septiembre-octubre 2017, AÑO XI, Nº 63

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Editora

Ana Porrúa

Consejo editor

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Matías Moscardi  /  Carlos Ríos
Alfonso Mallo

Columnistas

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/  Ana Porrúa

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/  Osvaldo Aguirre

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Julio Schvartzman

Colaboran en este número

Matías Moscardi
/  Nora Avaro

Carlos Ríos
/  José Miccio

Marcela Zanin
/  Ulises Cremonte

Flavia Garione
/  Cristian J. Molina

Federico Leguizamón
/  Rodrigo Montenegro

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/  Juan Ariel Gómez

Luciana Sastre
/  Sebastián Bianchi

Sergio Raimondi
/  José Fraguas

Guadalupe Silva
/  Emilio Jurado Naón

Analía Capdevila

Curador de Galerías

Daniel García

Diseño


Ecequiel Leder Kremer / Librería Hernández “TODA BUENA LIBRERÍA ES DE FONDO”

Hernández es una librería general orientada hacia las ciencias sociales. Ese ha sido su foco desde su fundación, hace 53 años.
En los últimos años, el cambio cualitativo más importante que hemos visto es el de una hiperproductividad de conocimientos bibliográficos. Esto ha traído cambios en las formas de atender a una demanda que cambia con el desarrollo de esta hiperproductivdad de contenidos. En gran medida esto se debe a un nuevo perfil de los profesionales de las ciencias sociales. Hay una hiperbibliodiversidad. Y los lectores además tienen herramientas muy sofisticadas para detectar lo que hay editado, lo que hay en catálogos. Nuestra función en muchos casos consiste en conseguirles ese material que están buscando. El público de ciencias sociales sabe que apostamos a la completitud, a tener todo lo que puedan necesitar, aunque sea material de rotación lenta.

El fenómeno más sustancioso que explica la hiperbibliodiversidad tiene que ver con que hoy hay mucha más gente escribiendo, con que se han abolido todos los mecanismos de censura y que se abrieron nuevos mercados, aunque sean para públicos muy específicos. Mucha gente escribe, mucha gente edita contenidos, y mucha más gente lee. (Aunque no siempre este fenómeno pase exclusivamente por el papel). Mucho se canaliza a través de medios electrónicos.

En Hernández recibimos mil títulos nuevos por mes. Eso exige un gran esfuerzo administrativo. Uno tiene a creer, también, que en este fenómeno hay un elemento banal, la publicación de muchos libros que no merecen la pena. Pero ¿quién determina qué vale la pena editar y qué no?

Las editoriales más grandes saben que una estrategia para expandir las ventas consiste en incrementar la cantidad de lanzamientos. Cuanto más lanzan, más venden. Esto es algo independiente de la calidad. Desde este punto de vista, la mayor edición de libros corresponde más una decisión comercial que al hallazgo de libros realmente importantes para editar.

Una cosa es la bibliodiversidad y otra la avalancha de novedades que llega cada mes.
En las mesas distribuimos el material según editoriales, cosa de que el público pueda inferir enseguida cuáles han sido los criterios que aunaron esos materiales. Las mesas se cambian de manera dinámica. Criterios para ver qué ponés en las mesas hay muchísimos, lo más importante es que el lector tiene que darse cuenta enseguida cuál es el criterio que usaste.
Me gustaría trabajar más con el fondo, pero es difícil, tenés que tener las novedades. La aparición de críticas en los diarios, de comentarios, los temas de conversación, hacen que se genere una presión que trae gente a la librería preguntado por determinadas novedades.

Un problema que tiene esta hiperbibliodiversidad es que se hace muy difícil construir una apreciación de la calidad de los libros. Muchas veces no conocés al autor, y entre todo lo que te mandan es muy posible que muchas cosas buenas te pasen un poco desapercibidas.

La presencia de libros importados se redujo muchísimo. A partir de la devaluación, hubo grandes cambios en el sector editorial y el libro argentino ganó espacio en términos de mercado. Se exporta, se produce más, hay más editoriales, es más barato hacer los libros. Encima, por el otro lado, los libros importados se han encarecido muchísimo. Si antes, durante la convertibilidad, teníamos 50% del material local y 50% importado, hoy los porcentajes son de 20% para lo importado y 80% para lo nacional.

Todas las librerías tienen libros que un lector no vio nunca. Todas las librerías tienen los libros necesarios para ser buenas. La diferencia está en qué es lo que se elige para destacar y cómo se media con los lectores. Los buenos vendedores siguen siendo imprescindibles.

En la Argentina, la mayor parte de las librerías son de fondo. Esto significa que lo más importante de las ventas proviene de los catálogos de las editoriales, y no de las novedades. Lo que más se vende es el material que rota más despacio. Toda buena librería es de fondo.
Los rankings semanales que publican los diarios no dicen nada sobre la verdad de las ventas. Hay muchos libros que en una semana venden muy poco como para figurar en el ranking, pero en el consolidado del año, con ventas sistemáticas y sostenidas, te das cuenta de que son los que más venden.




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646