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Ana Porrúa
“Una lengua pidiendo su escritura”
Sobre: Mario Arteca, Cuando salí de La Plata, Buenos
Aires, CILC, “Colección Gama”, 2009.
1. Algunos escritores publican a medida que escriben. Es cierto
que esta sincronía tiene un carácter casi utópico
en países donde la relación de la literatura con el
mercado es compleja, pero no parece ser una explicación suficiente
sobre el modo en que se fue construyendo la obra de Mario Arteca.
De hecho, cuando publicó sus primeros dos libros de poemas,
Guatambú (Tsé- Tsé, 2003) y La impresión
de un folleto (Siesta, 2003), sus textos circulaban hacía
mucho tiempo en revistas e incluso estaban en las computadoras de
varias personas. Lo mismo sucedió con Bestiario búlgaro
(Vox, 2004), e incluso con Horno, del 2009. También
publicó Cinco por uno (Vox, 2008), y Nuevas
impresiones (Calabaza del diablo, 2010). Por alguna razón
estas fechas, que ordenan en grupos cronológicos homogéneos
textos ya existentes, ya escritos en su mayoría muchos años
antes, me parecen importantes para leer Cuando salí de
La Plata (CILC, 2009) y Cinco por uno. Pero me quedo
con el primero.
2. Veintidós poemas componen Cuando salí de La
Plata, el libro que publicó CILC (Casi incendio la casa)
en su colección “Gama”, bajo un original y bello
diseño.* Algo insiste en cada uno de ellos, la mención
de la ciudad, de su arquitectura, sus aguas, su gente e incluso
su identidad, o la falta de ella: “(…) En el principio,
la nada. 1882./ Loada sea. Escuchen qué bella multiplicación
de chiflidos./ 1982. Apúntese lo mismo: diagonal/ tilo/ petroquímica/
Catedral/ Arana/ La cacha/ dos mil aprox.”. La ciudad que
nunca cambia, entonces, los hábitos de esa ciudad, religiosos,
patrióticos, burocráticos que también componen
una malla inalterable. En estos términos los poemas de Arteca
hablan de La Plata para contar una salida de La Plata.
¿Se trata del momento en que se pasa de un adentro hacia
un afuera o de un modo de desembarazarse? ¿Qué significa
este salir de en el libro? No es el relato de una migración
aunque las migraciones importan. Mencionadas en varias oportunidades,
refieren a aquellos expulsados o a los que vuelven luego del receso,
los universitarios. El primer poema, de hecho, “Revés
del héroe”, se planta en la primera de estas acepciones:
“Ahora preguntaría por aquellos/ a los que el ostracismo
les hizo/ un beneficio expulsándolos,/ y sólo para
decirle: `Hasta/ más ver, amigo´”. La salida
está planteada en términos políticos. La Plata
es la ciudad que destierra y censa su población móvil:
Todos se mueven, pero el que habla parece ser el que se queda y
no el que sale. De dónde se sale Arteca?
3. Conjeturo dos momentos de escritura de los poemas en cuestión.
Uno, pasado y otro contemporáneo. Si los poemas fueron escritos
en el pasado (y en este caso me sirve no saberlo) el libro puede
leerse como una declaración de principios y hay hilos que
permiten hacer esta aproximación. La vulgata de estos principios
tendría que ver con dos posturas, la de la guerra, porque
en el libro hay imágenes bélicas (“miserias
de la preguerra”, “Postradas, un arma que no volveremos/
a cargar.”) y la de la percepción del lugar en el que
no se quiere permanecer. Se trataría, claro está,
de un irse simbólico, en ambos casos. Y Arteca estaría
aludiendo al momento de los inicios de su escritura. Salirse
de La Plata, sería en este caso, percibir y desechar
su burocracia estética y su cultura entendida como un juego
de negociaciones vanas y bastardas: “Hablemos con franqueza:
manejar/ los hilos es escribir hipócritas cartas/ de agradecimiento,
con conocimiento/ de causa, y a raíz de una renovada/ extorsión
con dinero. Para qué/ multiplicar los ejemplos.// Nadie tiene
prisa en marchase de un país,/ si no se identifica con los
campos en disputa.” (“Fuera de casa, la casa”).
Salirse de La Plata (como si la ciudad fuese un vacío
anterior a la escritura) sería llegar a lo que ampliamente
se denominó neobarroco y que a partir, sobre todo, de la
antología de Echavarren, Kozer y Sefamí, Medusario
(1996), propone como tradición propia tanto sectores de las
vanguardias clásicas del 20, como el concretismo brasileño
y el barroco clásico, entre otras líneas poéticas.
Allí se iría Arteca, si conjeturamos un pasado, casi
un incipit para la escritura de los poemas de Cuando salí
de La Plata. De hecho, en el 2004 se publica Jardim de
Camaleôes, una antología de Claudio Daniel que
recupera el corpus de Medusario e incluye, entre otros
poetas más jóvenes, a Arteca. Sin embargo, uno de
los poemas citados antes dice “dos mil aprox.” e impone
una fecha que nos sacaría de esta perspectiva casi arqueológica.
Pero la idea de movimiento se mantiene, casi como una certeza: “Siempre
presentí que no me quedaría/ en La Plata”.
4. Si la escritura de los poemas de Cuando salí de La
Plata es más o menos contemporánea al momento
de publicación del libro, salirse, irse de La Plata
podría tener otro significado. Pienso ahora en la escritura
de los poemas. Si bien hay una relación fuerte con la lengua
de Guatambú o de Bestiario búlgaro
(incluso de La impresión de un folleto), hay también
cierto despeje de esa zona. Están las referencias eruditas,
está la palabra del otro incrustada en el poema como un material
en bruto, está ese proceso de montaje o collage tan evidente
en los poemas de Arteca, está el diccionario propio, está
la sintaxis alterada e, incluso, los arcaísmos: “tiro
corto la sisa, papel asimismo do oxigena el humo”. Y si bien
eso está, lo que no aparece de manera evidente es el trabajo
forzoso con los materiales, la impronta de la mano que combina o
convierte cada discurso, cada cita en una materia dura que puede
manejarse pero bajo presión extrema y persiste en su alteridad
una vez que entró al poema. En este sentido es llamativo
el uso de la primera persona, ya en el título, casi inexistente
en la poesía de Arteca. Los poemas hablan de quien escribe,
el que escribe se nombra y no tapa su percepción. Por supuesto,
se parte de una lengua que tiene una identidad precisa en su extrañeza:
“(…)Ya no leo ni escribo: observo el piso/ que se mueve
y abre, succiona y todo lo arrastra. Ya no/ rechino como abrelatas,
y sin embargo consigo un sonido/ cuyo nombre desconozco y resultó
familiar.” Es una lengua familiar pero parece más conectada
con el afuera (¿La Plata? ¿una ciudad? ¿un
país?), menos trabajada como puro sonido. Si así fuese,
salir de La Plata podría entenderse como salir
de la propia escritura ya estabilizada en algunos libros. Salir
de La Plata, sería salir dos veces. Según
esta hipótesis, Arteca estaría buscando ahora una
salida del “neobarroco” (y lo pongo entre comillas porque
me refiero a la definición omnívora que se le ha dado).
Esta implica determinada limpieza, un movimiento anterior de campo
(una huída de la burocracia de la escritura “oficial”)
y, paradójicamente, volver a La Plata, hablar de ella. Tal
vez este proceso haya comenzado con Cinco por uno en donde
se escribe el texto de lo político que se hizo escritura
pública, aunque allí el montaje parezca aún
una propuesta previa a la que debe ajustarse la materia (las consignas
políticas, por ejemplo). En Cuando salí de La
Plata, incluso el montaje, la sintaxis parecen menos controlados;
las materias están menos compactadas. Hay más aire
entre los elementos que Arteca lleva al poema. Tal vez, y con el
antecedente del libro anterior, se trate de una escritura más
política (porque no todas las escrituras lo son, habría
que desarticular ese clisé ya tan instalado) que como tal,
vuelve a hacerse la pregunta por la lengua, más allá
de la certeza de ese “sonido familiar” que es, en realidad,
el trabajo a contrapelo de lo familiar de una lengua (en el caso
de Arteca estarán los neobarrocos, sus tradiciones, pero
también Simic, Ashbery o Celan, entre otros). Tal vez por
eso, en “Los universitarios vuelven de vacaciones: nuevo censo
poblacional en La Plata”, se lee: “En esas marcas también
hay una lengua pidiendo/ su escritura”.
*La colección “Gama” de CICLC comprende los
siguientes títulos: Tendedero, María Teresa
Andruetto; Cuando salí de La Plata, Mario Arteca;
Cuerpos de palabras, Concepción Bertone; Caperucita
roja y otros, Enrique Butti; Hacer la de Elvis, Graciela
Cros; La enagua cuelga de un clavo en la pared,
Leonor García Hernando; La indefensión, Reynaldo
Jiménez; La bruta bruz, Laura Klein; Libro de
buen amor, Liliana Lukin; Héroes, Silvio Mattoni;
Esta boca es nuestra, Juan Carlos Moisés; La
conversación, Daniel Música; Átomos,
Alejandro Schmidt; La solitudine, Alicia Silva Rey;
Aves de paso, Susana Szwarc; Coman, Roberto Aguirre
Molina.
(Actualización junio-julio 2010/ BazarAmericano)
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