septiembre-octubre 2017, AÑO XI, Nº 63

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Ausencias reales
Villa del Parque

Para Laura

 

Me compré el libro de cuentos de Jorge Consiglio. Lo hice con la ingenuidad del lector literal de títulos. Tanto han explotado el tópico de la zona, que supuse que los relatos transcurrían en Villa del Parque. Aunque vivo en Santa Fe, la auratización de los territorios es en mí un gusto adquirido, muy posterior. No quise spoiler, así que entré como un caballo.

Debe ser que el crítico contagia al lector inocente, si tal cosa existe. Como ejecutor de papers y abstracts, vengo refinando el truco de encontrar en determinado texto lo que voy a buscar. Eso afecta el gusto: ya voy al libro con una idea de lo que quiero leer en él. La calidad es lo de menos. Así que acometo el primer cuento y me topo con una reescritura de “El Sur” de Borges, pero no transcurre en el barrio. Sigo leyendo. Sigo decepcionándome. Ignoro si el libro me gusta o no. Lo leo distraído, desapegado. Busco una entrevista en Internet. Compruebo que ninguno transcurre en Villa del Parque, el barrio de la infancia del autor. Quizás los cuentos son buenos. Intuyo que nunca podré saberlo. Cualquier expectativa, positiva o negativa, tiene influencia en la lectura. No iba a leer un conjunto de historias, iba a buscar un paisaje, una geografía, un mapa. El autor lo explica con claridad:

 

A Villa del Parque lo tengo como una especie de territorio idílico. Viví mi infancia y hasta que tuve unos veinticuatro años ahí, después me vine más para el centro. Tiene la estructura de un pueblo, y algo de territorio ficcional también para mí. Las ficciones del libro no transcurren en Villa del Parque, pero sí hay como una especie de clima o atmósfera de lugar pequeño.

 

Clima o atmósfera: muy sutil, pero mi sentimentalismo quería realismo, referencia, todas esas malas palabras vetadas de la facultad de letras.

Conocí Villa del Parque hace poco más de un año. Tomamos un tren en Retiro, hicimos cuatro estaciones, y desembocamos en la calle Cuenca. Es el barrio de Laura, mi mujer. A la altura de la estación de tren, Villa del Parque es una zona comercial. Era de noche y bajamos por Cuenca, los comercios empezaron a ralear cuando a nuestra derecha se destacó una plaza, en ese entonces abierta a los paseantes y ahora enrejada como casi todas las de Buenos Aires. De modo incomprensible, esa noche fuimos para el lado de Nazca, una avenida bastante sórdida, en la que casi no encontramos bares, terminando en un restaurant familiar en el que nos sirvieron un risotto abundante (para dos).

El 12 de abril de este año, un temporal azotó, como se dice, la ciudad de Santa Fe. Rodeado por las aguas en mi barrio, la alteración de la rutina me dio la coartada para tirarme a leer cualquier cosa. Era el cumpleaños de mi mujer, que estaba ese día en Buenos Aires. Agarré uno de los tomos de Novelas y cuentos de Lamborghini. Me había tirado en la cama, disfrutando del sonido de la lluvia, que volvía a la cuadra y a la ciudad, paradójicamente, silenciosos. Medio adormecido, miré la solapa y comprobé  que también era el cumpleaños de Lamborghini. La coincidencia me exaltó, porque además de cumplir el mismo día que Laura, yo lo comprobaba un 12 de abril. Salté de la cama y me fui a buscar la biografía de Strafacce, no recuerdo para qué. La había leído unos años antes. Disfrutaba por anticipado imaginándome que más tarde le estaría contando a Laura esa coincidencia asombrosa. No puedo describir mi vértigo cuando, releyendo los primeros capítulos, comprobé que Lamborghini había nacido a tres cuadras de la casa de mi mujer. Una coincidencia de cumpleaños, enfatizada por descubrirla el día en cuestión, ya era suficientemente pasmosa. Pero darme cuenta de que además esa magia temporal era acompañada por una espacial, me causó una euforia que apenas podía contener. En la lectura de la biografía yo no había reparado en el barrio de nacimiento del escritor, porque apenas lo registraba. No tardé en meterme en google maps y comprobar que había pasado por la esquina de la casa de Lamborghini muchas veces, la primera de las cuales esa famosa noche de mi llegada al barrio. De hecho, el risotto lo comimos a una cuadra.

En el relato de Strafacce, Villa del Parque tiene un lugar muy especial que rebasa su condición de cuna. En efecto, la infancia de Osvaldo coincidió con la caída en desgracia profesional del padre, y el abandono de la casita de la calle Argerich, con la consiguiente mudanza a unas cuantas cuadras, en el mismo barrio pero más cerca de Floresta, sobre Cuenca (la calle a la que salimos de la estación de tren) llegando a la Juan B. Justo. La minuciosidad de la reconstrucción de Strafacce, apoyado en documentos y testimonios, incluso en un relato de Osvaldo (hoy lo releí: Sebregondi se excede), le otorga un suplemento de misterio al motivo por el cual Leónidas Aniceto, después de una carrera exitosa, se jubila de repente, sin dar explicaciones claras, en un momento económico inestable, lo que trae consecuencias desastrosas para la familia, hasta ese entonces próspera. Ese enigma, en un relato tan meticuloso y documentado, es la primera de una de las muchas felicidades que proporciona la lectura del libro.

Como lo aclara en una de las primeras notas, la casa de los Lamborghini no quedaba exactamente en Villa del Parque, sino en Villa Santa Rita (en la que dicho sea de paso transcurre “Hombre de la esquina rosada”), aunque en el recuerdo de la familia perviviera la primera referencia. Laura, en efecto, vive en el límite de los dos barrios: la avenida Álvarez Jonte. Argerich 2237, la dirección de los Lamborghini, es Villa Santa Rita por media cuadra (y no por dos, como dice la nota, cometiendo una pequeña imprecisión). Strafacce explica que por las características peculiares del “barrio de las casitas”, el lugar es una especie de territorio dentro de otro. Sucede que entre Nazca y Jonte, atravesando las paralelas, una de las cuales es Argerich, se abren unos pasajes preciosos, con calles arboladas, como todo el barrio. Antes de releerlo en la biografía, tuve la oportunidad de extraviarme en ese pequeño microcosmos, tratando de llegar a Nazca. Ya Villa del Parque es diferente de la Buenos Aires que conocemos los turistas. Esos pasajes en el corazón de Villa Santa Rita eran de una extrañeza mágica y ensoñadora. Salir a Nazca era como cruzar la frontera de un país.

Por supuesto, las coincidencias trajeron otras. María Teresa, la hermana de los escritores, fue a la escuela La Virgen Niña, a la que también asistió mi mujer y que queda enfrente de la plaza que fue una de las primeras cosas que llamaron mi atención esa noche de descubrimientos, enigmas e inminencias. En ese primer viaje hasta el barrio mítico, acerca del cual yo había leído y después olvidado, había pasado por unos cuantos lugares de leyenda, sin saberlo, a los que se agregaba mi propia mitificación, la propia auratización de conocer el país de mi amada.

Por supuesto, poco después volví al barrio y fuimos a ver la casa de los Lamborghini. Tomé algunas fotos con el celular, que quizás ni siquiera guardé. El mes pasado vimos el libro de Consiglio en Palermo y lo compramos. Un anticlímax. Pero para qué multiplicar los mitos si ya con mi vida y con la vida de Osvaldo tengo suficiente para que Villa del Parque sea más exaltadora que la ya institucionalizada Zona Saeriana. Qué poético es el olvido. Pude creer que accedía a un espacio al que mi vida, de repente sacada de quicio, despersonalizada, estallada, dotaría de un aura, pero no porque fuera “mi vida”, justamente, sino porque se trataba de la vida de Laura, más bien de nuestra vida. Redescubrir que esas calles de fábula eran ya un país de cuentos de hadas no hizo más que intensificar lo vivido.

Hay un capítulo en que Homero Simpson va a un restaurant que en su publicidad asegura que te sirven todo lo que puedas comer, pero terminan echándolo porque su voracidad pone en riesgo las utilidades comerciales del lugar. Decide hacerles juicio y contrata al sempiterno Lionel Hutz. Con su humor tan particular (siempre un poco triste), Hutz se indigna: “Es el caso de publicidad fraudulenta más escandaloso desde la película La historia sin fin”. Consiglio, te voy a mandar al abogado de los Simpsons.

 

(Actualización noviembre 2016 – febrero 2017/ BazarAmericano)

 

 




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646