marzo-abril 2017, AÑO XI, Nº 60

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Diseño

Jorge Carrión

Dominó caníbal (I)
Conversación con Rosa Martínez*

Nuestro punto de partida es esta entrevista. En ella se explicita la propuesta del curator mexicano Cuauhtemoc Medina para el Proyecto de Arte Contemporáneo de Murcia (España) durante esta temporada: un dominó caníbal en que cada artista interroga, rehace, critica la obra del artista que le ha expuesto antes que él. Esta serie de conversaciones sobre la cultura iberoamericana del siglo XXI parte de ese concepto: cada entrevista conectará con una entrevista anterior, para cuestionarla y ampliarla. Escritores, artistas visuales, intelectuales, profesores y comisarios serán convocados con el objeto de establecer una cadena de re-escrituras y re-lecturas que vayan multiplicando significados.

Jorge Carrión. Con esa dinámica de trabajo, Medina pone en entredicho las dinámicas habituales de funcionamiento de las instituciones “museo” y “bienal”. Sin embargo, el canibalismo va a ser llevado a cabo por los artistas. ¿No se trata de un desvío? ¿No es una transposición simbólica del canibalismo propio de los marchantes, los políticos, los directores, los gestores? ¿Se puede ver el mundo del arte como un gigantesco y múltiple “dominó caníbal”?

Rosa Martínez. El experimento de Cuauhtemoc Medina tiene el valor de dinamitar la fórmula establecida para las exposiciones globales. El ejercicio de comunicación y de interacción entre los artistas que él propone habla de la creación como fenómeno colectivo a la vez que desfetichiza el objeto artístico como producto inmediatamente mercantilizable. No es sólo en las ferias comerciales donde se encuentran los pescadores y los tiburones del mundo del arte. En las bienales y en los museos también se formalizan tratos. La concepción renacentista o romántica del artista como genio individual tiene en un proyecto como Dominó caníbal su contrapunto más realista, pues un artista es siempre un intérprete, alguien que parte de lo ya hecho para renovarlo o modificarlo significativamente. No hay creación ex nihilo, todo es resultado de un proceso evolutivo, de transformación y actualización de lo ya existente. Y sí, quizá se puede ver el mundo del arte como un gigantesco dominó caníbal, donde se devoran saberes para que fermenten nuevos sabores.

J. C. Supongo que ha sido un lapsus (“sabores” por “saberes”), o quizá no, pero es interesante. ¿Hasta qué punto el mercado es determinante para la existencia del arte contemporáneo? ¿Hasta qué punto el mercado ha sido decisivo en la incorporación de la cocina a las dinámicas del arte contemporáneo?

R. M. No era un lapsus pues“saborear” es, sin duda, la mejor forma de “saber”. Pone el acento en el gusto y alude consecuentemente a la digestión placentera del conocimiento, lo que nos reconecta con la idea del “canibalismo” como paradigma relacional en el que la transferencia e intercambio de saberes y de sabores redunda positivamente en el estómago del que devora. Este proceso de absorción cultural, de metabolización y negociación simbólica de las influencias, que permite a un determinado sistema incorporarlas de forma orgánica, es en el fondo un ideal. El problema sigue siendo, efectivamente, qué precio se pone a esa comida, a ese saber, y quiénes y cómo trafican con ella.

J. C. Medina destaca, entre los motivos para haber escogido la palabra “dominó” para el concepto de su propuesta, el propio juego. ¿Hasta qué punto crees que es importante la dimensión lúdica en el mundo del arte en general y en el caso de las bienales en particular?

R. M. El juego combina la indeterminación del azar y la determinación de unas reglas prefijadas. En cada tirada de dados, surge un nuevo orden del mundo. De la misma forma, en cada obra el artista debe ir más allá de sus propios códigos. Y el comisario, en cada bienal, debe partir de unas reglas y subvertirlas para crear nuevos territorios de sentido. Sin juego entre lo predeterminado y lo reinventado no hay conocimiento ni posibilidad de disfrute.

J. C. En los últimos años se ha convertido en algo habitual que haya comisarios latinoamericanos en la dirección de proyectos españoles y europeos. ¿Sucede lo mismo a la inversa? ¿Estamos ante unas relaciones simétricas o, a causa del desequilibrio propio de un mundo todavía postcolonial o de otras razones, se producen asimetrías? ¿Cuál es tu relación con los museos y las bienales latinoamericanas?

R. M. Creo que el intercambio entre profesionales latinoamericanos y europeos es más bien escaso, a pesar de algunos proyectos singulares. Latinoamérica tiene una modernidad radiante que no se ha valorado en su justa medida desde las corrientes anglosajonas dominantes. El agotamiento de la propia producción occidental ha hecho volver la mirada hacia la energía de lugares considerados “periféricos” desde el orgullo eurocentrista y así se ha “descubierto” la vitalidad del arte indio, el chino o el mexicano. Estas exposiciones “nacionales” han sido en parte como la moda de la temporada, y en parte como un tributo simbólico por la re-colonización de los mercados que esos países representan, pero también han dejado su semilla y la base para cimentar algunas redes de conexión continuada entre los dos lados del Atlántico. Personalmente, tuve la suerte de formar parte del equipo curatorial de la Bienal de Sao Paulo de 2006 y acercarme así a la extraordinaria riqueza creativa del cono sur, que había conocido también a través de las bienales de La Habana y en algunos viajes fundamentales a México. Pero creo que los intercambios no son suficientes y que no se han enfocado con los presupuestos ideológicos y económicos adecuados. Sobre todo teniendo en cuenta los flagrantes casos de corrupción en los que se han visto involucrados algunos de los máximos responsables de la Bienal de Sao Paulo y que finalmente acabaron afectando a curadores, artistas y equipos de instaladores…

J. C. Tengo la sensación –y es la sensación de alguien que se encuentra fuera de las instituciones del arte contemporáneo– de que la asimetría entre España y América Latina a la que me refiero tendría que ver con el hecho de que los comisarios latinoamericanos, con residencia en su país de origen o en España, pueden desarrollar sus proyectos aquí, mientras que la vía natural para que los comisarios españoles lleven a cabo proyectos en América Latina es la AECID, es decir, la cooperación internacional… No sé qué opinas al respecto… ¿Qué se podría hacer para aumentar los intercambios y optimizar esos presupuestos “ideológicos y económicos”?

R. M. La vía del AECID es una vía institucional imprescindible y necesaria para apoyar la circulación cultural entre los dos lados del Atlántico, y sin ese apoyo la distancia entre España y Latinoamérica sería mucho más difícil de salvar. Pero no es la única. El Museo Reina Sofía ha hecho y está haciendo mucho por acortar distancias a través de magníficas exposiciones y la misma feria ARCO ha tenido durante años secciones específicamente dedicadas al arte de Latinoamérica. Desde mi punto de vista, para optimizar esos presupuestos ideológicos y conceptuales se deberían priorizar mayores y más sistemáticos encuentros entre intelectuales y responsables culturales de todas las áreas en cuestión, y la traducción de esos encuentros debería tomar forma en encargos concretos de colaboración.

J. C. También es cierto que, pese a la recuperación parcial de la memoria de los intelectuales españoles exiliados en América Latina, no se puede hablar de un gran interés del mundo cultural español por Iberoamérica. Tú has trabajado con Santiago Sierra, artista español que vive y trabaja en México, justamente la gran excepción a esa posible regla. ¿Cómo observas su obra en ese contexto?

R. M. Para un artista como Santiago Sierra, el “exilio” de su propio país ha sido necesario para poder desarrollar su trabajo. De la misma forma que el salir del contexto pequeño burgués de la Cataluña de principios del siglo XX fue imprescindible para artistas como Miró, Dalí o Picasso, hoy para muchos artistas es necesario abandonar el confort provinciano de sus lugares de origen. Para Sierra, deconstruir las nociones de exilio y colonización ha sido fundamental y, aunque ahora ha retornado a Europa, su discurso estético e ideológico sigue centrándose en las condiciones de explotación de la era del capitalismo global.


* Comisaria independiente y crítica de arte nacida en Soria y residente en Barcelona, España. Dirigió la Bienal de Venecia en 2005, ocupó el puesto de Chief Curator del Istanbul Museum of Modern Art entre 2004 y 2007 y comisarió la exposición “Chacun à son goût” para el décimo aniversario del Museo Guggenheim de Bilbao (2007-2008). www.rosamartinez.com


(Actualización abril-mayo 2010/ BazarAmericano)




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ISSN 2314-1646