía de la amenaza velada o del temor, este último como un mal instalado en los cuerpos de los más jóvenes.

A su vez, el Archivo policial entra en relación con un Archivo cultural, también fragmentario, que a partir de citas que van de Voltaire, Sartre o Zweig a Borges, Auden y Miguel Ángel Asturias, enmarca, contrasta, expone dudas, se subleva. 

El material humano -nombre que se le daba a los detenidos al ingresar al Cuartel de Policía- se escribe en el hilo más delgado donde el Diario, como escribió Sartre en La náusea, sobrepasa los límites de la verdad. Así, el libro abre con un epígrafe que dice: “Aunque no lo parezca, aunque no quiera parecerlo, ésta es una obra de ficción” y cierra con la solicitud de algunos “personajes” que pidieron “ser rebautizados”.

 

Rodrigo Rey Rosa nació en Guatemala en 1958. Escritor y traductor, sus primeros libros fueron traducidos al inglés por Paul Bowles. Vivió en Nueva York y en Tánger. En 2004 recibió en su país el Premio Nacional de Literatura “Miguel Ángel Asturias”.

Publicó, entre otros, El cuchillo del mendigo; El agua quieta (1992), Cárcel de árboles; El salvador de buques (1992), Lo que soñó Sebastián (1994, llevada al cine en el año 2003, con dirección del autor), El cojo bueno (1996), Ningún lugar sagrado (1998), La orilla africana (1999), Caballeriza (2006) y en Argentina, su nouvelle Piedras encantadas (Ediciones El Andariego, 2008).

Entre viaje y viaje, el escritor accedió a contestar vía correo electrónico, desde la ciudad de Guatemala, esta entrevista sobre su último libro, El material humano (Anagrama, 2009).

 

 

***

 

P. ¿Qué modificaciones ha tenido el estatuto de ficción, desde Cárcel de árboles (1992) a El material humano (2009)? Desde el punto de vista del autor, ¿cómo ha sido esa experiencia?

 

R. Tal vez la diferencia entre un libro como Cárcel de árboles y El material humano tenga que ver con el punto de vista desde el que se ve el “problema” -Guatemala, en este caso. En el primero de estos libros lo veía desde fuera y desde lejos (vivía en Tánger entonces); en el segundo estaba dentro, no había ninguna distancia.

 

 

P. Hablemos de las fichas encontradas en el Gabinete de Identificación e incluidas en El material humano,  Lejos de su aprovechamiento estético, aparecen en el libro expuestas sin más, como atestiguando la imposibilidad de ser procesadas desde la literatura, exhibiendo su resistencia. ¿Cuál fue tu experiencia después de leer y apuntar esas fichas? ¿A partir de qué surge la imposibilidad del tratamiento ficcional de esos materiales? Me gustaría que nos relataras qué sucedió ahí...

 

R. Después de que me impidieran seguir visitando el Archivo, al releer esas fichas, que tuve que copiar a mano en una libreta porque tenía prohibido hacer fotocopias, me di cuenta de que su lectura tenía algo de hipnótico -era difícil detener la lectura- y aun de poético. Creo que si hubiera intentado “novelarlas” habrían perdido esas cualidades.

 

 

P. ¿El material humano abre un sistema de composición diferente al resto de tus libros? Trabajar desde la notación -esas formas breves e intensas-, asumirte como un testigo documental con tintes biográficos y hasta intimistas, la exploración de los materiales de tus libros anteriores desde otra perspectiva... ¿las posibilidades siempre son las mismas o el margen para hacer literatura se ha tornado más estrecho?

 

R. Pero no sé muy bien lo que es “hacer literatura”. Sí creo que los márgenes de fabulación se hacen más estrechos. A veces el placer de escribir está en esto, en la posibilidad de fabular, es cierto. Pero existen otros placeres, ¿tal vez menos saludables?

 

 

P. En el libro aparece mencionado más de una vez el libro Borges, de Adolfo Bioy Casares, diario de casi mil setecientas páginas escrito a lo largo de medio siglo, enorme archivo que nos acerca al pensamiento privado de Jorge Luis Borges, su erudición pero también el comentario

en crudo sobre libros, escritores y ciertos temas de la realidad argentina. ¿Qué incidencia tuvo el libro de Bioy Casares en el tuyo? Por otro lado, el protagonista manifiesta sentirse entretenido pero a la vez disgustado “por algunos pasajes del Borges de Bioy”, leído a la par de las visitas al Archivo. ¿A qué se debe ese disgusto?

 

R. Creo que la lectura del Borges tuvo en efecto mucha incidencia en la escritura del mío. La idea del diario monotemático viene de allí. Lo que me disgustaba a ratos supongo que eran algunas descripciones que hace Bioy de lo que podrían llamarse los problemas fisiológicos de Borges.

 

 

P. Un archivo, por lo general, carece de un autor conocido, siempre pesa más el volumen documental y lo que guarda, oculta y muestra que la identidad de sus constructores. En El material humano, la indagación de la vida de Benedicto Tun, personaje ligado íntimamente al Gabinete de Identificación por medio siglo, es un punto de reflexión sobre esa zona donde el poder de las capas medias repliega sus individualidades. Desde esta óptica, ¿qué efectos produce el desplazamiento de la figura de autor hacia el interior del relato y su investigación sobre la figura del bachiller Tun?

 

R. Ese desplazamiento responde sobre todo a un hecho anecdótico. Cuando me prohibieron seguir visitando el Archivo, tuve la buena suerte de encontrar (por medio de la guía telefónica) al hijo del archivista, el hombre que había creado el Gabinete de identificación y que lo dirigió durante más de cincuenta años. Sin ese hallazgo tal vez no habría conseguido seguir escribiendo el libro, tal vez habría perdido el interés. La ironía resultó ser que el hijo del archivista, que estaba deseoso de hablar acerca de su padre, como explico en el libro, era un abogado con ideas de izquierda moderada, simpatizante de los movimientos revolucionarios, sin llegar a ser militante. Y su hijo, o sea, el nieto del bachiller, escribe teatro y trabaja en un proyecto de resarcimiento para las víctimas del conflicto armado.

 

 

P. ¿Cómo funciona el sistema de citas distribuidas a lo largo del libro? El protagonista acude a ellas como si el “exceso de realidad” que detona la presencia del Archivo necesitara las mediaciones de la escritura. “No pensar en cambiar las cosas, sino en alejarse”, escribe. ¿El desafío de una literatura es encontrar esa distancia exacta entre los hechos y su abordaje estético?

 

R. Las citas provienen de los libros que leía mientras escribía El material humano; creo que de alguna manera son comentarios, más o menos pertinentes, más o menos caprichosos, sobre lo que iba contando.

 

 

P. El Archivo posee una doble articulación: testimonio de la violencia ejercida por el Estado -lo que muchos quisieran olvidar, como se lee en El material humano- y la posibilidad de conocer y difundir los pormenores de cada caso con el ánimo de no repetirlos.  Archivo visto como síntoma y como “la impaciencia absoluta de un deseo de memoria”, para ponerlo en palabras de Derrida. ¿Es posible que exista, aun en un archivo tan terrible como el de la policía guatemalteca, un aval del porvenir?

 

R. A base de muchos de los documentos encontrados allí ha sido posible establecer hilos de mando en las estructuras policíacas y militares, y así atribuir responsabilidades -por delitos contra los derechos humanos- a varios personajes públicos, algunos de ellos todavía activos en la vida política del país. Hay casos de desaparición y tortura que hace algunos años habría sido imposible llevar a los tribunales, y que ahora, gracias al Proyecto de Recuperación del Archivo, están siendo ventilados.

 

 

P. En diferentes entrevistas has mencionado la importancia del efecto físico al momento de escribir. El libro indaga la historia guatemalteca inscripta en los cuerpos y las identidades. El homicidio, el secuestro, la detención, el temor a perder la vida, la atmósfera de vigilancia e incertidumbre que se profundiza a medida que van sucediéndose las entradas de cuadernos y libretas. ¿Cómo fue esa experiencia física de escritura que derivó en El material humano?

 

R. Tengo que reconocer que a menudo sentí miedo, igual que el protagonista. Pero después del miedo a veces viene un sentimiento físico de libertad, la libertad de dejar escrito exactamente lo que viene al correr de la pluma.

 

 

 

 

Para leer el inicio de El material humano, hacer clic acá.

http://www.anagrama-ed.es/PDF/fragmentos/NH_452.pdf

 

(Actualización agosto-septiembre 2010/ BazarAmericano)




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646