noviembre-diciembre 2017, AÑO XI, Nº 64

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Andrés Echevarría
“LA TRADUCCIÓN SIEMPRE ES REINTERPRETACIÓN”

Consagrada por Ezra Pound y T. S. Eliot, con lectores tan tempranos en el Río de la Plata como Leopoldo Lugones y Julio Herrera y Reissig, la obra de Jules Laforgue es todavía parcialmente conocida en español. La reciente edición de Los lamentos, a cargo de Andrés Echevarría (Editorial Hum, Montevideo), supone una contribución importante en ese marco, ya que presenta la primera traducción completa del libro, más de cincuenta poemas que ensayan diversas combinaciones estróficas, acuden a neologismos, trabajan a conciencia con la sonoridad y las onomatopeyas e incorporan giros coloquiales y formas que remiten a la literatura medieval. Laforgue (Montevideo, 1860 – París, 1887) inició su obra precisamente con Los lamentos (Les complaintes), libro que publicó en 1885, cuando trabajaba como lector de la emperatriz Augusta, de Alemania.

Nacido en Melo, Uruguay, en 1964, Echevarría es poeta, crítico literario y dramaturgo. Ha publicado entre otros libros Entrevista con el arte uruguayo (2005), Pasión y poesía de Jules Laforgue (2006), Señales elementales (2006), Los árboles de piedra (2008) y Juana, escándalo de la luz (en coautoría, 2009). Además se desempeña como coordinador de producción cultural de la Biblioteca Nacional del Uruguay. En esta entrevista, se refiere al proceso de edición de Los lamentos y a las particularidades que presenta la traducción de la obra.

Leer aquí  “Complainte du pauvre jeune home” de Jules Laforgue/ Versión de Andrés Echevarría, “Lamento del pobre muchacho”.

 

-¿Cómo empezó a traducir a Laforgue?

-El primer poema de Laforgue con el que trabajé fue “La chanson des morts”, que a su vez fue el primer poema que Jules publicó en su vida. Mi necesidad de trasladar la voz de Laforgue al español, proviene del poeta que soy y quiere compartir su admiración por una obra que me resulta fundamental.

-¿Qué tiempo insumió la traducción de Los lamentos? ¿Fue un trabajo sostenido en un período determinado? ¿Hizo alguna investigación paralela, algún trabajo de documentación o lecturas que podría destacar?

-El trabajo de Los lamentos, insumió varios años, pero no fue sostenido ya que en ese lapso trabajé en otros proyectos y publiqué algunos libros. Esta traducción quizá llegue a ser la única que realice pues para mí lo más importante es mi condición de poeta y fue desde allí que trabajé. Laforgue es un referente del cual he aprendido mucho, que me conmueve de manera particular. El trabajo de investigación, entonces, se produce desde ese lugar y desde que comenzó a ser importante en mi adolescencia. Luego, desde esa pasión por su obra, viene el consustanciarse con su personalidad, con sus trágicas experiencias, con su filosofía: todos aspectos muy importantes para la reinterpretación en español. He llegado a sentirlo muy cerca a Jules durante todos estos años investigando su vida y obra, fue creciendo un sentimiento de complicidad y afecto. Desde el punto de vista formal y específico de Los lamentos, conté con la lectura de la especialista en francés Clara Yangurde y en una última etapa trabajé para la edición con Juan Carlos Reche, director de la colección Nomeolvides, que se inaugura con este título. Fue fundamental el trabajo con Reche para darle al libro la terminación que tiene.

-¿Qué dificultades específicas presenta traducir a Laforgue?

-La poética de Laforgue nace de su tránsito por giros idiomáticos: el español de su contexto natal, el francés provinciano de su segunda infancia en Tarbes, el francés del París en su época, el alemán, el inglés. Esto deriva en neologismos, invenciones que se combinan con un ritmo coloquial, con el particular simbolismo por donde asoma un surrealismo y un expresionismo por momentos frontal. Respetar todo esto en la reinterpretación que significa una traducción, es una dificultad que requiere paciencia, tiempo y profundizar en la personalidad y en la palabra de Jules.

-Al confrontar el original en francés y la versión en español uno advierte, a primera vista, diferencias sintácticas y ciertas elecciones léxicas que, digamos, no responden al sentido inmediato que indica el diccionario. ¿En ese sentido la traducción es reinterpretación?

-Considero que la traducción siempre es reinterpretación; que no sería lo mismo que reinvención, ya que lo primero atiende por sobre todas las cosas con respeto al poeta. Durante muchos meses y largas jornadas, estas elecciones sintácticas y léxicas fueron consideradas con un solo objetivo: que la voz poética de Laforgue no se perdiera en español, lo cual sí ocurre cuando se traduce de manera literal. Recuerdo en un momento haberle enviado uno de los poemas traducidos a un poeta que estimo y sabe mucho de poesía. Como repuesta, me dijo que “el poeta de las lunas” sonaba y resonaba en ese poema. Fue el mejor indicador que pude haber tenido de que iba por buen camino.

-A propósito del tema de la luna, el “Lamento de la luna en provincia” la traducción preserva la rima del original, mientras en otros poemas no lo hace. ¿Por qué?

-El juego que hace la rima en las unidades de dos versos de “Lamento de la luna en provincia” necesitaba mantenerse en español para respetar la intención del poema: su propósito lúdico está muy ligado a esto. En otros poemas importó más la métrica silábica o también la rima, pero en general, la finalidad de que la lectura mantuviera la fluidez que necesita la poesía estuvo presente.

-Laforgue retoma un género medieval, la complainte, e incorpora referencias diversas: canciones populares, textos literarios de la época, alusiones a la filosofía oriental. Un conjunto complejo y a la vez alejado del horizonte actual. ¿Cómo fue trabajar con esas referencias?

-Sus complaintes mantienen la impronta donde el protagonista es un infortunado. Desde esta actitud y en una irreverente osadía, desfilan los elementos que componen el universo del poeta y tanto sus intereses por la filosofía oriental, su experiencia personal o el humor que hace nacer de canciones populares, alimentan sus poemas. Ese resultado puede presentarse como complejo pero una vez que se ha ingresado a este mundo resulta fascinante y no distante. Las referencias aparecen también cuando se estudia la vida de Jules y esto ayuda mucho a la hora de trabajar con sus poemas. De todas maneras, considero que el lector, hoy en día, es afectado directamente por la poesía de Laforgue aunque no conozca el origen de estas referencias en la experiencia vital del autor. No son distantes dentro de su obra como ocurre con los recursos que ocasionaron la obra de cualquier otro clásico.

-De acuerdo, pero los poemas de Laforgue pertenecen a otra lengua y a otro tiempo. ¿Cómo resuelve la cuestión de acercar esos poemas al lector actual, en el sentido de mantenerlos legibles como tales y no como piezas históricas, y a la vez de preservar su distancia, en tanto el lector, digamos, también debe advertir que estos poemas están tramados en determinado contexto histórico?

-Laforgue ha adquirido un valor de clásico y ha influido en poetas fundamentales de todo el siglo XX. Esto se consigue cuando el contenido de sus poemas trasciende su época. En ese sentido, considero que Laforgue no perderá vigencia como no lo harán Bach ni Velásquez en sus campos. Sus poemas impactan al lector de buena poesía como lo hicieron antes y lo harán en el futuro. La experiencia vital de Jules —precariedad económica, exilios, etc. — contribuyó para esa trascendencia y muchas modalidades de su época fueron objetos de sarcasmos en sus versos. Creo con firmeza en lo clásico que se hace presente cuando las circunstancias del autor o una intuición sobresaliente lo impulsan más allá de los condicionamientos de su época o cuando toma de su contexto elementos para llegar a lo clásico. Ernst Gombrich maneja una idea muy interesante al respecto, comparando la arena de cada tiempo y la conversión en perlas. Laforgue trasmutó la arena de su tiempo en perlas y así lo entendieron Eliot y Pound, por citar a los más nombrados como influidos por Jules. Se puede leer la época de Laforgue en su obra, pero también se extraen conceptos universales y clásicos.

-Laforgue ha tenido otras versiones al español. ¿Qué opina al respecto y cómo ubica la edición de Los lamentos en ese marco?

-Siendo muy joven accedí a las traducciones de Manuel Álvarez Ortega, luego a las de Rafael Lasso de la Vega, importantes para muchos lectores y poetas que conocieron a Laforgue en español. Los lamentos no busca un camino prefijado en cuanto a una traducción tendiente a lo literal ni a reinventar los poemas, cada poema tiene su propio camino. Los dos méritos que posiblemente tengan esta edición, consisten en que la lectura resulta fluida tal como requiere la música de la poesía y que a su vez se puede escuchar la voz de Laforgue: existió un esfuerzo para que fuera la verdadera protagonista. No es un detalle menor tampoco el que sea la primera vez que se publica el libro completo en español y presentado en una edición bilingüe.

-¿Cómo definiría la voz de Laforgue? Parece apoyarse en canciones tradicionales, en voces de la calle, en los “gritos públicos”, como dice en un poema.

-Es una voz que se desnuda todo el tiempo: va con una enorme valentía, sin límites, a lo medular y metafísico de la poesía asomándose a todo. Laforgue puede alimentarse del romanticismo como del clasicismo; puede partir de una canción popular campesina, así como de una canción acunada por la burguesía urbana. Por momentos es un desgarrado grito expresionista, en otros un irónico humorista que profana los ritos más intocables, así como en algunos poemas es un hermético surrealista que convoca imágenes fantásticas. Fue quien introdujo el verso libre en Francia, profundizó en la tragedia Hamlet, en el mito de Salomé, en la pintura. Lo fantástico es que, habiendo fallecido apenas unos días después de cumplir 27 años, dejó una extensa obra y en toda ella puede reconocerse su estilo. Considero que los grandes creadores portan esa peculiaridad de tratar cualquier tema sin abandonarse a sí mismos. De esa condición no tan buscada por el escritor o artista, sino provocada por su experiencia vital o intuición, es que nacen los grandes cambios en el devenir del arte y la literatura. La presencia de Jules en poetas posteriores comprueba que fue uno de esos elegidos.

-En dos poemas, Laforgue alude a un léxico “cosido a tachaduras”. ¿A qué se refiere?

-Tiene varias lecturas: su múltiple procedencia, su inseguridad e inadaptación, sus búsquedas literarias y vitales. Como sólo puede lograrlo una buena clave poética, es capaz de resumir un estado de ánimo proveniente de diversos afluentes. Cuando vuelvo a esos versos, inevitablemente me evocan su caminar solitario por los muelles —como señala en varias ocasiones—, así como sus manuscritos con versos tachados, con dibujos a los costados.

-En el “Lamento de las buenas parejas” traduce inconnu por misterio: “El Arte es un misterio”. Tal vez no sea exacto decirlo así, ya que la traducción no es palabra por palabra, pero de todas maneras inconnu es, me parece, una palabra fuerte, cargada de sugerencias, ¿no? Al margen de esto, hay una serie de referencias sobre el misterio en Laforgue –sobre la palabra Mystère, con mayúscula-. “Todo es un misterio sin tregua”, “Todo es un sordo misterio”. ¿Qué alcance tiene esta palabra en Laforgue?

-Tiene un alcance dramático: “desconocido”, “Misterio”. La propia imagen cósmica de un planeta girando en una gran nada hace que más de una vez contemple Laforgue su propia soledad y lo inútil de todo. Jules intenta transmitir, gritar y a veces ironizar sobre esa inevitable sombra que es el futuro y donde lo único que sabemos es el carácter perecedero de todo lo material. Considera ingenuo al ser humano cuando cree encontrar respuestas. Repasa el concepto de “Misterio”, no como lo podría hacer un cristiano que espera en este misterio una respuesta piadosa que lo redime: en Laforgue el Misterio sigue siendo tal y es origen de su profundo escepticismo. Aquí también nace el spleen, así como la mirada divertida sobre las costumbres y los rituales humanos.

-En una carta de 1883, Laforgue dice que escribe con un solo objetivo: “mostrarme original a cualquier precio”. ¿Cómo se compadece esta búsqueda con su recuperación de elementos y formas tradicionales?

-Una fuerte personalidad creadora como la de él, no preestablece criterios y su repaso ecléctico termina en una única y particular interpretación. Siempre creí, en lo personal, que los grandes aportes del arte y la literatura, nacen de autores que crean incluso a pesar de sí mismos. Es decir que su visión tiene tanto carácter que le dará una nueva disquisición a lo tratado. En Moralidades legendarias, por ejemplo, Laforgue trata mitos y personajes notorios con una lectura y análisis absolutamente particular. Lo mismo puede decirse de su interpretación de Pierrot: es un Pierrot que ha trascendido como el Pierrot de Jules Laforgue.

-Laforgue integra un trío de escritores franco-uruguayos, con Lautréamont y Jules Supervielle. Al margen de las circunstancias biográficas, ¿esa doble nacionalidad tiene alguna inscripción o determina de alguna manera los textos y la ubicación de los poetas?

-En Uruguay no siempre ha sido justo el sumar estos tres nombres como un vínculo entre las letras de Francia y Uruguay casi como un slogan que se ha repetido de manera permanente. Más allá de la gran importancia para la literatura universal, cada uno tuvo su propia personalidad literaria que merece un estudio y tratamiento por separado. Este año gestioné la colocación de una placa que señalara el lugar donde nació Laforgue en Montevideo; eso nace de una idea distinta a la de colocar un monumento con el nombre de los tres juntos como se hizo antes. Entre Ducasse y Jules se pueden encontrar experiencias en común: la educación en Tarbes, el sentimiento de un paraíso perdido en Uruguay y el andar solitario en París. Pero cada uno procesó de forma distinta esta experiencia. Laforgue desarrolla una idea de exilio cósmico: se siente superado por los astros que van a sobrevivirlo, pero reconociendo en ellos también un límite para la supervivencia. Es un concepto profundamente dramático. Estos astros intervienen de manera diferente en la vida de los hombres. Según Jules, el sol es el policía que denuncia y la luna la confidente que sabe los secretos más íntimos del ser humano. Esta última será ponderada por el poeta que no cree en la censura. Ese concepto de exilio, de buscar un símbolo ajeno a la tierra, es reflejo de su propia condición de exiliado que lo llevó, no sólo a alejarse de Uruguay, sino a peregrinar por Alemania durante cinco años detrás de una depresiva Augusta que lo había empleado como lector de francés. Esa doble nacionalidad determinó mucho a los tres poetas citados, pero en Jules hay que considerar que su exilio no queda sólo en su alejamiento de Uruguay.




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646