marzo-abril 2017, AÑO XI, Nº 60

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Olor a escuela
Literatura, sectores populares y academia

El título del libro incluye una pregunta desafiante: Gente y cuentos ¿A quien pertenece la literatura? Se trata de una reciente publicación del Fondo de Cultura Económica Argentina cuya autora es la profesora norteamericana Sarah Hirschman.

La pregunta me remitió a la primera vez en que oí hablar de Sarah Hirschman y de la experiencia de Gente y Cuentos y eso ocurrió hace 28 años leyendo una nota en el número 1, de 1985, de la revista Espacios publicada desde entonces por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. La nota, firmada por los sociólogos María del Carmen Feijóo y Lucas Rubinich, llevaba el potente título de “Educación popular, estudiantes y universidad” y daba cuenta de una experiencia de seminario desarrollada en esa Facultad entre el 20 de noviembre y el 6 de diciembre de 1984. La nota tenía algo de programático en el sentido de que presentaba una experiencia inaugural en pleno momento de restitución de la vida democrática y parecía proyectar un promisorio desarrollo en términos de líneas de trabajo que buscaban vincular a sectores populares con la experiencia de la lectura de la literatura.

Si lo que el seminario ponía en juego eran algunas claves, en principio, técnicas, vinculadas con los criterios para la selección de textos, con la lectura en voz alta, con las expectativas de adultos con diversidad de relaciones con la cultura escrita y con el sistema formal de enseñanza, su impacto más destacado tuvo que ver con la repercusión y el interés del estudiantado y de personas de otros sectores y de otros campos distintos a la facultad que acudieron en ese momento al seminario. La nota celebra esa recepción y la contextualiza en un renacer de prácticas ya transitadas unos años atrás y cuya recuperación se presenta como un horizonte posible en la naciente democracia. Por otra parte, en las referencias bibliográficas del final, la nota cita el libro Gente y cuentos, educación popular y literatura de Hirschman y Feijóo que publicó en el año 1984, el CEDES, espacio desde donde Hirschman  propició todavía en tiempos de dictadura, diversas experiencias de Gente y cuentos en versión conurbano bonaerense.

Sin que se trate en ningún caso de un anacrónico gesto reivindicativo de tal o cual experiencia trunca, ni de los autores de aquella nota de los ‘80, la pregunta que la lectura de este interesantísimo libro de Hirschman me invita a hacerme hoy tiene que ver con lo que efectivamente ha venido ocurriendo en las universidades públicas de nuestro país y, más específicamente en las carreras de Letras, con esa impronta posible de hacer de la literatura un bien cultural a disposición de diversos sectores sociales, de la lectura de literatura, una experiencia posible a ser transitada por personas con diferentes trayectorias en la educación formal y en su relación con la cultura escrita.                                Desde la literatura, como objeto de investigación y crítica en la universidad, a la literatura como saber escolar, objeto de enseñanza, la propuesta de Gente y cuentos y su trayectoria en la Argentina invitaban a abrir el juego a consideraciones altamente complejas y desafiantes en torno a aquello que la literatura puede provocar más allá de los claustros de estudio. La experiencia de Gente y cuentos –que vuelve hoy con potencia y fundamentación pertinente y convincente en el libro de Hirschman– pone en evidencia lo que acaso haya sido una de las zonas de vacancia, de escasa presencia en los espacios de formación y en las líneas de investigación del campo de Letras en las últimas décadas. Campo de borde, que reclama una lógica interdisciplinaria, que desafía al rescate de una empiria, de unas prácticas sociales de lectura, que habrán de convertirse en objeto de investigación y de conocimiento, las prácticas de lectura en espacios no universitarios y por fuera de los espacios institucionalizados no se constituyeron –salvo escasas excepciones– en prioridad.

 

No estoy hablando de manera particular de un seminario puntual sobre la experiencia de Gente y cuentos sino que me estoy preguntando por unas políticas posibles de investigación, de formación y de enseñanza que pudieron haber recuperado y priorizado en su agenda el desarrollo acumulativo de numerosas experiencias históricas y contemporáneas como parte del repertorio de problemas del campo literario. Un tipo de desarrollo que supone el reconocimiento de una dimensión inmediatamente política de lo literario, de una política de la lectura y de una política de circulación y apropiación de la cultura escrita de parte de vastos y diversos sectores de la sociedad. En definitiva, y retomando una expresión familiar de la vida académica, una política de los modos de leer.

¿A quien pertenece la literatura? es la pregunta que se lee en la tapa del libro de Hirschman y en su interior se ponen en juego claves recuperadas de la experiencia acerca de los modos en que se ponen a circular los textos literarios, acerca de los modos de seleccionarlos y acerca de los modos en que se proponen leer unos textos a los que se les atribuye el carácter de literarios, rasgo que será compartido y discutido con personas que no se han configurado una representación de la literatura como producto estético en la educación formal. La experiencia de la lectura se liga a modos existenciales, a temáticas significativas pero también al descubrimiento de zonas de “sombra”, como acuña Hirschman, que son los espacios de indeterminación, de plurisignificatividad propia de ciertas construcciones literarias y que acaso no estarán tan distantes de otros usos del lenguaje propios de la experiencia cotidiana de los asistentes a los talleres de Gente y cuentos.

Esta casi total ausencia de trabajo académico, formativo y de intervención directa en las prácticas sociales de lectura acarrea como consecuencia la permanencia acrítica de ciertas representaciones acerca de este tipo de prácticas muchas veces asociadas a modos de intervención evangelizadores, postuladas a modo de cruzadas bien intencionadas para que la gente se alfabetice y lea, como imperativo políticamente correcto para cierto sectores progresistas, satisfechos por el cumplimiento de la buena acción de darle lo que no tienen a los que no lo tienen. Estas representaciones que pueden hallarse presentes tanto en una acción focalizada y particular (un taller, un programa de trabajo de una cátedra), como en el fundamento último de ciertos discursos de las políticas públicas de lectura se obstinan en sostener una mirada romantizada acerca de los poderes de la literatura en la vida de la gente sin establecer parámetros que permiten reconocer los impactos, las transformaciones, los cambios y, sobre todo, los modos propios por los que la gente se apropia de los bienes culturales. El resultado de estas intervenciones en cierto sentido asistemáticas y que no parecen entrar en diálogo con las propias tradiciones que las preceden, suele ser el de la repetición estéril y meramente declarativa de que se han producido prácticas de lectura significativas. 

El libro de Hirschman, en tanto hace una explicitación de la incidencia que, por ejemplo, han tenido la teoría y la práctica de Paulo Freire y otras teorías pedagógicas y literarias en la configuración de la propuesta de Gente y cuentos, invita a reconocer el carácter complejo de la construcción de una propuesta de educación de adultos y va mostrando las tensiones entre los detractores que vienen de la cultura alta pero también de los que vienen de la cultura popular (los discípulos más ortodoxos de Freire), lo que genera una doble tensión de la que se sale airoso a través de las prácticas efectivas con la gente.

 

Leer en diálogo el nuevo libro de Sarah Hirschman, con aquel otro libro del CEDES, con la nota del primer número de la revista Espacios y con la historia del desarrollo de estas prácticas posibles de lectura, de formación, de investigación, en el marco de las políticas públicas de los últimos veintiocho años supone un ejercicio crítico en pos de la producción de nuevos saberes acerca de la literatura; nuevos problemas acerca de lo que la dimensión empírica, la repercusión pedagógica y su impacto cultural más allá de los claustros universitarios nos invitan a reflexionar.

 

(Actualización marzo-abril 2012/ BazarAmericano)




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646