noviembre-diciembre 2017, AÑO XI, Nº 64

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INVESTIGACIONES EN LA LIBRERIA
Entrevistas de Osvaldo Aguirre y Ezequiel Alemian

Un célebre slogan alude al tránsito del libro “del autor al lector”. La frase soslaya tanto la existencia de una industria como la figura de un tercero en discordia, el librero, cuya intervención suele determinar el resultado de esa relación, la elección concreta del lector. Al igual que el resto de los actores involucrados en la industria editorial, el rol del librero parece replantearse hoy según las nuevas modalidades de la producción y la comercialización de libros. ¿Cómo, según qué criterios, se ordenan hoy las librerías argentinas? ¿Influyen las demandas de los lectores y los pedidos de las editoriales? ¿Qué piensan los libreros del ritmo actual de la industria editorial y cómo responden ante el ingreso masivo de novedades? ¿Qué recorrido, qué historia tiene un libro en una librería? Estas y otras cuestiones aparecen en las respuestas que siguen. Ecequiel Leder Kremer / Librería Hernández “TODA BUENA LIBRERÍA ES DE FONDO” Hernández es una librería general orientada hacia las ciencias sociales. Ese ha sido su foco desde su fundación, hace 53 años. En los últimos años, el cambio cualitativo más importante que hemos visto es el de una hiperproductividad de conocimientos bibliográficos. Esto ha traído cambios en las formas de atender a una demanda que cambia con el desarrollo de esta hiperproductivdad de contenidos. En gran medida esto se debe a un nuevo perfil de los profesionales de las ciencias sociales. Hay una hiperbibliodiversidad. Y los lectores además tienen herramientas muy sofisticadas para detectar lo que hay editado, lo que hay en catálogos. Nuestra función en muchos casos consiste en conseguirles ese material que están buscando. El público de ciencias sociales sabe que apostamos a la completitud, a tener todo lo que puedan necesitar, aunque sea material de rotación lenta. El fenómeno más sustancioso que explica la hiperbibliodiversidad tiene que ver con que hoy hay mucha más gente escribiendo, con que se han abolido todos los mecanismos de censura y que se abrieron nuevos mercados, aunque sean para públicos muy específicos. Mucha gente escribe, mucha gente edita contenidos, y mucha más gente lee. (Aunque no siempre este fenómeno pase exclusivamente por el papel). Mucho se canaliza a través de medios electrónicos. En Hernández recibimos mil títulos nuevos por mes. Eso exige un gran esfuerzo administrativo. Uno tiene a creer, también, que en este fenómeno hay un elemento banal, la publicación de muchos libros que no merecen la pena. Pero ¿quién determina qué vale la pena editar y qué no? Las editoriales más grandes saben que una estrategia para expandir las ventas consiste en incrementar la cantidad de lanzamientos. Cuanto más lanzan, más venden. Esto es algo independiente de la calidad. Desde este punto de vista, la mayor edición de libros corresponde más una decisión comercial que al hallazgo de libros realmente importantes para editar. Una cosa es la bibliodiversidad y otra la avalancha de novedades que llega cada mes. En las mesas distribuimos el material según editoriales, cosa de que el público pueda inferir enseguida cuáles han sido los criterios que aunaron esos materiales. Las mesas se cambian de manera dinámica. Criterios para ver qué ponés en las mesas hay muchísimos, lo más importante es que el lector tiene que darse cuenta enseguida cuál es el criterio que usaste. Me gustaría trabajar más con el fondo, pero es difícil, tenés que tener las novedades. La aparición de críticas en los diarios, de comentarios, los temas de conversación, hacen que se genere una presión que trae gente a la librería preguntado por determinadas novedades. Un problema que tiene esta hiperbibliodiversidad es que se hace muy difícil construir una apreciación de la calidad de los libros. Muchas veces no conocés al autor, y entre todo lo que te mandan es muy posible que muchas cosas buenas te pasen un poco desapercibidas. La presencia de libros importados se redujo muchísimo. A partir de la devaluación, hubo grandes cambios en el sector editorial y el libro argentino ganó espacio en términos de mercado. Se exporta, se produce más, hay más editoriales, es más barato hacer los libros. Encima, por el otro lado, los libros importados se han encarecido muchísimo. Si antes, durante la convertibilidad, teníamos 50% del material local y 50% importado, hoy los porcentajes son de 20% para lo importado y 80% para lo nacional. Todas las librerías tienen libros que un lector no vio nunca. Todas las librerías tienen los libros necesarios para ser buenas. La diferencia está en qué es lo que se elige para destacar y cómo se media con los lectores. Los buenos vendedores siguen siendo imprescindibles. En la Argentina, la mayor parte de las librerías son de fondo. Esto significa que lo más importante de las ventas proviene de los catálogos de las editoriales, y no de las novedades. Lo que más se vende es el material que rota más despacio. Toda buena librería es de fondo. Los rankings semanales que publican los diarios no dicen nada sobre la verdad de las ventas. Hay muchos libros que en una semana venden muy poco como para figurar en el ranking, pero en el consolidado del año, con ventas sistemáticas y sostenidas, te das cuenta de que son los que más venden. Ibero Martínez / Librería El Espejo (Córdoba) “LOS LIBREROS DEBEMOS MANTENER UNA IDENTIDAD” El camino librero que hoy es “El Espejo” comenzó en 1988 con un bolso, unos pocos libros consignados y los pies y el corazón de Antonio Moro andando Córdoba. “El Espejo” es una librería especializada en humanidades –con un acento especial en la psicología–. También trabajamos buena literatura y poesía. Nuestro público son profesionales, docentes, estudiantes y otros muchos lectores sensibles. Nuestros libros están ordenados en distintos anaqueles temáticos, el criterio de clasificación es el análisis conjunto que realiza nuestro equipo de trabajo, para lo cual consideramos, obviamente al “libro” y a sus posibles lectores. Somos, cuanto podemos, una librería independiente, esto es: las editoriales no inciden directamente en nuestro ordenamiento interno ni en la decisión sobre la exhibición. Habitualmente un libro se mantiene en vidriera –dependiendo del caso– unos 20 a 30 días. Salvo excepciones o cuestiones coyunturales. Pero no sólo le damos vidriera a las novedades, muchas veces se exhiben reediciones importantes, material importado o difícil de conseguir. Hay libros con “fecha de vencimiento”, eso es claro… Basta ver los rankings de ventas. Pero en “El Espejo” intentamos que “esos” libros no nos invadan. Apostamos a la calidad y la seriedad de los títulos que ofrecemos. Es una realidad que no se puede exhibir todo, pero es entonces cuando entra en juego el oficio librero; escuchar la consulta, entenderla y rescatar ese libro escondido que esperaba por su lector en la estantería más alta. O sea, no sólo se vende lo que se muestra… En “El Espejo” no recibimos en forma automática todas las novedades que sacan los grandes grupos editoriales. Es una lucha diaria, cuerpo a cuerpo, por decidir qué entra y qué no, qué queda y qué se devuelve del “alud editorial”. Hay una clara tendencia de los grandes grupos editoriales a marcar los modos y los tiempos para la comercialización actual de libros. Los libreros debemos intentar hacernos escuchar, negociar y encontrar el modo de no perder singularidad, de mantener una identidad que nos haga reconocibles y que los lectores encuentren en nuestra atención una “escucha” y una formación librera que las grandes cadenas no puedan ofrecer. Débora Yánover / Librería Norte “CREEMOS EN LA LITERATURA” Mi utopía sería tener todos los libros que salen. Esto, que hace 40 años era casi imposible, hoy es más imposible todavía. Como no me da el espacio físico para tener todo lo que sale, y sólo por eso, tengo que seleccionar. Y cada vez hay que seleccionar más. Es impresionante la cantidad de cajas de libros que recibimos y devolvemos. Hay mucho material que entra a la librería y directamente va al depósito. Si alguien me pide uno de esos libros, lo rescato del depósito y se lo vendo. Pero hay mucho material que no se exhibe nunca. Para seleccionar priorizo antes que nada la calidad literaria. En cuanto a los sectores que más priorizamos, son literatura, poesía, filosofía. Vienen poetas de todo el país e incluso del mundo a comprar a la librería. También muchos estudiantes, que saben lo que tenemos. No somos un comercio, creemos en la literatura. Hago cuatro o cinco importaciones de libros desde Europa por año, pero con la suba del euro la participación de las importaciones se redujo muchísimo. Durante la convertibilidad, con el 1 a 1 hasta las obras de Borges traía de España. Era más barato traerlo que comprarlo acá. Igual, por supuesto, prefiero el momento actual, con muchas editoriales chicas, editando muy bien, muy buenos libros, y con ventas muy interesantes, y con otras editoriales, como Siglo XXI, que volvieron al país. En las mesas pongo lo que creo que se va a vender más. La lista de best sellers de La Nación. Es un material que rota muchísimo. De todas formas, el concepto de best seller, en los últimos años, se ha ampliado muchísimo, se ha diversificado. Ahora se vende mucho el policial (Mankell, Mavrakis, Larsson), y algunos son muy buenos. Incluso entre los infantiles ahora hay best sellers, como las sagas de Harry Potter, Narnia, Amanecer. El ritmo de edición de novedades es insoportable. De algunas partidas que nos mandan los distribuidores, más de la mitad lo devolvemos inmediatamente. Yo creo que eso se explica en parte porque, culturalmente, en los últimos años hemos ido dando pasos y conquistando espacios interesantes. Además, porque me parece que las editoriales han logrado vender sus productos a muy bajo costo, incluso en otros mercados de América Latina. Me interesan mucho los lanzamientos de escritores argentinos. Me interesa que funcionen. Los lectores tienen que tener una curiosidad por lo que se está escribiendo en la actualidad, a la vez que los escritores tienen que leer lo que escriben sus contemporáneos. El 2009 fue un año muy duro. Parecía que la cuestión iba a mejorar, pero a partir de octubre claramente estamos trabajando en un mercado a la baja. Se han editado bastantes cosas en libros de bolsillo, las ventas vienen creciendo pero creo que se tendrían que vender muchísimos bolsillos más. Me da la impresión de que todavía no son lo suficientemente baratos. Pablo Braun / Eterna Cadencia “LA GENTE ENTRA A LA LIBRERÍA SIN SABER BIEN QUÉ QUIERE” Pienso mi librería como un poco más que una librería, por eso la creé con un bar, no para pasar y tomarse un café sino para sentarse a debatir sobre libros. No es sólo un comercio a la calle. Por eso programamos cursos a lo largo del año, y hacemos charlas y entrevistas. Algo a lo que le doy mucha importancia es al aspecto virtual, como forma de comunicación. Tenemos un blog que actualizamos varias veces por día, hecho no con un criterio endogámico, hablando sólo de nuestros autores, sino mucho más amplio, tratando de reflejar lo que sucede con la literatura que nos gusta. Subimos entrevistas, desgrabaciones de charlas, recomendaciones de lectura de terceros. No pensar la librería sólo como una librería, sino tratar de crear una nueva forma de vincularnos con la literatura, algo que a lo mejor recién se termine de alcanzar dentro de varios años. Cuando pienso en los clientes de la librería pienso en clientes avanzados, en lectores de buena literatura. Cada vez más me gusta trabajar con los “fondos” de las editoriales y no con las novedades. Una o dos veces por año reviso todos los catálogos de las editoriales, que a veces son interminables, buscando cosas que me interesa para traer a la librería. Es un trabajo fino, muchas veces decepcionante, porque pedís 500 títulos y te responden que sólo les quedan 25. Ficción, filosofía, ensayos, crítica literaria son los sectores que priorizo. El 80% de los libros vendidos deben ser de ficción. Mi librería tiene segmentada la narrativa extranjera en narrativa contemporánea, con autores vivos o relativamente, y narrativa clásica, que no son los clásicos griegos sino autores como Tolstoi o Joyce. También hay una sección de orientalismo muy importante. Uno de los vendedores sabe muchísimo del tema y la fue armando él. Pero el cuerpo principal de la librería son los textos de ficción. Le doy mucha importancia a la poesía, también, a pesar de que no leo poesía (trato de armar la librería según mis gustos pero con el criterio más amplio posible. No quiero que sea la librería de Pablo Braun, porque si no entraría yo solo). Poesía es uno de los sectores mejor exhibidos de la librería, a pesar de que las ventas son casi nulas. Pero me parece que la poesía y la narrativa se complementan naturalmente. Acá se vende muchísima literatura argentina. En nuestro caso, la exhibición en mesa es determinante. Lo que pongo en la mesa es el 70% de las ventas. Tratamos de que no sean todas novedades, aunque las renovamos continuamente. Hoy la librería es un negocio que funciona muy ajustado. Pero es algo que quiero hacer así que asumo los costos. Empecé sin saber casi nada, hace cuatro años, y los resultados han ido siempre mejorando. Precisamente porque pienso que todavía no llegué a mi techo de conocimiento del negocio es que pienso que la librería tampoco alcanzó su punto óptimo de resultados. El ritmo de publicación de novedades me provoca un ahogo terrible, es una carga enorme. Sobre todo para una librería como ésta, que intenta trabajar mucho más con los catálogos que con las novedades. Hay veces en que llegan 100 títulos y 98 los mando a devolución directa. Lo cual es, además, un engorro terrible, porque hay que entrar todo el material en el sistema, y después darle salida, sin que haya estado a la venta. Mucho tiempo de trabajo y costo de personal para nada. Cada vez más estoy tratando de trabajar con las editoriales comprando sólo en firme. Es negativo en el sentido de que uno tiene que movilizar mucho más dinero, tiene que comprar todos los libros. Y otra parte, si uno no recibe el servicio de novedades, se pierde cosas rescatables en cuanto a calidad, o libros que venden muy bien. Pero por otro lado, te ahorrás todo el trabajo que implica recibir lo que no querés y tenés el material mejor seleccionado. Los libros de bolsillo los uso para completar títulos de autores. Hay algunos libros que están solo en bolsillo. Representan una alternativa válida, pero tampoco es que tengan ventas muy interesantes. La gente entra a la librería sin saber bien qué quiere. Yo les digo a los vendedores que dejen que la gente mire por su cuenta. Por eso además tratamos de que las mesas sean amplias. Si la gente necesita ayuda, la pide, a veces con la mirada, buscando a un vendedor. Pero detesto las librerías donde los vendedores de abalanzan sobre los lectores. Y si viene algún cliente sabiendo específicamente qué es lo que está buscando, lo más probable es que no lo tengas. Pasa casi siempre. Puse la librería en Palermo porque me gustó el local (la casa) apenas lo vi, porque quedaba cerca de mi casa y porque detesto el centro. No tengo tanto derrame de las librerías que hay del otro lado de la Juan B. Justo (avenida que divide a Palermo en dos zonas muy poco comunicadas comercialmente), donde ya había varias librerías. Como creo en los polos culturales, me parece que si otras librerías se instalaran de este lado de la avenida, el negocio mejoraría, más que repartirse. Jorge González / Director Comercial de Yenny-El Ateneo “LA RELACIÓN DEL LIBRERO Y EL LECTOR CAMBIÓ” Yenny-El Ateneo tiene 40 librerías en todo el país. Vendemos 5 millones de libros al año. Eso representa alrededor del 25% de las ventas de las editoriales más grandes. Las librerías reciben 13 millones de visitas al año. Tenemos librerías que van de los 40m2 a los 2.000m2, aunque en general son bastante grandes. Nosotros vendemos “fondo”. Para dar una idea: los 100 títulos más vendidos en las librerías representan poco menos del 13% del total de las ventas. Esto un poco para ponerlo en relación con esa idea del editor que gasta un montón de energía en encontrar “la” novedad. A veces los editores gastan energías de más, me parece. La venta importante no viene de las novedades, sino del “fondo”. Para ponerlo más en perspectiva: los libros infantojuveniles se quedan con aproximadamente el 20% de las ventas de los salones. La nuestra es una librería general. La composición de la oferta de nuestras librerías es la más amplia posible. Esto se explica por la ubicación de nuestros locales, por el target de nuestros visitantes, y por la oferta que podemos hacer, pensada en términos del tamaño de los locales. Desde libros para lectores de ficción, o incluso libros para quienes no leen ficción, hasta libros de poesía, por ejemplo, que son para un público muy exigente. Tenemos secciones de poesía con más de 1.500 títulos, por ejemplo. El problema con las librerías generales es que si tenés un local de 100m2, lo más probable es que no puedas lograr una identidad. No te alcanza el espacio para ser una librería general completa. Entonces o tenés una librería mal surtida, o tenés que cambiarla. Hay tres tipos de librerías: la librería general, como las nuestras, las librerías temáticas, especializadas, como las de libros de turismo, o libros de arte, y las librerías de autor, donde de alguna manera el librero es el garante de que lo que hay en el salón es bueno. Son librerías como Norte, o Paidós. En la Argentina se editan 25.000 títulos al año, entre novedades y reimpresiones. En España, la cifra es de 60.000 títulos al año. Yenny-El Ateneo tiene aproximadamente 100.000 títulos en stock permanente. La cantidad de ejemplares es de unos 250.000, porque de algunos títulos hay varios ejemplares. En una librería de 200m2 entran unos 25.000 títulos. Tratamos de darle una lectura a la librería. Que el lector, si no quiere ser atendido (y es importante señalar que el 64% de los clientes que entran a la librería, cuando entran, no saben qué van a comprar), pueda moverse solo. En la primera mesa ponemos las novedades, que es lo que un poco cambia la mirada de la gente cada vez que entra. Cerca de esa mesa, ponemos los títulos que siguen teniendo peso, de los que se sigue hablando mucho y siguen vendiendo bien. Después, los sectores los vamos vinculando para que se sigan como en una lectura. Esto hace que el cliente de mueva solo. Hace años que la relación entre el librero y el lector cambió. Los lectores ahora tienen acceso a muchísima información y profundizan solos sobre títulos o autores que les interesan. Por eso cuando van a una librería les gusta revisar por su cuenta. Hay sectores de destino, como los de los libros más técnicos, por ejemplo, cuyos visitantes no suelen tentarse con otros libros. Van a buscar específicamente eso. Eso son los sectores que ubicamos más retraídos. Los sectores de venta compulsiva, en cambio, obviamente, son los más expuestos al paseo del cliente. El orden por sectores es más o menos el mismo en todo el mundo: literatura internacional, literatura local, crítica literaria, poesía: se van agrupando. Como también se agrupan arte, arquitectura, diseño, decoración, etc. En Estados Unidos las grandes librerías, como Barnes&Noble, directamente construyen sus propios edificios. Eso les permite mejorar la circulación, hacer una señalización más efectiva. Pero los sectores con que se organiza el material, son los mismos. La Central, que es una librería magnífica, de Barcelona, no separa las lenguas, por ejemplo. Si uno busca Borges, tiene Borges en castellano, en inglés, en francés, todo junto. Acá sí separamos las lenguas, pero igual que allá ponemos por un lado literatura internacional y por otro literatura nacional. La cantidad de novedades editadas por mes se ha acelerado muchísimo en los últimos tiempos, aunque ahora parece haberse amesetado y se dice que va a bajar un poco. Yo creo que este incremento en el volumen de novedades tiene que ver básicamente con el abaratamiento del costo de hacer un libro. Hoy no se selecciona tanto qué se va a editar. Se edita cantidad. Sigue habiendo cosas muy buenas, por supuesto, pero la cantidad evidentemente tampoco es que haya traído mayor calidad. Para la librería, el incremento en el volumen de novedades es un problema, antes que nada porque implica un costo logístico oculto enorme. Hay otro aspecto, y es que el librero tiene que convertirse en una especie de segundo editor. De entre todo lo que le llega, tiene que elegir porque no le alcanza el espacio para exhibir todo. Así pasa que hay muchísimos libros que vuelven a la editorial sin haber tenido una oportunidad de ser expuestos. Es un sistema que además se encamina hacia la insatisfacción de los autores. Los editores deberían entender que su trabajo no se termina cuando el libro llega a la librería, sino cuando el librero entiende por qué el libro que le están mandando es un libro que merece ser vendido. Otro aspecto es el de la crítica. Al haber tanta cantidad de libros, muchas veces ocurre que las críticas en los diarios salen cuando los libros ya no están en las librerías, porque han sido devueltos. Si un libro se vende, queda en la librería, se sigue reponiendo. Si un libro no se vende, depende un poco de la decisión de los gerentes de cada sucursal. Si consideran que el libro debe ser incorporado al fondo de la librería, porque es un autor que valoran, el libro queda en el “fondo”. El “fondo” de la librería es importantísimo. Es la forma de presentación más esencial que tiene un librero. La presencia de los libros de bolsillo es importante, y muy positiva. Les corresponde un 5% de las ventas. Y a los libreros nos ayudan a acceder al público por precio, porque de otra manera no gastaría. También nos ayuda a acceder a un público que no tiene demasiado respeto por el libro como objeto, y esto en general se da en las generaciones más jóvenes. Y también ayuda a mantener títulos en el “fondo” porque editar un pocket para la editorial es mucho más barato que hacer una reedición. No veo que los libros de bolsillo sean una competencia para los libros más grandes. Creo que complementan y amplían el mercado. Silvina Ross / Librería Ross (Rosario) “EL SABER DEL LIBRERO SIGUE TENIENDO VALOR” Librería Ross fue fundada en 1937. En sus comienzos su fundador, Arnoldo Ross, vendía revistas importadas y textos de idiomas y al poco tiempo comenzó a sumar textos universitarios, literatura y ensayos. Por eso con los años se terminó convirtiendo en lo que es hoy: una librería integral. A Arnoldo Ross le gustaba decir que si un libro no estaba en Ross era porque no existía. Esto que parece una ilusión, es para nosotros una declaración de principios a la que adherimos las tres generaciones que ya conformamos Ross. Nosotros consideramos que tenemos que tener cada libro que un lector busca y por eso nos esforzamos en conseguir un libro con el que no contamos y en mantenernos en continuo contacto con el lector que lo busca. Nuestro público es plural, abarca todas las edades, todas las necesidades de estudio (desde el jardín de infantes hasta la universidad) y contamos con material de todas las temáticas y una amplia oferta en literatura. También consideramos que somos una librería tradicional, en el sentido de entender a la del librero una profesión, tan importante en una sociedad como la del médico, el psicólogo, el abogado, el arquitecto. Los libreros que recomendamos y orientamos somos el puente entre el creador y el que disfruta la obra y nuestra tarea es la de un promotor cultural. Entendemos a la del librero como una profesión que ayuda a crecer intelectual y espiritualmente a las personas. Ross está organizada en sectores y cada uno de ellos es una disciplina. Toda la planta baja de la librería está dedicada a la literatura (dividida en: clásicos, literatura universal, hispanoamericana, argentina y de la región de Santa Fe y Rosario y literatura en otros idiomas, poesía, teatro y humor), las ciencias sociales (historia universal, historia argentina, política, sociología, antropología y filosofía), los libros de divulgación, cocina, puericultura, turismo y biografías; y un sector para niños, adolescentes y jóvenes. En la planta baja también están los espacios destinados a grandes, medianas y pequeñas editoriales, que entienden que tener un sector propio en el salón privilegia a sus sellos. Por otro lado, tenemos un gran sector de textos escolares de todas las materias e idiomas para el estudiante primario y secundario. Ross, desde hace más de 40 años es líder en el mercado del texto escolar en Rosario y Santa Fe. En el primer piso de la librería están las secciones de textos universitarios: medicina, derecho, arquitectura, ingeniería, diseño grafico, fotografía, educación, letras, periodismo, arte y música. Al ser una librería integral, no se privilegian ni temáticas, ni autores ni géneros. Nuestra librería va mutando según las necesidades del mercado y de nuestros lectores, pero siempre teniendo una lógica de orden (dentro de cada materia los libros están ubicados por orden alfabético de autor) para que nuestros libreros (que en su mayoría son bibliotecarios, escritores, poetas, actrices y muy buenos lectores) puedan recomendar el material y para que también el lector pueda ubicarse y encontrar rápidamente los libros de su interés. A pesar de la magnitud del salón de ventas, mantenemos la tradición de los viejos libreros (una especie en extinción) que recomendamos y comentamos las novedades y textos solicitados. Ross recibe todos los servicios de novedades de todas las editoriales argentinas y de todas las distribuidoras de libros extranjeros. Con todas las editoriales tenemos acuerdos individuales sobre la cantidad de libros que necesitamos para satisfacer la demanda de nuestros lectores. La reposición de títulos surge de nuestra demanda y de lo que nosotros consideramos que tenemos que tener en stock. Por otro lado, nosotros contamos con stock propio histórico y mantenemos stock propio año a año porque consideramos que los libros tienen que permanecer en la librería más tiempo de lo que el mercado editorial les otorga. Hoy es mayor la oferta que la demanda. Al lector que busca un libro, le resulta muy difícil encontrarlo dentro de la inmensa variedad de títulos y autores, por eso creemos central la labor del librero. Frente al ingreso masivo de novedades intentamos, con esfuerzo, que los libros que ya tienen más tiempo sigan exhibidos en el salón y convivan con las novedades porque entendemos que siempre hay un lector que va al encuentro de eso que no es lo último que llegó. El saber y el bagaje cultural de los libreros siguen teniendo un valor vigente. Y este es un valor que los lectores tienen en cuenta a la hora de elegirnos. Una persona que ingresa a una librería tiene que encontrar asesoramiento, puntos de vista, recomendaciones y un conocimiento general de quien lo atiende. Por otro lado las librerías, ya no son solamente despachadoras de libros como quisieron imponer las grandes cadenas de librerías. Por esto nosotros revalorizamos aspectos que hacen que una librería sea, sobre todo, un ámbito de socialización y un espacio de circulación de idas, debates y amigos y familias que se encuentran. Por esto, en nuestros 72 años, nunca dejamos de funcionar como un centro cultural donde todos los días hay alguna actividad: la presentación de un libro, una charla de un escritor, mesas de debates, firma de libros de alguna personalidad, talleres, cursos y obras de teatro, espectáculos de música y exposiciones de arte y fotografía y también, fiestas. Estas actividades que se desarrollan en el Centro Cultural Ross (ubicado en la planta alta del edificio de la librería). Además, consideramos que la librería y Ross lo fue desde sus comienzos, es un espacio de encuentro. Stella Maris Ponce / Librería Magister (Concordia) “EL RITMO DE LA INDUSTRIA EDITORIAL ES ABRUMADOR” Nuestra librería nació en 1984 con la intención de ofrecer bibliografía a estudiantes terciarios y universitarios y con un perfil humanístico. Hoy día, si bien es una librería general, con todas las áreas, sigue teniendo ese perfil destinado a la investigación, la docencia, textos para profesionales y sobre todo literatura y arte, por ser nuestra especialidad como artistas y docentes. Los libros se ordenan en los anaqueles en forma temática; el lector puede recorrer los distintos sectores que están identificados con carteles indicadores. En algunos casos, como Literatura hay secciones para distinguir Clásicos, Autores argentinos, Latinoamericanos, Autores locales y de la región, etc. Esta clasificación está de acuerdo con la forma en que se carga el material en el sistema, es decir, se evalúa al recibirlo dónde quedaría mejor ubicarlo y que resulte fácil encontrarlo en el local. Además de literatura tratamos de estar actualizados en las áreas de filosofía, psicología, historia y educación. Estas temáticas junto con narrativa de ficción, best sellers, autoayuda e investigación periodística son las que tienen mayor demanda. Pero sostenemos también áreas más difíciles como Poesía, el género que más se escribe y menos se lee. Aún a riesgo de tener pocas ventas siempre están las novedades y me encargo de promover las buenas ediciones y excelentes autores que se han editado últimamente. La mayoría de las novedades ingresan por servicio automático de las editoriales, es decir no son elección del librero, pero también hay un buen porcentaje de títulos que siempre reponemos y elegimos para tener en stock de acuerdo con las preferencias de nuestros clientes y el catálogo que consideramos imprescindible para la librería. Obviamente que el mercado juega un papel preponderante ya que dicta “lo que debe leerse”. Muchos clientes vienen directamente con los títulos que están en las listas de best sellers de las revistas culturales o lo que se promociona por televisión. De todos modos hace un tiempo estamos intentando un equilibrio entre lo más difundido en los medios y lo que nos parece importante promocionar y lo hacemos a través de nuestros programas de radio y TV o destacándolos en vidriera y en mesas especiales, claro que eso significa ir contra la corriente y no siempre se obtienen buenos resultados. Es muy difícil lograr acuerdos con los editores más importantes en cuanto a títulos y cantidades: cada uno intenta ocupar el mayor espacio posible dentro de la librería. En relación con esto desde hace unos años pertenecemos a la Red del Libro, una sociedad de libreros independientes con una nueva modalidad de gestión, en la cual cada librero decide marcar de los servicios de novedades los títulos que quiere recibir para no acumular material que no llega a exhibirse o no tiene rotación. El ritmo actual de la industria editorial es abrumador. Esto por un lado es bueno, es señal de desarrollo pero por otro lado implica que tanta producción no alcanza a ser asimilada por el mercado. Es realmente imposible mostrar, ofrecer, elegir entre tanta cantidad de títulos, autores, géneros, propuestas tan disímiles en cada editorial, considerando las nacionales y las extranjeras. Con lo cual el lector termina eligiendo lo conocido, lo más promocionado, los formatos económicos de bolsillo, por ejemplo porque teme no hacer una buena elección. Para el librero es un desafío cada vez mayor contar con un stock amplio que cubra la diversidad de consultas y a la vez seleccionar de acuerdo con el espacio del local y el perfil elegido, con la dificultad adicional de que una librería del interior para subsistir no puede especializarse totalmente. Las preferencias giran en torno a la actualidad política (Majul, Aguinis), la autoayuda (Ari Paluch; Stamateas, Rolón) la narrativa, principalmente novelas (desde W. Smith a I. Allende, desde H. Lanvers a Saramago, pasando por C. Piñeiro, G. Martínez, F. Bonelli, etc.) y libros esotéricos. Como cambios podría mencionar un creciente interés en la literatura infantil y juvenil, sector que tiene mucha actividad en nuestro salón a través de lecturas, visitas escolares y encuentros de animación. (Por tal motivo obtuvimos el Premio Pregonero 2007 otorgado por la Fundación El Libro de Buenos Aires). También hay un incipiente crecimiento en la venta de títulos de autores argentinos de literatura. Novelas galardonadas por premios, reediciones de libros agotados, aparición de inéditos, etcétera, han generado una atención particular sobre nuestros autores, lo cual es una buena señal. Pero indudablemente los fenómenos mediáticos direccionan al lector: pasamos de Harry Potter a Dan Brown, de Paulo Coelho a Stephanie Meyer, y la lista sigue. Nuestra librería siempre funcionó paralelamente a la Extensión Cultural desde la cual promovemos el hábito de la lectura, la difusión de autores y sostenemos una permanente actividad educativa y cultural. A partir de este año ya como Fundación Magister continuamos con los mismos objetivos. Organizamos la Feria del Libro de Concordia y la Región con mucho éxito de público y con importantes visitas de autores y también el Ciclo semanal “Leer por placer”, encuentro abierto y gratuito de lectura y el “Programa Nacional Abuelas y Abuelos Leecuentos en Concordia” a través del Plan Nacional de Lectura, con el aval de la Fundación Mempo Giardinelli, pionera del programa.




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646