noviembre-diciembre 2017, AÑO XI, Nº 64

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"Mis traducciones son parte de mi obra"
Entrevista a Julia Sarachu

Julia Sarachu (La Plata, 1976) es escritora, editora y traductora. Dirige, junto con Laura Lobov, Miguel Ángel Petrecca y Vanina Colagiovanni la editorial Gog y Magog, que se inició en Buenos Aires hace una década y cuenta con un catálogo orientado casi exclusivamente a la poesía. Julia es autora de Transformaciones (2004), Cuatro ojos ven más que dos (2005), Las bellezas del lobo (2007) y Muñequitas rusas (2009). Como traductora de esloveno, ha traducido a Simon Gregorčič, Edvard Kocbek, Alojzij Gradnik y Svetlana Makarovič. Administra el blog “Los poetas en off”.

 

Aquí se puede leer la Breve antología de poesía eslovena, con poemas traducidos por Julia Sarachu.

 

 

Los orígenes

 

S.V. Mi primera pregunta tiene que ver con el surgimiento de Gog y Magog y su recorrido hasta la actualidad. Hay un consenso en señalar que desde finales de los ’90 y principios del 2000 surgieron un conjunto de “editoriales independientes” o “pequeñas editoriales literarias” –la denominación es discutible­– que tuvieron un rol centrar para la poesía. Me interesaba saber cuál es tu visión sobre este proceso y cómo entra en ese panorama Gog y Magog.

 

J.S. Conocí a Laura (Lobov) y a Miguel Ángel (Petrecca) en el año 2000. Los tres habíamos escrito nuestros primeros libros, queríamos publicarlos y no teníamos dónde hacerlo. A esto se sumó la crisis de 2001 en Argentina. Ante semejante crisis económica nos dimos cuenta de que no podíamos esperar subsidios de un Estado en ruinas, ni apoyo de ningún particular para financiar la publicación, por lo que decidimos juntarnos y hacerlo por nuestra cuenta. Atravesábamos, por un lado, un momento de mucha creatividad, una explosión general de creatividad. Había muchísima producción en la escena literaria: ciclos de lectura de poemas, talleres, discusiones fervientes –no sólo literarias sino también políticas– e incluso peleas (risas). Había un clima de mucha efervescencia y debido a la crisis no había canales materiales para poder concretar las publicaciones. Eso fue lo que marcó el surgimiento de Gog y Magog. Que coincidió además con la masificación del uso de las computadoras, yo tuve mi primera computadora en el año 2000; teníamos tecnología disponible que hacía más barata la fabricación de libros en medio de una crisis tremenda en la que no podíamos esperar que nadie nos ayudara. Al principio nos juntábamos en una casa que alquilaba Miguel Ángel con unos amigos en el barrio de Montserrat, una casa antigua y gélida. Me acuerdo que pasamos todo el invierno de 2003, congelados, intercalando las páginas de la primera serie de libros.

 

S.V. ¿Cuáles fueron los primeros títulos que publicaron?

 

J.S. Los primeros fueron nuestros libros (Transformaciones, Julia Sarachu; El gran furcio, Miguel Ángel Petrecca y Las cosas a descansar, Laura Lobov). Teníamos la idea no sólo de publicar lo nuestro sino de difundir los libros de otros autores que nos gustaban y que leíamos en ese momento. Además, la idea era difundir no sólo la poesía de Buenos Aires sino también la del interior, por eso en la primera colección salió un libro de Francisco Garamona (Pequeñas urnas), que en ese momento vivía en Rosario, y un libro de Lucía Bianco (Preinsectario), que es de Bahía Blanca. Esos fueron los primeros cinco títulos. Tardamos mucho en poder terminarlos: empezamos a principios de 2003 e hicimos la presentación en octubre de 2004.

 

S.V. ¿Tuvieron algún modelo en el momento de proyectar el diseño de los libros?

 

J.S.  Nos gustaban mucho los libros de Ediciones Del Dock. Quizás esa predilección haya influido en los primeros libros de Gog y Magog, con la tapa de cartulina rústica sin imágenes. En cuanto al diseño, estábamos un poco perdidos y tuvimos la ayuda de Pablo Font, un muy buen diseñador. Queríamos que los libros expresaran su pertenencia a una colección pero que al mismo tiempo fueran diferentes. Y a Pablo se le ocurrió la idea de hacerlos muy simples pero utilizando diferentes colores en la guarda. Posteriormente, en 2007, Vanina (Colagiovanni) se incorporó al grupo y como su marido, Akira Patiño, es fotógrafo,  decidimos  incorporar imágenes en la tapa de los libros. En este momento cada tapa exhibe una obra de un fotógrafo contemporáneo diferente. Akira realiza la selección, digamos que es el curador, pues la colección se ha transformado en una serie de obras de fotografía. Deberíamos hacer una muestra solo con las tapas, porque la verdad es que son increíbles, muy hermosas. Este cambio en el diseño nos permitió también solucionar un problema que teníamos con el papel rústico de las primeras ediciones, el tema de las devoluciones: las librerías nos devolvían los libros muy deteriorados. Hoy en día las tapas son plastificadas, lo que les da mayor durabilidad.  

 

 

Poesía traducida

 

S.V. El catálogo de Gog y Magog tiene una colección interesante de traducciones. ¿Qué importancia le dan a la traducción desde la editorial y por qué consideran que es importante publicar poesía traducida?

 

J.S. Primero, porque es difícil conseguir traducciones de algunas obras y de determinados autores. La poesía no es muy rentable, no representa un gran negocio para las editoriales y se consiguen casi exclusivamente traducciones de clásicos de poesía, muy poco de poesía contemporánea. Nuestra idea fue volver accesible una cantidad de material –de autores y de textos­– que son difíciles de conseguir. Pero además, la idea es enriquecer la propia lengua y la poesía contemporánea argentina a través de la incorporación de otras poéticas, del contacto con otras poéticas.

 

S.V. Más allá de las traducciones de poesía que vienen publicando desde hace tiempo algunas editoriales argentinas, muchos poetas extranjeros circulan en nuestro país en traducciones españolas que, además de ser caras, están escritas en una variedad de lengua que no es la nuestra. Esta cuestión, que en principio no tiene por qué ser negativa –al fin y al cabo es como leer la literatura escrita en otros países hispanohablantes– genera, no obstante, en muchos lectores, cierto distanciamiento en el momento de la lectura. ¿Qué posición tienen con respecto a esta cuestión?

 

J.S. Nosotros decidimos que todas las traducciones sean al español rioplatense, porque tomamos la traducción como una reescritura: en mi caso, cuando traduzco a los poetas eslovenos realmente siento que estoy escribiendo un libro y considero a las traducciones como parte de mi obra poética. Esta decisión también plantea algunos problemas. Hace un tiempo atrás vino alguien que compraba libros para México: le encantaron nuestras traducciones pero nos dijo que en México no podían venderse traducciones hechas al rioplatense. Ahora nos pidieron los derechos para publicar en Chile nuestras antologías de poesía eslovena (Poesía eslovena contemporánea, 2006) y de poesía china (Un país mental: 100 poemas chinos contemporáneos, 2011). Se los dimos, pero en mi caso tuve que modificar y corregir la antología –eliminando el “vos”, por ejemplo– ´k﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽ como una reescritura: obra pooia,itoriales argentinas, para que puedan ser publicadas en ese país. O sea, la elección impone algunas limitaciones. De todas maneras fue bueno tener que corregirla, porque al final incorporé nuevas traducciones, cambié algunos autores y poemas, escribí un prólogo, de modo que será una antología diferente después de todo, pensada exclusivamente para Chile, y eso me gusta, me parece bueno. Pero en general creo que la mejor calidad literaria, sobre todo en poesía, se logra con la reescritura. Y cuando reescribís lo hacés desde vos, es como si estuvieras escribiendo tu propia poesía: es un poco forzado aspirar a una lengua neutra. Eso no tiene marca personal, no tiene mucha poesía, en mi opinión.

 

S.V. Más allá de la poesía eslovena –que es un caso especial dentro del catálogo de Gog y Magog– me interesaba saber cómo funciona la inclusión de los autores: ­ pienso en Pasolini, Larkin, Schuyler y tantos otros. ¿Son ustedes los que buscan los autores o son los traductores los que los ofrecen?

 

J.S. Nosotros trabajamos con un grupo de poetas traductores amigos. Elegimos a los autores pero solo hasta cierto punto: es más que nada la relación personal con los traductores la que nos lleva a los poetas.

 

S.V. ¿No encargan traducciones?

 

J.S. He encargado traducciones de poesía eslovena, las que a mí me interesan –para mi investigación de doctorado, por ejemplo–, o de los autores eslovenos que más me gustan. Como no puedo traducir todo, estoy obligada a encargarlas.

 

S.V. ¿Y la elección de los títulos siempre se somete a la opinión de todos los miembros de la editorial?

 

J.S. Sí, tenemos que llegar a un acuerdo: es una bolsa de gatos (risas), nos peleamos todo el tiempo porque es difícil llegar a un acuerdo total para publicar a alguien. Además está el hecho de que contamos con pocos recursos. Nunca ganamos un centavo con la editorial, es más, muchas veces ponemos dinero de nuestro bolsillo, o tiempo y trabajo, que es lo mismo. Es mucho el material y no tenemos dinero suficiente para editarlo, por lo tanto tenemos que ponernos de acuerdo y elegir solo una parte de todo lo que nos envían.

 

La preferencia eslovena

 

S.V. Sos traductora de esloveno y tradujiste algunos de los títulos de poetas en esta lengua que aparecen en el catálogo de la editorial (El imán del poeta, de Simon Gregorčič; Poesía en holograma, Edvard Kocbek; La tierra desolada, Alojzij Gradnik; Mujer ajenjo de Svetlana Makarovic). ¿Cuál es la principal apuesta de Gog y Magog al traducir poesía eslovena? ¿Tiene que ver sólo con tu interés personal o hay algo más?

 

J.S. Para mí los poetas eslovenos son increíblemente buenos. Creo que pasa, en general, con los eslavos: los eslavos tienen una poesía muy potente. La cultura eslava es una cultura lejana para nosotros y todavía no ha llegado a su clímax de plenitud, es una cultura que está en desarrollo, algo que también le pasa a la cultura latinoamericana. En ese sentido, tenemos muchas similitudes y por eso me parece interesante poner en comunicación esos dos mundos. Tanto Latinoamérica como los países de Europa del Este tienen una historia parecida con respecto a los países centrales –una historia de sometimiento, de colonización, una historia de subdesarrollo, en cierta medida– y no son culturas muertas que ya han tenido su epifanía, su auge y han desaparecido (como la cultura griega o la romana, o como la cultura anglosajona, que ha llegado a su plenitud y ahora inicia su etapa de declinación, desde hace bastante tiempo el paradigma anglosajón está comenzando a resquebrajarse). Me parece que es interesante entrar en contacto con poéticas en crecimiento.

 

S.V. Imagino que el panorama de la poesía en ese país debe ser heterogéneo. ¿Hay ciertos criterios que influyan en la selección de los autores? ¿Hay una determinada línea de la poesía eslovena que Gog y Magog intenta promocionar o difundir a expensas de otras?

 

J.S. Sí. Los eslovenos tienen una importante tradición poética. Al haber estado dominados durante tantos siglos por otros imperios –se independizaron recién en los ‘90–, mantuvieron su cultura oral prácticamente hasta el siglo XX. Y como no constituían una nación-estado, para ellos la lengua fue su patria. Por eso la poesía es muy fuerte, es mucho más importante la poesía para los eslovenos que para nosotros. Todos los héroes nacionales eslovenos son poetas. Su tradición poética es impresionante. Además, como es un país que se encuentra casi en el centro de Europa, desde fines del siglo XIX y casi hasta la actualidad Eslovenia estuvo muy marcada por el conflicto entre el capitalismo y el comunismo. Durante la Segunda Guerra Mundial atravesaron una guerra civil, entre partisanos y colaboracionistas del nazismo. Esta cuestión generó dos líneas dentro de la poesía: una, más cercana a los países nórdicos y anglosajones –poetas que escriben una poesía más formal, conservadora, clásica– y otra, relacionada con poetas como Brane Mozetič. Mozetič, que tiene un vínculo muy fuerte con lo latino y con poetas africanos francoparlantes, es uno de los principales representantes de una corriente literaria más relacionada con la experiencia personal, con la expresión de la subjetividad, una poesía menos retórica y formal, con mayor expresión de los sentimientos, la subjetividad. Svetlana Makarovič es otra de las representantes de esta línea. Makarovič es la poeta eslovena viva más importante de la actualidad, una poeta que no se define ni comunista ni tampoco de derecha, simplemente “ultra” individualista: está en contra de todas las instituciones sociales y políticas tradicionales, contra todo lo que atente contra la individualidad (desde un matrimonio hasta un partido político). Pero esto no hay que entenderlo como apología del egoísmo, justamente eso es lo raro de la poesía eslava: la subjetividad es un fondo oscuro del que brota el nosotros, que no es partidista sino colectivista y humanista, una mezcla aún desconocida en la poesía anglosajona. Gog y Magog, o al menos yo, me siento más cerca de estos poetas que de los otros.

 

S.V. ¿Qué recepción crees que tuvo y tienen los autores eslovenos entre los lectores de poesía de nuestro país, teniendo en cuenta que ya llevan publicados varios títulos?

 

J.S. Pienso que los críticos y los especialistas en literatura, por ahora, no le han dado mucha bola a los poetas eslovenos, aunque se publicaron algunas reseñas (que se pueden encontrar en gogymagog.com). Pero la gente común, sí: lectores que no se especializan en poesía, o especialistas en poesía que no forman parte de la “elite  crítica”. Todo el tiempo pasan cosas que me sorprenden en relación con las traducciones eslovenas. Miguel Ángel, por ejemplo, viajó a Bahía Blanca para presentar su antología de poesía china y se acercaron tres chicas a preguntarle si no tenía algo nuevo de Brane Mozetič, porque habían leído Metulji (Mariposas, 2006) y les había copado. Con Makarovič me  pasa  que  todas  las personas que la leen –poetas mujeres, en su mayoría– me escriben para decirme que están fascinadas porque es un tipo de voz poética que acá no existe. Paula Peyseré por ejemplo me dijo que musicalizó unos poemas de Makarovič que le  gustaron. También un artista plástico me pidió la traducción de Kocbek (Poesía en holograma, 2011) para integrarla al montaje de una instalación. Creo que a la gente le gustan los poetas eslovenos. Pero pienso que hay un prejuicio: los ambientes intelectuales siempre son conservadores, se rehúsan a aceptar algo que no forma parte de su horizonte mental, es más difícil que les guste algo nuevo. Los grupos de intelectuales son siempre los últimos en aceptar lo diferente y los que más tarde modifican su punto de vista, hasta que no tienen la revolución en la puerta de su casa… no se enteran. Pero ya se van a enterar. En algún momento se van a redescubrir las traducciones de poesía eslovena que publicamos. 

Por otro lado, creo que hay otro prejuicio que sostiene que la práctica de la traducción es en sí misma un poco extranjerizante, que hay que prestar atención a lo que pasa acá en Argentina y en Latinoamérica, porque seguir mirando a Europa es como seguir siendo dependiente de una posición colonial. Creo que eso es una estupidez. Primero, porque con la experiencia de internet a veces nos pasa que estamos más cerca de gente que vive a 20.000 kilómetros de distancia que de alguien que está acá a la vuelta de casa. Nos guste o no, la globalización económica y la interpenetración cultural son hechos consumados. Y segundo, porque no veo en la traducción ninguna amenaza; al contrario, se trata de enriquecer, de democratizar la poesía para, de alguna manera, presentar más opciones.

 

S.V. Todos los volúmenes que publicaron de poesía eslovena hacen mención a un subsidio que recibieron de algunos organismos oficiales, como por ejemplo la Fundación Trubar. Como la cuestión del mecenazgo es muy importante para pensar la traducción, me interesaba preguntarte si este subsidio implicó o implica algún condicionamiento en la elección de los títulos o simplemente es una ayuda.

 

J.S. Nada, ningún condicionamiento. Ellos prefieren publicar poesía contemporánea, antes que poetas muertos. Los europeos tienen esa política de promover a los vivos. Y sin embargo a mí se me ocurrió traducir a poetas del siglo XIX como Gregorčič (1844), Alojzij Gradnik (1882) o traducir a Edvard Kocbek (1904-1981), que es un poeta muerto de mediados del siglo XX. Jamás me exigieron nada o me condicionaron de algún modo, al contrario. Primero conseguimos la financiación de la traducción y luego cuando ya está otorgada pedimos la beca para la publicación. Eso se dio con todos los autores menos con Simon Gregorčič, al que lo traduje a pulmón, sin ningún tipo de subsidio.

 

S.V. A esta altura de la entrevista es una obviedad preguntarte si considerás que la poesía eslovena tuvo y tiene un impacto en tu propia escritura, pero de todos modos lo hago.

 

J.S. Sí, totalmente, ni hablar. Gregorčič influyó mucho en mi escritura de Las bellezas del lobo (2007) y Makarovič me cambió la cabeza, directamente, porque es un tipo de escritura femenina, una voz de mujer que en nuestro país no existe. Acá la poesía de mujeres está mucho más marcada por el género. Makarovič, en cambio, escribe desde un yo-espíritu que incluye al género, pero va más allá del género, e interpela a un otro-nosotros que es el pueblo esloveno.  El otro en la poesía contemporánea argentina en general es un vos individualizado, un individuo particular, no se da esa fluctuación yo-ustedes-nosotros entre individuo y comunidad. Eso me resulta interesante.

 

 

(Actualización septiembre – octubre 2013/ BazarAmericano)




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646