noviembre-diciembre 2017, AÑO XI, Nº 64

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Alejo Steimberg

La compleja imagen de Pablo Neruda: el gran mal poeta, el único poeta
Reportaje a Bart Vonck, traductor del Canto general al neerlandés. Serie Traducción

Bart Vonk (Brujas, Bélgica, 1957) es periodista, poeta y traductor literario. En 1984 llevó a cabo la primera traducción al neerlandés del Canto general. Ha traducido la casi totalidad de la poesía de Lorca, y en 1995 tuvo a su cargo la realización de una antología de César Vallejo, de la que también fue el traductor. Antes de abocarse a la retraducción del Canto... tradujo la antología de José Ángel Valente La composición del silencio. Entre 1988 y 1989 organizó, junto a otros especialistas, un festival multidisciplinario para conmemorar el centenario del nacimiento de Lorca. Actualmente colabora con la asociación literaria Het Beschrijf, con sede en Bruselas, en un proyecto para la difusión de autores flamencos en España. A fines de abril se presentó su traducción de Residencia en la tierra.

1. Leer y traducir, leer para traducir

Alejo Steimberg: ¿Cómo surgió la idea de retraducir el Canto general?

Bart Vonk: Es una historia bastante compleja. La editorial que me pidió la traducción de Neruda en el 84 cayó en bancarrota seis meses después, pero antes de eso una editorial holandesa de libros de bolsillo, Rainbow Pockets, ya había comprado los derechos, y de esa edición se vendieron 36.000 ejemplares. Es la misma editorial que me encargó la retraducción. Ya me habían propuesto hacer una reedición de la primera traducción, pero nunca quise.

A.S.: ¿Por qué motivo?

B.V.: Bueno, fue mi primera traducción literaria publicada... Uno aprende mucho en casi veinte años, y yo siempre consideré esa traducción como un pecado de juventud (risas), y no quería una reedición.

A.S.: Más allá de sus propios cambios como traductor, ¿qué diferencias encuentra entre traducir el libro hoy y hace casi veinte años?

B.V.: En primer lugar, que ha habido una edición científica del Canto general, la de Mario Santí para Cátedra. Además, se han editado hace un par de años las obras completas de Neruda también en edición científica en el Círculo de Lectores de Galaxia Gutenberg, y el primer volumen, que contiene el Canto general, está a cargo de Hernán Loyola. Loyola es un verdadero especialista en Neruda, y orientó el estudio de sus obras hacia perspectivas más académicas. Muchos otros estudios, excluyendo por supuesto el de Alonso y el de Rodríguez Monegal, no tenían una base realmente científica.
En segundo lugar, ha cambiado mi visión sobre Neruda. Hay que ver un poco el contexto de los años 80: yo y muchos colegas y amigos estábamos muy involucrados en comités de solidaridad con la lucha en América Central, en El Salvador, en Nicaragua... Con el tiempo cambió mi lectura del libro: ahora le he dado muchísima más importancia a la dimensión mítica y a todo lo que sale del contexto meramente político. Para mí, en resumen, retraducir el Canto... ha sido un placer, porque si uno deja un poco de lado la inspiración política, que por supuesto está presente en el Canto..., puede ver que además es la obra de un gran poeta. Juan Ramón Jiménez dijo una vez que Neruda era un gran mal poeta (risas), pero bueno... es un gran poeta. Yo creo que el Canto... es una gran obra; es una enciclopedia, también, del continente.

A.S.: ¿Pero era un gran mal poeta?

B.V.: Yo le voy a citar a otro escritor español, novelista esta vez, Juan Benet, que dijo: “Todo río caudaloso es turbio” (risas). Y yo creo que está mejor dicho. Las poéticas de Juan Ramón y de Neruda se oponían completamente: que un poeta dijera de otro con una concepción de la poesía opuesta a la propia que es un gran mal poeta... bueno, no es sorprendente. Yo creo que Neruda es un río que baja de la montaña y arrastra todo lo que está en su camino. El canto undécimo, “Que despierte el leñador”, es un canto político muy ingenuo, pero hay otros cantos que para mí son magistrales: “Alturas del Machu Picchu”, por ejemplo. También es muy bueno el último canto, más bien autobiográfico, que deja un poco de lado la retórica de la Guerra Fría.-

A.S.:¿Qué otro aspecto de la obra siente que está mejor reflejado en la nueva traducción?

B.V.: Los cambios de perspectiva: Neruda pasa de retratos muy detallistas a una visión panorámica muy amplia, y esto es muy importante en el Canto... . Santí dice en la introducción que en el Canto... hay dos instancias autoriales: el cronista y el poeta Neruda, y yo estoy totalmente de acuerdo. Cuando habla como cronista tiene una visión distante, como un águila desde el cielo, mientras que como poeta político se preocupa de los más mínimos detalles de la dimensión humana. Para mí es muy interesante esa tensión entre un punto de vista micro centrado en el hombre y su contexto inmediato, y la visión del paso de la historia y de la génesis del mundo y del continente.

A.S.: Se trataría entonces del contraste entre grandes paisajes histórico-socioculturales y retratos hiperrealistas.

B.V.: Sí. Pero además de un contraste, una correlación: los personajes retratados a veces encarnan una visión de la dinámica de la historia. Como en “Los conquistadores”, donde se condensa todo un grupo social o una cultura en un único retrato.

A.S.:¿Cuáles le parece que son las dificultades de traducción que la obra plantea?

B.V.: Las dificultades básicas en una traducción siempre surgen de las características de las lenguas en juego. Por ejemplo, Neruda hace un abundante uso de palabras abstractas, menos comunes en neerlandés que en español y más asociadas al discurso filosófico que al poético. Como ese efecto es todavía más fuerte si se las utiliza en plural, yo evité usar palabras como “soledades”. Algo parecido me sucedió con las formas del gerundio, que ya no se usan en neerlandés porque suena muy obsoleto. Decidí entonces pasar los verbos en gerundio al tiempo verbal del verbo principal, dando de esa manera una idea de sucesión de hechos. Se trató de un trabajo de transposición, y yo creo que esa elección encaja bien en el discurso del Canto general; es casi una obra épica, que relata eventos. Ahora bien: en ese relato, Neruda empieza a veces con un tiempo del pasado y sigue en presente; como eso es muy difícil de hacer en neerlandés, lo respeté en algunos casos y en otros no.
El carácter más abstracto del español frente al neerlandés que antes mencionaba se hace especialmente presente al traducir el Canto...: para el adjetivo “endurecido”, que Neruda usa repetidamente, hay en neerlandés una larga serie de posibilidades más específicas. Cuando el contexto era claro, yo opté por la opción más precisa (“endurecido por el hielo”, por ejemplo ).

A.S. ¿Cuál fue su actitud frente a un elemento específico de la escritura de Neruda como es el ritmo?

B.V.: Lo tuve muy en cuenta. No miré mi traducción anterior porque sentí que esta vez sí lo había captado. La vez anterior no me había dejado fascinar tanto, y eso hace una gran diferencia, ya que es un aspecto esencial del Canto.

A.S.:¿Y esto incluyó prestar atención a la métrica de algunos pasajes?

B.V.: Sí, por ejemplo en los fragmentos más épicos, donde la métrica resulta esencial para transmitir el efecto de acción constante.

A.S.: El Canto... es una obra pluridimensional, con secciones muy diferentes; ¿hay alguna que le haya planteado más dificultades que otras?

B.V.: Una sección que me resulta muy difícil es “Los ríos del canto”, las cartas a los poetas. Utiliza frases larguísimas en poemas larguísimos, lo que obliga a prestar muchísima atención a la estructura y a lo que dice cada poema. Además, cambia constantemente de registro, y es muy importante para la traducción percibirse esos cambios. Otro canto bastante difícil es “Machu Picchu”: hay varios símbolos que resultan todavía oscuros para la crítica; Neruda se basó en muchos libros, y no los conocemos todos. Es un ladrón, ¿eh? (risas). Neruda usa muchas citas en el libro, pero también hay muchas otras frases que también son citas y no lo sabemos.

 

2. La imagen de un poeta: Neruda o la sombra del padre

A.S.: ¿Cuál diría que es la imagen de Neruda para el lector medio en neerlandés? ¿Hay alguna de las facetas de su producción que sea más conocida? El poeta amoroso, el poeta comprometido...

B.V.: Creo que esas dos caras de Neruda son las más conocidas, pero eso no implica que lo conozcan como poeta, y creo que pasa lo mismo con el público hispanohablante. Lo que es conocido es el personaje romántico, tanto en su lado amoroso como en su lado político. Lo mismo ha sucedido con Lorca: siempre lo han vinculado a la República o a lo gay. Lo han convertido en un mártir de la causa gay, cosa que no tiene mucho sentido porque él no asume en sus textos su homosexualidad, no es Walt Whitman. O sea que la imagen popular es la del mártir de la causa gay, cosa que es en parte falsa, o la del mito republicano, el intelectual, si no revolucionario, democrático o antifascista. Neruda no era gay, que yo sepa (risas), pero también es percibido por el gran público desde dos o tres perspectivas básicas. Hernán Loyola está haciendo una investigación sobre la relación entre el posmodernismo y los últimos poemas de Neruda. No es que sean posmodernistas, pero hay una evolución en su obra que la gente no conoce.
Son notables las reacciones que Neruda ha producido también en los escritores posteriores. La manera en que lo trata por ejemplo Roberto Bolaño es casi la reacción de un hijo frente a la inmensa sombra del padre que le oscurece la mitad del mundo. Yo creo que faltan lectores adultos de la obra de Neruda. De todas maneras si yo fuera chileno también tendría que liberarme de Neruda, e incluso he tenido que hacerlo después de la primera traducción del Canto...: durante años he dicho “¡No, Neruda es un mal poeta, es un poeta retórico!” y cosas así (risas), y poco a poco me fui dando cuenta de que era mucho más. Creo que, como Lorca, es un poeta para el siglo XXI. Con sus debilidades y todo (a mí no me gusta su poesía amorosa), es un gran poeta.

A.S.: Me ha recordado una escena de Los detectives salvajes que muestra que Bolaño parece haber reflexionado sobre su posición: en ella su álter ego discute con un escritor chileno mayor y termina por ponerse a llorar ante la imposibilidad de justificar su rechazo a Neruda.

B.V.: Es que Neruda es un padre fundador de la nación chilena, y en Chile se lo sigue considerando como el único poeta. Esto, por supuesto, como dice Bolaño, es una exageración; es olvidarse de grandes poetas como Tellier o Lihn. La poesía chilena también es un río caudaloso.

A.S.: ¿Le parece que la republicación del Canto... puede jugar un papel importante en la transformación de la figura del autor?

B.V.: Hay que ver la republicación dentro del marco del centenario del nacimiento de Neruda. Yo fui a la conferencia de prensa conjunta de las organizaciones que armaron los festejos, y tengo que confesar que no han aprendido nada (risas). Me parece que no los mueve el interés literario, que es fundamental. Neruda es un escritor que durante buena parte de su vida tuvo una voz política muy fuerte, pero es mucho más que eso. No habría que centrarse tanto en la voz política: su último poemario al respecto es una diatriba contra Nixon, que parece la obra de un mal poeta. Para mí el poeta es mucho más grande que el hombre político por la fuerza de su imaginación. Es increíble cómo puede ver en cosas concretas toda la historia de América Latina, cómo se atreve a escribir el Canto general como si fuese la Biblia; el primer canto es “La lámpara en la tierra”: Fiat lux. Es el Génesis con una corrección: no es la lámpara en el cielo sino en la tierra.
Creo también que Neruda es víctima del marxismo, que es una filosofía muy pobre para dar cuenta de la realidad, porque no se puede aislar la realidad política de la realidad, y me parece que es lo que han hecho. Neruda se creyó marxista, y eso fue muy pobre de su parte: él no leyó bien a Marx, yo no creo que haya logrado hacer del Canto... una obra materialista.

A.S.: ¿Qué tan grande es la proporción de las obras de Neruda traducidas al neerlandés?

B.V.: Se han hecho varias antologías, pero se han traducido muy pocos poemarios enteros: creo que sólo los Veinte poemas..., los Cien sonetos de amor y el Canto... Se privilegió más el costado amoroso y político. Salvo el Canto..., no se ha publicado ninguna de las grandes obras, como Extravagario o las dos Residencia en la tierra, el Memorial de Isla Negra, las Odas..., los últimos poemarios.

A.S.: ¿Cuál diría que es el lugar que ocupa hoy por hoy el Canto... en la obra de Neruda?

B.V.: Creo que Neruda, con el Canto general, quiso hacer una autocorrección. En las dos primeras Residencia... se había dejado influenciar por el surrealismo y había desarrollado una visión muy trágica y oscura del amor. Me parece que tuvo miedo de este aspecto oscuro de su poesía y que trató de autocorregirse a través de la política. No parece haber resultado, porque en las obras posteriores él vuelve a sus temas. Creo que el Canto... es su poemario más preparado, tanto en cuanto a la lectura como a la escritura, y tiene un peso especial por haber formado parte de su obra clandestina. Creo que es un magistral intento de enciclopedista; él no pudo mantener esa línea hasta el final, y eso es para agradecer (risas).

A.S.: ¿No se podría decir lo mismo de todos los grandes escritores que han intentado ceñir su obra a un proyecto programático? Estaba pensando en Zola y en su intención de producir una novela científica tan real como lo real: uno puede pensar, leyendo Nana, que lo extraordinario es el fracaso maravilloso de ese proyecto, como en la escena grotesca y sobrenatural de Nana hipnotizando a cientos de hombres en un teatro con el movimiento de sus caderas

B.V.: Puede ser una buena comparación, porque Neruda era un gran seductor, tanto a nivel amoroso como político.

A.S.: Pero es una comparación con Nana, no con Zola! (risas)

B.V.: Es que era realmente un seductor, un hombre con un ego muy grande que se apoderaba de las cosas que le gustaban. Eso puede comprobarse si uno visita sus casas y ve las enormes y variadas colecciones que tenía: él quería todo. Veía una espuela y quería toda una colección; un caracol, y lo mismo (risas). Todas esas cosas eran extensiones de su ego. En su casa de Isla Negra él se sentaba frente a una mesa hecha con una tabla encontrada en el mar, y yo creo que estaba convencido de que tenía una relación privilegiada con el mar, de que el mar le hablaba como a ninguna otra criatura. Esa es una idea muy romántica. Sus Odas... también son una colección: de frutas, de objetos... . Él se identificaba con todo o, mejor dicho, quería que todo se identificara con él (risas).

(Una versión reducida de este reportaje se publicó en Panorámica Latinoamericana n° 19, Bruselas, abril de 2004.)




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ISSN 2314-1646