julio-agosto 2017, AÑO XI, Nº 62

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Colaboran en este número

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Curador de Galerías

Daniel García

Diseño

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Columna Barrofón
Discusión sobre pájaros

1

Mientras escribía esta nota, one of us contó el episodio del dron ruso que ingresó al espacio aéreo israelí desde Siria, y cómo los artilugios que emplearon los de este lado fueron incapaces de derribarlo. the other, que estaba a un metro, desarmando un aparato roto para recomponerlo en otra forma, preguntó si la llegada de un dron, desde cualquier lugar que sea, es algo natural.

 

–¿Cómo? No entiendo. O sí, pero...

–Nada. Un dron vuela, ¿no?

–Sí.

–¿Y eso es natural?

–Sí, claro.

–Pero un dron, ¿es algo natural?

–No. Bueno...

–¿Sí o no?

–No sé.

–¿Por qué?

–Lo creó nuestra especie.

–¿Y?

–Está en la naturaleza de nuestra especie inventar,

–Entonces, ¿es natural o previsible?

–Eh...

–¿Es natural,  o es previsible?

 

2

En la pausa del mediodía, mientras en la cabeza daba vueltas la nota que estaba escribiendo, comimos alitas de pollo con puré. One of us encontró interesante decir esto:

 

–Pero, ¿por qué son alas esto que comemos?

–¿En serio preguntás?

–¿Qué te pasa? ¿Por qué no es serio?

–No te pongas mal, me refería a que a lo mejor me hacés un chiste.

–No es un chiste, esta comida no me da gracia.

–Está rica,

–No le escapés a mi pregunta. Son o no son alas.

–Son alas de pollo.

–Alas de pollo muerto.

–No comemos pollos vivos.

–No me hace gracia.

–Y vos dramatizás.

–Para nada. Alas muertas de pollo muerto. No vuelan,

–No, no vuelan.

–Entonces, por qué le dicen “alas”.

–Porque fueron alas.

–Entonces ya no son.

–En un sentido...

–Habría que darles otro nombre: borga, perca, chanfla, cualquier otra opción. Pero no son alas. Dejaron de serlo.

–Pero...

–NO SON ALAS.

 

3

A la noche, cuando regresábamos de tirar la basura, the other me pidió que alce la vista.

 

–¿Qué hay?

–Un dron arriba de tu cabeza.

 

Miré al cielo,  ahí estaba, estático, a unos cien metros de altura, uno de esos aparatos que se venden en las casas de electrónica y jugueterías. Llevaba cuatro leds rojos encendidos y los cuatro rotores, que yo no veía, hacían un ruido de helicóptero miniatura. Sentíamos contento, no se bien por qué, pero, supongo, por la novedad.

One of us sugirió que nos estaban filmando:

 

–Puede ser, para eso sirve este invento.

–¿Es regular esto que está pasando?

–¿Lo del dron?

–Claro.

–¿En contraste con “irregular”, decís?

–Sí.

–Ahora es irregular, porque es la primera vez para nosotros. Cuando nos acostumbremos, va a ser regular.

–Entonces, en este caso, ¿se me permitiría derribar el dron?

–¿Y por qué querrías hacerlo?

–Para fortalecer la excepción.

–No me vengas con esas cosas.

–Por qué.

–Me marean.

–No más que las cuatro hélices que permiten al dron volar.

–...

–Es un chiste.

 

 

4

A lo largo de la sesión nocturna de escritura, durante la cual concluí esta nota, un insecto volador del tamaño de una hormiga, iba y venía de la pantalla.

 

–Una letra voladora.

 

Sin volver la cara a the other, estuve de acuerdo. Myself pensaba lo mismo, era una especie de hormiga blanda. Reprimía el gesto instintivo de apartarla para que me permitiera ver el texto, para no hacerle daño. One of us apuntó:

 

–No nos preguntamos nunca acerca del género de las alas.

 

Seguí escribiendo.

 

–Las alas son dobles.

 

Asentí. Tenía razón. Y en el caso de este bicho, doblemente dobles.

 

–Los insectos tienen dos pares de alas.

–Está bien, pero yo apunto a otra cosa.

–¿A qué?

–“Doble” es “uno”.

–No entiendo.

–No entiendo. Vos terminá de escribir.

 

The other se dirigía a la cocina.

Miré a la pantalla, podía agregar una frase más.

Me contuve.

 

 

(Actualización septiembre – octubre 2016/ BazarAmericano)




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646