marzo-abril 2017, AÑO XI, Nº 60

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Editora

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Columnistas

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Julio Schvartzman

Colaboran en este número

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Santiago Venturini
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/  Mariana Catalin

Rodrigo Montenegro
/  Mariana Catalin

Javier Gasparri
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Silvio Mattoni
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Martín Armada
/  Mario Cámara

Claudio Dobal

Curador de Galerías

Daniel García

Diseño

Mario Ortiz

El bosque de signos
Las palabras, las semillas y el viento

   El primer isologotipo de los diccionarios encicloplédicos “Larousse” fue diseñado en 1876. Representa un yuyo muy común, el diente de león, con su corona esponjosa de semillas, casi un panadero. La inscripción expresa el lema de Pierre Larousse (1817– 1875): “Je sème à tout vent”: siembro a los cuatro vientos. Las palabras-semillas vuelan desprendidas hacia la retina mental del lector.

   En 1890 el ilustrador Eugène Grasset, siguiendo la idea de Georges Moreau (cofundador de la editorial), modificó ligeramente el logo y le agregó una mujer muy art nouveau, conocida como “la semeuse”, la sembradora. En el primer diseño, el yo (je) que habla es el propio viento que agita al yuyito inmóvil. Así lo escribió Pound en el tristísimo canto CXX: “Do not move /   Let the wind speak / that is paradise.” No te muevas; dejá que el viento hable.” Las semillitas se van más allá de la esfera marcada por la plata y el texto.  En el segundo logo hay una acción deliberada, una causa eficiente: La mujer que asoma entre la L, La Letra.

   Acción humana, acción meteorológica. Movimiento natural o movimiento violento pensaría Aristóteles en su Física.  Ambos logos son complementarios: en cada uno hay algo significativo.

    Ese mismo yuyito lo encontré en el patio y el jardín de mi casa. Da unas hermosas flores amarillas. Leo por allí que el diente de león (Taraxacum officinale) es comestible. Arranco una hojita y la pruebo. Tiene gusto a achicoria.

 

 ¿En tu cabeza brotan ideas, palabras esponjosas?

 

   

(Actualización julio - agosto 2014/ BazarAmericano)




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646