Víctor Conenna
Había una vez
Sobre: Las infantas, de Lina Meruane, Eterna Cadencia,
Buenos Aires, 2010.
Publicada por primera vez en Chile en 1998, Las infantas
salta los marcos genéricos y se erige en un artefacto narrativo
capaz de hacernos entrar en el juego de un determinado género
que será transgredido y parodiado. La novela está
estructurada alrededor de diez episodios que cuentan las andanzas
de las infantas Hildegreta e Hildeblanca y se entrecruzan con once
relatos que, en principio, no tendrían nada que ver con la
historia principal. Meruane refuncionaliza estereotipos de los cuentos
de los hermanos Wilhelm y Jacob Grimm y de Charles Perrault, transformándolos
en el punto de partida de algo que va más allá de
las cándidas narraciones infantiles.
La princesa Hildegreta y la infanta Hildeblanca huyen del palacio
antes de que su padre –jugador empedernido, monarca de un
reino deshecho por sus deudas–, las entregue como parte de
pago de una apuesta en una partida de naipes. En el medio del bosque
intercambian los calzones (prendas que desempeñarán
un importante papel en la resolución del relato) y se separan.
Hildeblanca, devenida en Blanca, se unirá a una cohorte de
enanos viciosos, traficantes de huesos humanos, amantes del tetrabrik
y las pastillas de colores; Hildegreta, devenida en Greta, adoptará
una bestia –mitad hombre, mitad perro– a la que llevará
amarrada de su muñeca con el cordón umbilical y bautizará
con el nombre de Hansel. Ambas se verán envueltas en un hecho
sangriento y serán perseguidas por la ley.
La utilización de los cuentos de hadas, afirmados en una
sintaxis simple y un lenguaje transparente, constituye la excusa
perfecta para presentar un relato fracturado y desplazado a través
del manejo de registros tradicionalmente catalogados como pertenecientes
al mundo de la narrativa infantil. Un mundo creado en el marco de
la fantasía que aquí se vuelve cada vez más
real para poder volverse irreal, para convertirse no en un reflejo
exacto y profundo de la realidad sino en una deformación
de sus leyes. Meruane captura el ensueño de la literatura
infantil medieval y lo satura de erotismo y crueldad, de sexo y
mordacidad, mezcla exceso y truculencia para convertir la inocencia
en un gesto sarcástico y desmitificador.
A la vez, las historias paralelas descomprimen los sucesos que
tienen como protagonistas a las infantas y refuerzan esta idea de
pérdida de la inocencia, narradas en primera persona desde
el punto de vista de seres marginales y marginados (un enano, una
muñeca, una mujer semipostrada, etc.); unidos temáticamente
a la historia principal por algunos objetos, circunstancias u otros
detalles, ejercen un poder connotativo que permite al lector traducir
y actualizar el enunciado según lo que hay en el texto de
denotativo.
Por último, tratándose además de una escritora
nacida en 1970, no podemos dejar de relacionar Las infantas
con la historia reciente de Chile. Greta es detenida por andar por
la calle después del toque de queda con el vestido manchado,
acusada por las autoridades de actividades terroríficas y
declarada sospechosa sin derecho a queja. Los enanos son traficantes
de huesos pero, de alguna manera, ofician de antropólogos
recuperando cadáveres de desaparecidos y, más adelante,
son “convenientemente torturados” para que declaren
ante el tribunal. En medio de la fantasía, el lirismo y el
erotismo, en tono tragicómico, aparece el horror, presentado
en señales casi imperceptibles o articulado tácitamente.
En esos detalles dispuestos de soslayo, en el significado que aporta
la información no revelada, en los elementos omitidos se
infiere la coyuntura. Es casi inevitable, entonces, no percibir
en este texto los ecos de la dictadura de Pinochet.
(Actualización junio-julio 2010/ BazarAmericano)
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