noviembre-diciembre 2017, AÑO XI, Nº 64

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"Entre líneas se va a colar la tragedia de la época"

Entrevista a Joquín Giannuzzi*

 

por Mario Arteca y Carlos Ríos

 

Joaquín Giannuzzi (1924-2004), figura central de la poesía argentina, habla de su literatura, la figura del lector, de los poetas jóvenes, de la enfermedad  y del lenguaje, entre otros puntos. Publicó Nuestros días mortales (1958), Contemporáneo del mundo (1962), Las condiciones de la época (1967), Señales de una causa personal (1977), Principios de incertidumbre (1980), Violín obligado (1984), Cabeza final (1991), y dos libros póstumos, ¿Hay alguien ahí?, 2005, y Un arte callado, 2008. Giannuzzi había publicado, en esos años, una antología de sus textos en Ediciones del Dock, después de un largo silencio editorial. El reportaje se mantuvo inédito hasta este momento, y está atravesado por un fuerte tono de reflexión, característico del poeta.

 

 

¿Qué efecto de lectura produce en un poeta ver su obra reunida de este modo? Son casi treinta años...

Se trata en realidad de una antología, no de la totalidad de la obra, porque eso suena un poco macabro. Es una antología que yo mismo he preparado, un poco porque mis libros están agotados. Si a alguien le interesa va a tener un panorama más o menos completo de lo que he venido escribiendo hasta ahora. 

 

¿Cómo hace un poeta para seleccionar? ¿Selecciona aquellos poemas que son más conocidos por el público o los que más le gustan al poeta? Debe haber un tire y afloje…

Hablar de público en mi caso y en la mayoría de los poetas es un poco exagerado...

 

Pero usted es un poeta reconocido...

Sí, tengo algunos lectores. ¿Usted se refiere al criterio de la selección?

 

Exactamente.

Sí, son los que a mí me parecen mejor logrados. Y para eso me baso en criterios personales de lo que debe ser un buen poema, que sería largo de enumerar aquí. En general la precisión en el lenguaje, la claridad, la concisión, en fin, las virtudes que podría tener un poema para ser tal.

 

Esa precisión de la que habla se ve en toda su poesía. De sus primeros poemas hasta los últimos, hay una especie de consecuencia en cuanto a esa precisión, ¿no? Debe ser uno de los pocos poetas que manejan en el sentido técnico esa precisión.

Precisión… digamos que es una visión muy subjetiva. Es muy difícil ponerse de acuerdo acerca de un poema, conciliar opiniones. Pero en general hay una especie de consenso. Podrá haber opiniones, pero lo buenos poemas van a quedar ahí flotando, después habrá matices para resolver, pero un buen poema es bueno a simple vista. Se lo adivina. Te diré que es casi petulante decir “este poema es bueno o es tal cosa”. Es una ecuación a resolver, en definitiva. Siempre está el criterio subjetivo.

 

¿Cuáles fueron las críticas que recibió por sus poemas? Críticas fuertes, digamos…

¿Usted se refiere a críticas negativas?

 

Exacto.

En realidad no... sólo una vez, así de un modo tangencialmente, cuando me hicieron un dossier en Diario de Poesía, yo hablando un poco en broma y un poco en serio, le dije a la gente de la revista que quedé expuesto, como desnudo en una vidriera, porque le escarban todo… y bueno, han encontrado defectos.

 

¿Y cuáles serían?

Ah, bueno, pero no, es muy difícil…

 

¿Es muy feo, no? (risas)

No, al contrario. Es muy difícil, digamos, de explicar.

 

Igualmente la idea de perfección en la poesía es un poco petulante, ¿no?

Sí, bueno, es un poco ambiciosa, digamos. Se discutía si yo era un poeta objetivista, que sí, que no, algunas cosas de estas me resaltaban, en fin, bienvenidas sean. La mayoría siempre han sido comentarios elogiosos.

Yo, por mi parte, cuando ejerzo la crítica y me dan a elegir, si un libro no me gusta no lo comento. Ahora sí, lo hago con gusto cuando me parece bueno y por supuesto, lo elogio. 

 

De sus últimas lecturas, ¿qué nos puede decir?

A lo largo de su vida uno lee los mismos poetas que lo marcan a uno, que son las grandes cumbres... las grandes cumbres, ¿no? Después los poetas que van apareciendo, a mi edad ya he visto dos o tres generaciones. En uno hay como una especie de filtro, el filtro del tiempo también opera en uno, y va quedando lo que lo que a uno le parece que va a perdurar. Como se publica mucho, el filtro tiene que ser cada vez más atinado, porque es una especie de aluvión poético, lo cual me parece muy bien.

 

Por ahí es una pregunta también ambiciosa, para utilizar el término que usted refería. ¿En qué momento está la poesía argentina, cómo la ve?

La veo en un mal momento (sic). Incluso diré que siempre tuvo buenos momentos. Estoy muy interesado en lo que hacen los más jóvenes, en los jóvenes que tienen talento, obviamente. Hay que prestar mucha atención a los nuevos con talento, no solamente por estar a la vanguardia, sino porque son experiencias nuevas que revelan el espíritu de la época.

 

¿Y a qué se debe este mal momento, Giannuzzi?

No, no hay un mal momento. Yo no dije que era un mal momento. Dije que es un buen momento.

 

Ah, un buen momento. Perdón, no se escuchó bien.

Un buen momento, creo que siempre ha habido buenos momentos. La poesía siempre tiene sus estamentos excelentes, también malos estamentos, pero uno toma en cuenta los buenos.

 

Hay más diversificación, seguramente.

Sí, hay diversificación de modos, de estéticas, si podría citar algún denominador común, algún signo común, sería por ejemplo que hay cierta violencia del lenguaje, la irreverencia que es propia de los poetas jóvenes de todas las épocas, siempre hay un parricida en un poeta joven, siempre lo ha habido. Además está cuestionando los valores vigentes… y vanguardia siempre va a haber. Yo definiría la vanguardia como esa poesía que cuestiona las comunicaciones vigentes, ¿no? Que intenta un lenguaje nuevo. Se advierte cierta estructura quebrada en los poemas, sentidos erráticos propios del caos que se vive. Siempre la poesía va a revelar el drama de una época, incluso hasta en un poema de amor, que parecería alejado de la realidad histórica, pero entre líneas se va a colar la tragedia de la época.

 

¿Qué está escribiendo últimamente?

Ahora nada, casi nada, en realidad estoy releyendo poemas que no se publicaron porque no me gustaban, y ver si puedo remozarlos. Hasta ahora el resultado no me satisface. Como decía Rimbaud, mis ejercicios están cumplidos. Hay una especie de entropía, de agotamiento. No tengo, por ejemplo, la envidiable virtud de un Gonzalo Rojas que a los ochenta años sigue escribiendo como en el primer día, con la misma energía, el mismo talento, la misma excelencia, la misma eficacia.

 

Sus amigos lo impulsan a escribir...

Sí, me impulsan. No son muchos... (risas), me basta con que sean dos o tres.

 

El 5 de setiembre va a estar en La Plata formando parte de una mesa de poesía. Además de leer sus poemas, ¿hay algún tema específico sobre el que va a hablar?

Bueno, no hay una unidad temática, la unidad temática se registra en el tono personal. Vamos hablar de ciertas obsesiones que en mí, por ejemplo, son el final de las cosas, las despedidas y el deterioro del mundo.

 

El tema de la enfermedad, también...

Bueno, esa sería una de las formas del deterioro. Por eso dice Vallejo: “cuídate del futuro”, ¿no? A mí me fascinó siempre el final de las cosas, creo que el final de las cosas tiene una esencia poética en sí misma. [La charla] será una especie de antología oral, tratando de no apesadumbrar a los supuestos oyentes que voy a tener.

 

Y los va a tener...

 

___________

 

* Entrevista realizada en el programa Otros tiempos, por Radio Provincia de Buenos Aires, el sábado 30 de agosto de 1997.

 

(Actualización marzo – abril 2013/ BazarAmericano)

 


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