marzo-abril 2017, AÑO XI, Nº 60

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Federico Leguizamón

Salgo a caminar
SM

De la década del cincuenta, de la generación enciclopedista de Tarja se recuerdan libros como el Panorama de la literatura de Jujuy de Andrés Fidalgo y casi toda la obra de Groppa. De los sesenta, y esta lista no está pensada como libros del momento, ver palabras de Elvio Gandolfo sobre autores olvidados en el suplemento del diario La Voz, para tener una cita; si no como libros y autores perdurables, podríamos pensar en la obra de Leonor Pichetti. De los setenta la obra de Alcira Fidalgo. A finales de la década ya aparecen algunos poemas de Ernesto Aguirre aunque a él podríamos ubicarlo en los años ochenta junto al movimiento que integran autores como Elena Bossi, Alejandro Carrizo, German Churqui Choquevilca, Estela Mamani. En este tiempo, imagino, también estaría gestándose la obra musical de Ricardo Vilca. En los noventa, tardío, publica sus relatos Alberto Alabí, contemporáneo de los anteriores, y de ahí hacía acá la década neoliberal y sus consecuencias se hacen presentes y sus autores futuros tendrán raíces profundamente andinas en obras prolíficas en donde confluirá el Todo, veremos...

-Pero Federico ¿cómo era Jujuy en los años noventa?

-Y… yo me acuerdo de poco… me acuerdo que íbamos a bañarnos al río y…

-No, pero te digo en el sentido político, en el sentido del estado de las cosas.

-Aaah…

Los noventa fueron memorables. Manifestaciones sociales, gobernadores que no podían dominar a los trabajadores unidos en sus miserias ni a las deudas provinciales, gases lacrimógenos en las calles, corridas, gritos; el ascenso de Gimnasia y Esgrima de Jujuy de la D a la C, de la C a la B, de la B a la primera A, con jugadores como Mario Lobo, el Negro Guerrero, el Chato Rosas, el Tano Riggio, entre otros, las canchas llenas, ardía el estadio 23 de Agosto. Un punto cumbre, como marcaba B. R., podría ser Divididos en Tilcara interpretando “Guanuqueando” con Ricardo Vilca o Mercedes Sosa en Santa Catalina cantando “Cuando tenga la tierra”, allá.

Y lo que quedó fue el espíritu de esas manifestaciones. El Perro Santillán que fue dejando a otro perrito. Dicen que la fama es la vida de fantasía en la boca de los otros. Y Milagro Sala siguió creciendo y por mujer, aborigen, de las clases bajas, molesta a clases super bajas, bajas, medias, altas y super altas, si es que hay clases altas en el miserable lugar, aunque sí conservadores de todas las etnias-indígenas y de todos los colores, seguro.

Desde mediados de los noventa que se la veía agitando a la gente, alentando para que suenen las trompetas y los bombos en las manifestaciones sociales: encontró-creó un estilo y lo llevó al límite.

Llegaba el Frente de Gremios Estatales -lo que aprendí en la secundaria fue el concepto Paro de Brazos Caídos, y me imaginaba a los educandos con los brazos así- se cortaban calles, la policía reprimía, vecinos a vecinos, decían, los políticos reproducidos como poetas románticos de provincia escapando y metamorfoseándose en las décadas siguientes y continuarán pues su hambre...

Morales era recordado por su ansia de querer ser gobernador, como De La Rúa ser presidente, hasta que lo consigue. Y en eso la sociedad cambia, de Ricardo Vilca a la Llama que baila, de Ernesto Aguirre a las personas que publican hoy. Peronistas y radicales en un modelo de conveniencia.

Como en esa película, si no te amueblas al sistema vas a terminar siendo el arquitecto que lava el piso.

Y de Milagro se decía de todo, de todo se decía. Que los vehículos, las fiestas, los que llegaban en altas llantas a los boliches cumbiambas y gapuleros, que las hinchadas de fútbol, que construye casas, piletas con desagües de baño, que todo está armado por otro, el poder blanco que quiere perpetuarse y que funciona como un eslabón en la cadena de la historia empecinada, que autos, más autos, que en el centro iba a comprar los cines abandonados, ¡no!, los cines, decían los que alguna vez fueron a esos cines que al final quedaron para los religiosos, que quema gomas, fabulosos quema gomas, en la puerta de la casa de gobierno y el humo entra al salón de la bandera de Belgrano, que las estatuas de Lola Mora en las manifestaciones sostienen banderas con pan, educación y trabajo, o la cara del Che, Evita y Tupac, y que todos tenían que ir a las marchas, dice la gente, que en las escuelas en vez de “La marcha a la bandera” sonaba “La marcha de la bronca”, que se oyen tiros en el interior de donde las noticias llegan lejanas, que usa la violencia incluso física, que un tomógrafo, que ayuda social, que en Argentina se toman tierras, ¡Argentina! ¡desierto! ¡desierto! ¡Argentina! ¡la pobreza! ¡la ignorancia nacional! Y cuando se encuentran con aquel periodista se recuerda el canto, las bombas, el redoblante: nosotro somo bueno, somo bueno, nosotro somo bueno, nosotro somo bueno…

Si, seguro, las vaquitas son ajenas.

Pero Gimnasia descendió como todos tarde o temprano. Se trajearon en brillos los líderes de la barra.

¿Mas por qué no podría ser publicado este texto a mi nombre? Como en ciertos trabajos, en el pueblo se critica lo que no se entiende.

Pero yo vi hacia el 2013 a mucha de la gente más marginada tener algo, una monedita señor, de su movimiento social, salud, educación, etcétera. En democracia fue detenida por manifestarse y eso no se hace, y el coro dice: no, no, no, no. Y nadie es santo ni profeta en su tierra, digo profeta, y el coro dice: no, no, no, no.

En el 2011, en Mérida, Venezuela, se celebra el cumpleaños de Hugo Chávez. Fiesta popular en la plaza. Un camión del gobierno reparte pescado. Me siento. Una humilde mujer mayor con su hijo se sienta junto a mí. Gracias por no levantarse e irse, me dice, o algo parecido.

Y las marchas cortaban las calles.

La ciudad es un valle, 15 cuadras por 8 el centro comercial, puras oficinas públicas y trabajadores del estado (es duro el coya, destruye lo anterior -no en literatura en donde algunos se apegan a la tradición tal vez demasiado-).

El pueblo es pobre, un auto es una propiedad tan valiosa como el centro musical en algunos lugares o como la misma casa. Así que el pueblo se llena de autos. Hay textos que lo dicen y afirman como ese del Peugeot azul Tilcara (San Salvador de Jujuy llama CFK, 70´, ng). Aumenta la cantidad de autos y para tener cortito al gobierno que se consolidó por detener los paros, para que nunca deje de responder ni olvidarse, esto fue en la primera década del dos mil, para continuar la única posible visibilidad se cortan las calles y todos nos odiamos entre todos, pero siempre hacia los barrios del sur, nos resignamos, nos desvalorizamos, el auto se calienta, hace calor, se gasta la nafta, el tiempo pasa, calles cortadas en la siesta, tirados comedores de harinas al costado del camino con el poder de un mísero sueldo mensual y el aval de moverse en grupo.

Fue un sueño, fue bueno. Y ahora tarde vemos los errores, fue un sueño junto a Evo, Latinoamérica unida, la dignidad de los históricamente oprimidos en este sistema político económico que así los nombra, la dignidad, así se dice, de los que guardan el secreto de la verdad en silencio, oprimidos según se dice en esta lengua, en este sistema actual, en este momento de la historia y desde esta perspectiva occidental cristiana neoliberal pues el poder, el silencio, la sabiduría, la tiene esta gente de acá... 

De todo se dijo, de todo. Apenas hoy puedo recordar esto. Ardían las mesas del domingo jujeño al ver crecer su poder desde mediados de los noventa. De todo se decía, de todo. Y si sigue creciendo agarrensé, van a hablar, van a decir de todo, de todo van a decir de-por esa mujer,  hombres y mujeres sin tolerancia de este país subdesarrollado. Y cuando la tortilla se de vuelta… aunque es un sueño, un sueño que debe perfeccionarse…

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Martes 12 de Abril de 2016. Día nublado y frío en Jujuy. Pasado el mediodía me entero de que falleció el poeta Ernesto Aguirre. Es uno de los últimos grandes de la poesía jujeña.

Ernesto Aguirre nació en esta provincia en 1953. Hoy sus libros, casi todos fuera de circulación, pueden leerse en ciertas bibliotecas públicas. Se definió como poesía del pensamiento a esos haikus que muchos recordarán por siempre. Su tiempo fue el del vinilo, el de la sola compañía del dial –hizo radio y trajeron a Almendra en el 80, ¿cómo habrá sido eso?– fue temporalmente cercano a la generación Tarja, vivió la luz del compromiso político y hippie.

Las crueles provincias tratan mal a los poetas de verdad, esa es una fija, y Ernesto Aguirre como alguien más, lo vivió. Las instituciones o los que no captan lo artístico dominan el terruño -ver más arriba-.

Fue héroe y modelo de los jóvenes autores que siempre le rindieron admiración. Fue andinista, hizo cumbre en el Chañi entre otras montañas, vivió en Bolivia, formó familia en Jujuy, caminó y observó las calles desde los cafés o la librería en la que trabajó varios años, fue flâneur de pueblo, andaba en bicicleta, escuchaba jazz, rock, etcétera. Tuvo una vida con estilo, anteojos redondos, camisas de jeans, borcegos, “succionando coca”. Dejó una marca a fuego en esta sociedad como debe ser la vida- la experiencia de un poeta en la tierra. Ocupó un espacio importante en la cultura local, fue editor, pensador social adepto al diálogo, un maestro que enseñó en el simple andar. Nació y vivió en Jujuy en donde realizó casi toda su obra. Recibió la alegría de su público lector. Al final no tenía celular ni participaba en redes sociales aunque sí entregaba manuscritos a los editores, agitando desde su lugar.  

Lejos del neobarroco, su estilo está más cerca de un objetivismo espiritual, espiritual como debe ser y entendérselo en estas tierras altas.

Poesía es vida y obra escrita.

Al otro día, el día del entierro, cielo despejado y sol. 

Y los jujeños se reprodujeron. Naturalmente la gente prefiere el alcoholismo; por las noches en las grandes avenidas del invierno solo se ven travestis púberes; hay una buena cantidad de violencia hacia las mujeres y los que eligen la política…

Otros escribirán su historia: libros, pasado, lápiz, papel, cerebro, espíritu.

 

(Actualización mayo - junio 2016/ BazarAmericano)

 

 




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646