septiembre-octubre 2017, AÑO XI, Nº 63

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Colaboran en este número

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Dominó caníbal (II)
Conversación con Reinaldo Laddaga*

Nuestro punto de partida original fue un proyecto de curator mexicano Cuauhtémoc Medina. El punto de partida de esta conversación es una conversación anterior con Rosa Martínez. Desde la perspectiva de un intelectual argentino que ha emigrado a los Estados Unidos y que desarrolla su proyecto ensayístico y creativo desde Nueva York, prosigue una discusión de fondo: cuáles son los puentes de diálogo que se establecen o se obliteran entre las distintas orillas, continentales y transatlánticas, de Iberoamérica.

- ¿Hasta qué punto consideras que existe un diálogo transatlántico entre creadores y entre académicos en la actualidad?

La situación con la que estoy más familiarizado, la situación de la literatura, es diferente pero comparable a la que Rosa Martínez, seguramente con justeza, describe en relación al mundo del arte. ¿Diálogo transatlántico? Yo diría que poco. (Diálogo directo, en todo caso.) Los argentinos, que yo sepa, apenas leen a los escritores que a ustedes les parecen los más relevantes estos días: hablábamos, justamente hace muy poco, del escasísimo interés que habías detectado por aquí en los trabajos de, pongamos por caso, Agustín Fernández Mallo, que tan presentes tiene la gente en España. Sigue siendo como ha sido desde siempre: las novedades de la lengua inglesa o la francesa, la alemana o incluso italiana son más ávidamente interrogadas. Pero no puedo decir gran cosa, como es natural, respecto a lo que pasa de aquel lado. Me gustaría saberlo.

- ¿La parcelación es geográfica o sobre todo entre disciplinas?

Las dos cosas. Disciplinas y naciones (o regiones, o ciudades) nos han ofrecido los esquemas que movilizamos cuando nos ponemos a montar una imagen de lo que seríamos o querríamos ser. Entre escritores, la asociación es fuerte: una larga tradición moderna, que no muestra indicios de perder la energía que décadas y siglos le aportaron, vincula la realización de una obra literaria con la exploración de sí mismo, concebido siempre como un ser secreto. Y la exploración de sí mismo con el desenterramiento de recursos raros de la lengua. No tiene que extrañarnos, por lo tanto, que entre nosotros los parcelamientos que mencionas tengan tal vigencia. Al mismo tiempo, sabemos oscura o claramente que deberíamos empezar a operar de maneras menos determinadas por los esquemas en cuestión. Todo nos dice que incrementaremos nuestra chance de hacer obra verdaderamente importante si exploramos las posibilidades que existen más allá de los confines mejor conocidos, en otras configuraciones de técnicas, de lenguas, de materiales, de formatos, pero es comprensible que nuestra pereza, nuestra inseguridad, nuestra impaciencia nos vuelva difícil hacerlo. De cualquier manera, si no me equivoco al percibir entre nosotros una insatisfacción sorda y persistente con el estado de las cosas en los espacios en que nos movemos, la multiplicación de exploraciones de esta clase es inevitable: una cuestión de tiempo.

- En tu proyecto personal estás explorando las zonas limítrofes entre creación literaria y artística y crítica literaria y de arte. ¿Te sientes solo en esa exploración? ¿Qué autores se podrían considerar tus cómplices en este tipo de proyectos?

En efecto, me interesa la exploración de ese límite. El nombre que tengo que empezar por mencionar es previsible: Jorge Luis Borges, que llevó esa exploración a una profundidad única. Pero pienso que en la formación de mi idea de qué clase de cosas se pueden hacer en torno a ese borde fue crucial, hace años, la observación repetida de Histoire(s) du cinéma, la pieza en partes de Jean Luc Godard. Y antes, ciertas lecturas (también francesas) de la adolescencia: Henri Michaux, en sus informes sobre drogas, y Antonin Artaud (mi libro preferido: Heliogábalo). En cuanto a lo que sucede estos días, muy cerca de nosotros, encuentro que los escritores argentinos que más constantemente me interesan exploran, de maneras muy diferentes, esa región: Alan Pauls, Marcelo Cohen, César Aira, Daniel Link, Sergio Chejfec. Sigo, claro, el trabajo de todos ellos, y el de Lydia Davis, William T. Vollmann, Pierre Michon. Estos días, sin embargo, exploro otra asociación: la de las letras y el sonido. Acá las referencias son más raras, y mis puntos principales de referencia pertenecen al espacio de la música: el compositor norteamericano Robert Ashley, trabajando sobre textos propios, o el húngaro György Kúrtag trabajando sobre textos de Kafka.

- Se me ocurren algunos nombres de creadores iberoamericanos que comparten ciertos rasgos con los que mencionas, como los mexicanos Cristina Rivera Garza y Mario Bellatin…

No estoy familiarizado con el trabajo de Cristina Rivera Garza. En cuanto al de Mario Bellatin, cuyo obra escrita admiro mucho, estaba precisamente a punto de mencionarlo. Sus proyectos más recientes (las performances, la Escuela) me parecen, por lo que he podido conocer a través de sus descripciones y las descripciones de otros, fascinantes, pero confieso que sólo las conozco por las descripciones.

- ¿Te ves a ti mismo participando, como creador híbrido, en la gran conversación indirecta que esos autores que te interesan llevan a cabo? Si tu creación apostara por la unión de texto, música y nuevas tecnologías, ¿crees que las instituciones del arte serían permeables a ella?

La respuesta a la primera pregunta es que sí. En cuanto a la permeabilidad de las instituciones del arte, déjame ver si entiendo cómo usas la palabra. Es que a veces la empleamos para hablar de las artes que solíamos llamar "visuales", para referirnos a las cosas que suceden sobre todo en salas de museos o galerías. Si este es el caso, la respuesta es también que sí. En los últimos años, he visto muchas de las producciones más notables del arte del lenguaje en galerías o museos (pienso, por ejemplo, en cierta instalación de Bruce Nauman llamada "Days and Giorni" que se estaba exhibiendo últimamente en el museo de arte de Philadelphia). En cuanto a las instituciones tradicionales de las letras y la música, tienen constricciones mucho mayores y menor capacidad de vehicular producciones anómalas (aunque aquí hay que hacer una distinción entre, pongamos, las grandes empresas editoriales y otras más pequeñas, personales y flexibles). Pero no tenemos que olvidar que estamos en medio de una transición de enorme alcance. Los medios digitales reducen considerablemente para un cierto tipo de artista la dependencia de aquellas instituciones y constituyen una oportunidad de establecer otras maneras de puesta en relación entre los actores de la escena del arte (que no excluyen, por supuesto, la continuada exploración de las posibilidades que residen en las maneras anteriores: por mi parte, no veo ninguna razón para no continuar componiendo, entre otras cosas, libros). Las incertidumbres y problemas son muchísimos, pero es evidente que en algunos años el paisaje habrá cambiado tanto que las alternativas con las que nos debatimos cuando tratamos de balancear nuestras exigencias a la hora de hacer lo que sea que hagamos y la voluntad de exponer nuestros resultados en un sitio donde pueda encontrarlos algún desconocido (que es lo que nos aportan las editoriales, las galerías, las salas de concierto) nos parecerán innecesarias.

- ¿Has leído las últimas novelas de Coetzee? En mi opinión, sintonizarían con esa galaxia de nombres que propones…

En mi último libro de ensayo, que sin duda saldrá pronto, hay un capítulo sobre la obra reciente de Coetzee, que me parece magnífica y, sí, asociada con las que mencionaba más arriba. Gracias por recordarme que omití su nombre.

- ¿Qué diferencias y qué similitudes observas entre la academia norteamericana y la argentina en lo que respecta a los estudios cruzados, interartísticos, transversales?

Hablamos de organizaciones de escalas muy, muy diferentes. La academia norteamericana es vastísima, contiene interminables, laberínticas regiones, los sistemas de constricción y posibilidad son, de alguna manera, incomparables. Yo creo que allí, junto a la producción más rutinaria (que, naturalmente, compone el grueso de lo publicado), se está generando trabajo muy importante. En cuanto a la Argentina, no participo de la vida académica de modo suficientemente sostenido (participo poco y nada) como para poder responder a tu pregunta.

* Ensayista argentino y profesor de la Universidad de Pensilvania. Es autor de, entre otros títulos, Estética de la emergencia (Adriana Hidalgo Editora, 2006) y Espectáculos de realidad (Beatriz Viterbo Editora, 2007).

 

(Actualización junio-julio 2010/ BazarAmericano)




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646