julio-agosto 2017, AÑO XI, Nº 62

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Diseño

Paulo Ricci

Caminando alrededor
Finding Vivian Maier, de John Maloof

para Zulma, in memoriam

 

            La figura austera y sobria de Vivian Maier, una mezcla rara de Virginia Woolf proletaria con retrato de Modigliani, me recuerda a alguien. No necesariamente sus rasgos, sus facciones particulares que de a poco vamos descubriendo en imágenes fotográficas que apenas la reflejan en una vidriera retratada, en autorretratos (sí, así se llamaban antes las hermanas aristocráticas de las actuales y banales selfies) o más tarde en breves tramos de filmaciones artesanales en delicioso Super 8, sino sus maneras, su silencio y el gesto adusto que no alcanza a disimular del todo el humor que sus fotos ofrecen. 

Sombra, reflejo, fragmento recortado en un ángulo del encuadre, rostro borroneado en espejos o vidrieras, la figura de Vivian Maier se hace presente en muchas de sus fotografías. Su semblante adusto, su sombra o su silueta aparecen capturados por su inefable Rolleiflex, pero esa presencia nunca es protagónica, sino que siempre está dentro de la escena como un elemento más, reflejada en los múltiples espejos y vidrieras fotografiados, lo que la ubica indefectiblemente en un segundo plano del cuadro, un cuadro dentro de su propio cuadro, que es la fotografía. Así recordaba yo a esa persona, como alguien muy importante para alguien que para mí era importante, pero que para el resto del mundo pasaba desapercibido.

            El documental Finding Vivian Maier, de John Maloof, reconstruye uno de esos hallazgos que la casualidad y el azar a veces regalan y a los que podemos acceder si a esos factores se suma el sujeto indicado en el momento justo. En cierto modo el film puede ser pensado en saga con otras películas recientes (pienso especialmente en Searching for the sugar man, de Malik Bendjelloul y también en Yo no sé qué me han hecho tus ojos, de Lorena Muñoz y Sergio Wolf) que rescatan a figuras ignotas o que cuyo rastro se ha perdido para redescubrir sus obras y biografías con desenlaces inesperados. En el caso de Vivian Maier, obra y vida permanecían en el anonimato hasta el fortuito descubrimiento de un verdadero yacimiento de material fotográfico (100.000 negativos, más de 700 rollos fotográficos a color y de 2000 rollos en blanco y negro sin revelar) que el coleccionista e inesperado albacea John Maloof –ahora también curador y documentalista– adquirió en una subasta pública de la ciudad de Chicago.

La curiosidad y el interés por esas maravillosas fotografías urbanas, tan sensibles como inteligentes, dotadas de un sentido del humor sutil, que permanecían inexplicablemente guardadas y sin ser siquiera reveladas por su autora dio origen y sentido a una verdadera búsqueda detectivesca por parte de Maloof, plasmada en parte en el film, que va detrás de lo poco que se sabe de esa figura a contraluz, esa sombra tan presente como misteriosa. Pero las capas de esta dama tan reservada como especial son muchas y complejas, por lo que ni los envejecidos niños que a lo largo de su vida cuidó y educó en sus muchos trabajos como niñera, las familias con las que vivió o las contadísimas señoras que se pueden llamar sus amigas terminan de develar completamente quién fue, quien era o quien es Vivian Maier.

            Lo que logra ser develado, y el término sí que es pertinente, es la extraordinaria obra fotográfica que Vivian Maier atesoraba y acumulaba en secreto. Ese silencio, esa ausencia de exhibicionismo y prescindencia de reconocimiento público, aunque fuera de sus seres más cercanos, al ser observada desde este presente en el que cada instante, por más banal que sea, cada ínfimo acontecimiento de nuestra cotidianeidad es inmediatamente reproducido y puesto en circulación para que quien fuera que esté allí lo vea, lo comente, lo reproduzca y al instante lo olvide. Esa voluntad silenciosa termina por ser uno de los elementos poéticos más extraordinarios del film. Nos queda entonces repensar, mientras contemplamos las maravillosas fotografías de Vivian Maier, el sentido de los tan célebres como míseros 15 minutos de fama. La Maier no perdió ni un segundo de su vida en perseguirlos, seguramente porque estaba ocupada ajustando las lentes de su cámara para capturar otro instante y atesorarlo para siempre.

            Es esa pasión silenciosa la que me hacía acordar a alguien que alguna vez conocí, una mujer hermosa e inteligente, la mejor amiga de mi madre, que también parecía escapada de un Modigliani, que se dedicó toda su vida a leer, escuchar y perseguir las vidas pasadas de los escritores y compositores que adoraba profundamente, mientras su vida se consumía en la más franciscana austeridad. Estrellas silenciosas de sus propias vidas que tienen poco para mostrar pero mucho, tal vez demasiado, para decir.  Alguna vez, si tengo suerte, quisiera escucharla.

 

 

PD: Una selección de las fotografías de Vivian Maier puede apreciarse en la página web

 

(Actualización mayo - junio 2015/ BazarAmericano)

 

  




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646